En un pequeño pueblo rodeado de árboles verdes y flores amarillas, vivía una familia muy especial, conocida por todos como la familia Arcoíris. Ellos eran Papá Rojo, Mamá Amarilla y sus dos hijos, Rosa y Verde. Un día soleado, decidieron dar un paseo por el bosque cercano a su casa. El canto de los pájaros y el susurro del viento en las hojas creaban una melodía perfecta para una tarde de aventura.
Mientras caminaban, Rosa, siempre curiosa y aventurera, notó algo entre los árboles que llamó su atención.
—¡Mirad esa casa, parece misteriosa! —exclamó señalando hacia una estructura antigua que se erguía entre los árboles.
Verde, con su usual entusiasmo por las aventuras, saltó de emoción.
—Sí, ¡será divertido explorarla! ¿Podemos, papá?
Papá Rojo, siempre cauteloso pero indulgente, dudó un momento.
—No estoy seguro, podría ser peligroso…
Pero los ruegos de Rosa y Verde, que resonaron al unísono —»Por favor, papá…»—, lo hicieron sonreír.
—Bueno… Pero solo si lo hacemos juntos —concedió finalmente.
La familia Arcoíris se acercó a la casa abandonada. La madera de la puerta crujía bajo el peso de los años y las ventanas, empañadas por el tiempo, apenas dejaban pasar la luz del sol. Al abrir la puerta, un pasillo oscuro y escalofriante les dio la bienvenida.
—¡Qué oscuro está aquí dentro! —dijo Rosa, agarrando la mano de Verde.
—No tengas miedo, Rosa. Estoy aquí contigo —respondió Verde, tratando de sonar más valiente de lo que se sentía.
Mamá Amarilla, siempre la voz de la razón, añadió:
—Chicos, recordad que es importante que estemos juntos y explorar con cuidado.
Con valentía, la familia avanzó por el pasillo y entró en una habitación enorme, llena de muebles viejos y polvorientos. El aire estaba cargado de un olor a madera vieja y secretos olvidados. De repente, un ruido extraño rompió el silencio.
—¡CCCRRRRREEEEEKKKK!
—Parece que el ruido viene de abajo. ¿Deberíamos investigar? —preguntó Mamá Amarilla, con un tono de preocupación.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.