Había una vez una pequeña bruja llamada Candy. Ella no era como las demás brujas. A ella no le gustaba hacer travesuras ni hechizos complicados. Lo que más le gustaba era jugar, correr y, sobre todo, ¡los dulces! Tenía una escoba mágica, pero la usaba para volar solo cuando quería ir muy rápido a la tienda de caramelos.
Un día, mientras Candy paseaba por el bosque, encontró una bolsita mágica en el suelo. Al abrirla, ¡estaba llena de dulces brillantes! Ella emocionada, tomó uno y se lo comió. De repente, algo muy curioso ocurrió: el cielo comenzó a oscurecerse, pero no de manera aterradora, sino como si la noche llegara para jugar con ella. El viento susurraba suavemente, y las estrellas parecían brillar con más fuerza.
«¡Oh! ¿Qué está pasando?» se preguntó Candy, mirando alrededor.
De pronto, una voz suave salió de los árboles. Era el espíritu del bosque, un ser muy amable que cuidaba de todos los animales y plantas. «Candy, has encontrado la bolsita de los Dulces Mágicos. Esta bolsita es muy especial. ¿Sabes por qué?»
Candy negó con la cabeza, muy curiosa.
«Los dulces que comiste son especiales porque traen alegría y juegos a todos los niños del mundo. Cuando cae la noche, con estos dulces, los niños pueden salir a pedir caramelos, disfrazarse de lo que quieran y divertirse sin miedo. ¡Esta es la Noche de los Dulces!»
Candy sonrió. «¿Significa que puedo compartir estos dulces con todos los niños y que ellos también podrán disfrutar de esta noche mágica?»
«Exactamente», respondió el espíritu del bosque. «Pero hay algo más. Tú serás la encargada de hacer que esta tradición continúe todos los años. Cada vez que llegue esta noche mágica, la noche de Halloween, tú serás la bruja encargada de repartir la magia de los dulces.»
A Candy le encantó la idea. ¡Qué emocionante sería ver a todos los niños del mundo disfrutando de la noche y pidiendo caramelos! Desde ese día, Candy se dedicó a preparar la Noche de los Dulces cada año. Se aseguraba de que hubiera suficiente magia en los dulces para que todos los niños pudieran divertirse, disfrazarse y, sobre todo, reír y jugar.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.