Cuentos de Aventura

Un Viaje al Mundo de los Unicornios

Lectura para 8 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Érase una vez, en un pequeño y tranquilo pueblo, dos hermanas, Natalia y Ainhoa, que compartían una pasión por las historias de criaturas mágicas y mundos encantados. Natalia, con solo seis años, admiraba a su hermana mayor Ainhoa, de diez años, especialmente cuando le leía cuentos en su acogedora habitación, rodeadas de juguetes y libros ilustrados.

Un día lluvioso de otoño, mientras el viento susurraba secretos a través de las hojas caídas, las hermanas descubrieron un viejo y polvoriento libro en el desván de su casa, cubierto de dibujos de unicornios y bosques encantados. Fascinadas, comenzaron a leer sobre el Maravilloso Mundo de los Unicornios, un lugar donde la felicidad nunca cesaba y los colores brillaban más que en cualquier otro sitio. Mientras Ainhoa narraba las aventuras de Tays, el valiente jefe unicornio, un destello de luz envolvió la habitación, y con un pequeño ¡Ploff!, se encontraron de repente dentro del libro.

El mundo al que llegaron era aún más hermoso de lo que habían imaginado. Árboles con hojas de colores vibrantes, flores que cantaban melodías dulces, y un cielo azul pintado con pinceladas de nubes blancas. Allí, frente a ellas, estaba Tays, un majestuoso unicornio con una melena arcoíris y ojos llenos de sabiduría.

Tays les explicó que necesitaba su ayuda urgentemente. Gominolo, un dragón que solía ser alegre pero que había sido corrompido por la tristeza y el rencor, amenazaba con llenar el bosque de colores grises y robar la alegría de todos sus habitantes. Junto a ellas estaban sus leales compañeros, los perros Tuno y Rubius, y el peluche Jirafita, que en este mundo mágico cobró vida y se convirtió en su guía.

Después de escuchar la situación, las niñas, armadas con valentía y una determinación inquebrantable, idearon un plan para devolver al dragón Gominolo a su antiguo yo. Con la ayuda de Tuno y Rubius, que distraían al dragón con juegos y trucos, y los consejos sabios de Jirafita, lograron acercarse a Gominolo. Ainhoa, usando su conocimiento sobre las historias de redención que tanto le gustaba leer, habló con el dragón sobre la importancia de los colores, la alegría y la amistad.

Con palabras sinceras y el corazón abierto, las hermanas hicieron que Gominolo recordara los días cuando él mismo era parte de la alegría del bosque. Lágrimas de colores brotaron de los ojos del dragón mientras pedía perdón a Tays y a todos los seres del bosque. Agradecido y aliviado, prometió proteger el bosque y sus colores para siempre.

Las hermanas, después de asegurarse de que la paz había sido restaurada, se despidieron de sus nuevos amigos. Tays, en agradecimiento, les ofreció la oportunidad de visitar el Maravilloso Mundo de los Unicornios siempre que lo desearan, simplemente leyendo el libro y creyendo en la magia.

Natalia y Ainhoa regresaron a su hogar, apareciendo de nuevo en su habitación como si solo un segundo hubiese pasado desde su partida. Con corazones llenos de alegría y ojos brillantes de aventura, sabían que siempre tendrían un lugar especial donde su valentía y amistad podrían hacer la diferencia.

Desde aquel día, el libro se convirtió en su tesoro más preciado, no solo por las historias que contenía, sino por la promesa de nuevas aventuras. Y así, las hermanas aprendieron que, juntas, con astucia, bondad e inteligencia, eran verdaderamente invencibles. Trabajando juntas, no solo enfrentaron al dragón Gominolo, sino que también se aseguraron de que el Maravilloso Mundo de los Unicornios permaneciera un lugar lleno de color y alegría.

Con cada visita al libro, descubrían nuevos rincones del bosque y aprendían lecciones valiosas sobre la amistad y la esperanza. Ainhoa y Natalia se convirtieron en guardianas honorarias de este reino mágico, ayudando a resolver pequeños conflictos y enseñando a otros seres mágicos la importancia de compartir y cuidarse mutuamente.

Un día, decidieron llevar a sus padres al mundo mágico para mostrarles el lugar que tanto habían influenciado sus vidas. Al principio, sus padres pensaron que todo era parte de un juego imaginativo de las niñas, pero al ver la magia del libro y cómo las palabras se transformaban en realidad, quedaron maravillados. Vieron cómo sus hijas, con ayuda de sus amigos mágicos, enseñaban a un grupo de jóvenes unicornios a pintar el cielo al atardecer con pinceladas de colores cálidos.

Este acto, tan simple pero poderoso, transformó también a sus padres, quienes aprendieron a apreciar aún más la creatividad y el espíritu aventurero de sus hijas. La familia comenzó a valorar más los momentos juntos, leyendo y compartiendo historias, cada uno contribuyendo con su propio giro imaginativo.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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