En un brillante y cálido día, en el bosque encantado, donde los árboles susurraban canciones alegres y los pájaros volaban en círculos de colores, vivía un pequeño y curioso pajarito llamado Colorito. Él no era un pajarito común, pues tenía plumas de todos los colores que te imagines. Su pecho era de un azul profundo, sus alas eran amarillas como el sol, y su colita, de un rojo vibrante que brillaba en la luz del día. Colorito disfrutaba de volar de árbol en árbol, explorando cada rincón de su hogar.
Un día, mientras volaba por el bosque en busca de nuevas aventuras, se encontró con un gran arcoíris que se formaba después de una ligera lluvia. Los colores eran tan vivos y hermosos que Colorito decidió que tenía que acercarse más. Al volar hacia el arcoíris, sintió una emoción burbujeante en su corazón. «¿Qué pasará si sigo el arcoíris?», pensó Colorito. «Quizás al final encuentre un tesoro o algo mágico».
Así que, con un brillo de determinación en sus ojos, comenzó a seguir el camino de colores que se extendía en el cielo. Voló y voló, pasando sobre ríos de agua cristalina y praderas llenas de flores. Pero, de repente, un gran trueno retumbó en el cielo. Colorito se asustó un poco, pero su curiosidad era más fuerte que su miedo. Decidió que no iba a detenerse, al contrario, iba a ir más rápido.
Mientras seguía su vuelo, se dio cuenta de que no estaba solo en su aventura. A su lado volaba una hermosa mariposa llamada Lila, que tenía alas de un púrpura brillante y un destello dorado en los bordes. Lila era amiga de Colorito y estaba muy emocionada de volar junto a él. «¿A dónde vamos, Colorito?», le preguntó. «¡Estoy siguiendo el arcoíris!», respondió Colorito emocionado. Lila sonrió y decidió unirse a la aventura.
Juntos, los dos amigos volaron alto, disfrutando del viento en sus caras y de la belleza del bosque que dejaban atrás. Al poco tiempo, se encontraron con un pequeño conejo llamado Brincador, que estaba sentado al borde de un camino lleno de flores. Brincador era un conejo muy juguetón, y siempre estaba buscando nuevas formas de divertirse. Cuando vio a Colorito y a Lila, saltó hacia ellos. «¿A dónde van volando tan rápido?», preguntó con sus grandes ojos curiosos.
«Estamos siguiendo el arcoíris para ver qué hay al final», explicó Colorito. «¿Quieres venir con nosotros?», le ofreció Lila entusiasmada. Brincador, que siempre estaba listo para una aventura, no dudó ni un segundo. «¡Claro que sí! ¡Vamos juntos!», exclamó. Y así, los tres amigos continuaron su camino, riendo y compartiendo historias sobre sus aventuras anteriores.
Mientras continuaban volando, se dieron cuenta de que el cielo se oscurecía poco a poco. Colorito miró hacia arriba y vio nubes grises que se acercaban rápidamente. «Oh no, parece que va a llover de nuevo», comentó Brincador. «No podemos dejar que eso nos detenga», dijo Lila con valor. «El arcoíris aparece después de la lluvia, así que solo debemos mantenernos en camino».
Los tres amigos decidieron continuar, transitando por el aire mientras algunas gotas comenzaban a caer. Colorito voló delante, Lila lo siguió de cerca, y Brincador saltaba enérgicamente por el suelo, tratando de no mojarse demasiado. Cuando la lluvia comenzó a caer con más fuerza, encontró refugio bajo un gran árbol donde las hojas creaban un techo natural que los protegía. Se acurrucaron allí y comenzaron a contar historias.
«Una vez conocí a una tortuga muy sabia», comenzó Colorito. «Ella siempre decía que la vida es como un vuelo, a veces habrá tormentas, pero siempre vendrá el sol de nuevo», continuó. «Y ahí aparecerá el arcoíris». Los amigos escucharon atentamente, y pronto, la lluvia comenzó a parar. Colorito, Lila, y Brincador esperaron un momento para asegurarse de que había pasado el aguacero.
Una vez que la lluvia cesó, un rayo de sol apareció en el horizonte, iluminando el cielo. Los amigos miraron hacia arriba y vieron que el arcoíris se formaba en los cielos oscuros. Era el más hermoso que jamás habían visto. La emoción llenó sus corazones. «¿Vieron eso? ¡El arcoíris!», exclamó Lila.
«Sigamos adelante, ya casi llegamos», dijo Colorito mientras volaba más alto. Brincador se unió a ellos, saltando emocionado, y juntos continuaron siguiendo el colorido arcoíris que parecía guiarlos hacia un misterioso lugar.
Finalmente, llegaron a un claro en el bosque, y allí, al final del arcoíris, había un hermoso lago de aguas claras como el cristal. En el lago, los colores del arcoíris reflejaban el agua, y parecía que estaban dentro de un cuadro mágico. Colorito, Lila y Brincador se quedaron sin aliento al ver tal belleza. «¡Es un lugar mágico!», dijo Brincador mientras saltaban de alegría.
Colorito se acercó al agua y, al mirarse en el reflejo, notó que, por un momento, las plumas de todos los colores brillaban aún más intensamente. Entonces, un pequeño pez dorado, que nadaba cerca de la orilla, se acercó y dijo: «Bienvenidos al Lago de los Sueños. Aquí todos los colores se encuentran con la alegría». Los amigos se miraron emocionados. «¿Podemos jugar aquí?», preguntó Lila. El pez dorado asintió y los invitó a unirse a su juego en el agua.
Y así, pasaron el día jugando, riendo y disfrutando de cada instante en ese lugar mágico bajo el sol radiante. Aprendieron que la aventura no solo estaba en el destino, sino en el camino recorrido y en la compañía de buenos amigos. Cuando el sol comenzó a ponerse, colorido y radiante como su vuelo, Colorito, Lila y Brincador se dieron cuenta de que, aunque su aventura había terminado por hoy, siempre habría nuevas historias por contar y nuevos sueños por descubrir.
Así, regresaron a casa con el corazón lleno de alegría y una sonrisa en el rostro, sabiendo que los momentos compartidos juntos eran el verdadero tesoro. Y desde ese día, cada vez que veían un arcoíris, recordaban su gran aventura y sonreían, con la certeza de que siempre hay más aventuras esperándolos en el horizonte.
Cuentos cortos que te pueden gustar
Onari y la Gran Aventura en el Bosque
José y el Sendero Mágico
El Mundo Secreto de Gabriel y Omara
Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.