Había una vez, en una tierra muy lejana, tres monstruos que vivían juntos y eran los mejores amigos del mundo. Aunque eran muy diferentes, siempre se divertían y se ayudaban en todo. Sus nombres eran Randy, Gappa y Megalon.
Randy tenía una cabeza cuadrada, con un ojo justo en el centro de la cara y una boca que se encontraba en la parte superior derecha de su cabeza. Sus manos tenían cinco dedos puntiagudos, y lo más curioso de él era que tenía dos pies muy diferentes: uno como el de un humano y el otro con cinco dedos afilados, como si fueran pequeñas garras. A veces, Randy se reía de sí mismo cuando caminaba, porque siempre parecía que iba a tropezar.
Gappa era un monstruo muy especial. Tenía una sola cabeza, pero con tres ojos que siempre estaban atentos a todo lo que pasaba a su alrededor. Lo más gracioso de Gappa eran sus orejas: tenía cuatro, y todas tenían formas diferentes. Una era triangular, otra cuadrada, una más era redonda, y la última tenía forma de estrella. Sus manos también eran curiosas: una tenía ocho dedos y la otra solo cuatro. Sus pies no se quedaban atrás, uno tenía doce dedos y el otro solo cinco. A veces, Gappa se ponía a contar sus dedos para no confundirse, ¡y eso hacía reír a sus amigos!
El tercero de los amigos era Megalon, el más grande de todos. Megalon tenía dos cabezas, y en cada una de ellas solo un ojo que miraba con curiosidad todo lo que lo rodeaba. Además, tenía un ojo más grande en su barriga. A Megalon le encantaba hacer bromas, moviendo sus tres pies que parecían aletas y mostrando sus tres manos, cada una con una cantidad diferente de dedos: una con ocho, otra con tres y la última con cinco.
Un día soleado, los tres amigos decidieron salir a explorar el bosque cercano. Siempre habían escuchado historias de que había lugares maravillosos por descubrir, y los tres estaban emocionados por la aventura que les esperaba.
—¡Vamos, Randy! —gritó Gappa mientras saltaba en un pie—. ¡No podemos esperar más!
Randy, siempre sonriente, los alcanzó rápidamente, y juntos comenzaron a caminar entre los árboles altos y verdes. El bosque era muy bonito, lleno de flores de colores, ríos que cantaban y mariposas que volaban alegremente alrededor de ellos.
Después de caminar un buen rato, llegaron a un claro en el bosque. En el centro del claro había un gran lago azul, con aguas tan limpias que podían ver los peces nadando en el fondo. Los tres amigos se miraron y sonrieron al mismo tiempo.
—¡Es perfecto! —dijo Megalon con sus dos cabezas moviéndose a la vez.
—¡Vamos a nadar! —gritó Gappa emocionado, quitándose sus zapatos para meter los pies en el agua.
Los tres monstruos se lanzaron al lago y empezaron a chapotear y jugar. El agua estaba fresca y agradable. Mientras nadaban, Randy notó algo brillante en el fondo del lago. Se zambulló para investigar y, cuando salió a la superficie, tenía una concha dorada en la mano.
—¡Miren lo que encontré! —dijo Randy mostrando su descubrimiento.
—¡Es hermosa! —exclamó Gappa, acercándose a la concha con sus tres ojos bien abiertos.
—Debe ser mágica —dijo Megalon, acercando sus dos cabezas para observarla mejor—. Deberíamos guardarla como recuerdo de nuestra aventura.
Todos estuvieron de acuerdo, y Randy guardó la concha en su bolsillo. Después de nadar un poco más, los tres amigos decidieron que era hora de regresar a casa. Mientras caminaban de vuelta por el bosque, comenzaron a hablar sobre lo que más les gustaba de ser amigos.
—A mí me gusta que siempre estamos juntos —dijo Randy—. No importa lo diferentes que seamos, siempre nos apoyamos.
—¡Es verdad! —dijo Gappa mientras jugaba con una mariposa que volaba cerca de sus orejas—. Me encanta que podemos reírnos y divertirnos, aunque a veces no entendamos todo.
—Y yo creo que somos el mejor equipo del mundo —dijo Megalon con una sonrisa—. ¡Juntos podemos hacer cualquier cosa!
Mientras hablaban, se dieron cuenta de que no importaba lo extraños que pudieran parecer a otros. Para ellos, lo más importante era la amistad y el cariño que se tenían. Aunque tenían diferentes formas, tamaños y habilidades, cada uno aportaba algo único al grupo.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.