Alice siempre había sido una gran admiradora de las series animadas, especialmente de esa sobre un pequeño pueblo llamado South Park. Pero nunca imaginó que su pasión la llevaría a vivir una aventura tan inusual y emocionante como la que estaba a punto de experimentar.
Era un viernes por la tarde y Alice estaba sentada en su sofá, los brazos cruzados y una sonrisa de anticipación decorando su rostro mientras el último episodio de su serie favorita comenzaba. De repente, un destello brillante inundó la pantalla de su televisor, forzándola a protegerse los ojos con las manos. Cuando la luz se disipó y Alice se atrevió a mirar de nuevo, no podía creer lo que veían sus ojos.
Allí, justo en su sala, estaban Stan, Kyle, Cartman y Kenny; los cuatro chicos principales de South Park. Estaban tan sorprendidos y confundidos como ella, mirándola fijamente, como tratando de entender cómo habían pasado de su pequeño pueblo en la pantalla a este mundo real y tridimensional.
Alice parpadeó varias veces, pensando que tal vez estaba soñando. Pero los chicos estaban realmente allí, en carne y… bueno, en su versión animada. Sin saber exactamente qué hacer pero decidida a cuidar de ellos, Alice los invitó a sentarse en el sofá mientras intentaba procesar lo sucedido.
«¿Están… están bien? ¿Necesitan algo?», preguntó Alice, aún incrédula.
«Creo que una explicación sería un buen comienzo,» respondió Kyle, mirando a su alrededor con curiosidad.
Alice asintió, aún perpleja. «Están en mi casa, en el mundo real. No sé cómo sucedió esto, pero mientras descubrimos cómo regresarlos, haré todo lo posible por ayudarlos.»
Los días siguientes fueron un torbellón de actividad. Alice les mostró cómo funcionaba todo en su casa, desde la ducha hasta la cocina. Les preparó comidas que nunca habían probado en su mundo bidimensional y les ofreció su cama para dormir, mientras ella tomaba el sofá.
Mientras tanto, en la universidad, Alice intentaba mantener su vida normal, aunque su mente estaba constantemente preocupada por sus inesperados huéspedes. Les contó a sus amigos más cercanos sobre los chicos, asegurándose de que su secreto estuviera seguro con ellos.
Por su parte, los chicos de South Park se adaptaron curiosamente bien al mundo real. Fueron con Alice a la escuela algunos días, escondidos bajo gorros y capuchas, maravillándose de todo lo que veían y aprendiendo rápidamente cómo interactuar con un mundo que era completamente nuevo para ellos.
Sin embargo, a medida que pasaban los días, comenzaron a extrañar profundamente a sus familias y amigos en South Park. Alice lo notó y, aunque le entristecía pensar en dejarlos ir, sabía que era lo correcto. Empezó a investigar, leyendo libros de ciencia y magia, hablando con expertos en fenómenos inexplicables, buscando cualquier cosa que pudiera darles una pista sobre cómo devolver a los chicos a su hogar.




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