Cuentos de Brujas

La Noche de las Tres Lenguas

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Era la noche del 31 de octubre, una noche en la que todo parecía mágico y un poco misterioso. La lluvia caía suavemente sobre el pequeño pueblo donde vivía Scarlett Hoover, una mujer de 36 años que trabajaba como bibliotecaria en la biblioteca del pueblo. Scarlett siempre había sido una persona curiosa y amante de los libros antiguos, pero esa noche estaba a punto de descubrir algo que cambiaría su vida para siempre.

Mientras organizaba un cajón olvidado en el rincón más polvoriento de la biblioteca, Scarlett encontró un libro muy antiguo, cubierto de polvo y con una tapa de cuero desgastada. Al abrirlo, vio que era un libro de pócimas y hechizos. Lo que más le llamó la atención fue la edad del libro, porque en la primera página aparecía el año 1764 escrito con letras doradas. Pero lo que realmente le intrigó fue que las páginas estaban escritas en tres idiomas diferentes: inglés, árabe y una lengua extraña que parecía un latín muy antiguo, una lengua que ella nunca había visto antes y que parecía casi impronunciable.

Scarlett, que siempre había sentido una fascinación especial por los idiomas, trató de entender algunas palabras. Aunque muchas eran difíciles, lograba reconocer algunas frases en inglés y árabe, y casi sin darse cuenta, comenzó a repetir en voz baja uno de los hechizos escritos en ese idioma tan extraño. La frase sonaba suave pero poderosa, y cuando la dijo, Scarlett sintió un cosquilleo extraño en las manos, como si algo dentro de ella comenzara a cambiar.

Esa noche, cuando regresó a su casa, no podía dejar de pensar en aquel libro. Le parecía imposible, pero sentía que algo dentro de ella había despertado al pronunciar esas palabras. Durante los días siguientes, Scarlett notó que pequeños cambios iban apareciendo en su vida cotidiana. Por ejemplo, sus plantas en casa parecían crecer más rápido y sanas, y en el trabajo, encontraba fácilmente los libros más difíciles sin siquiera buscarlos bien. Sin embargo, Scarlett se sentía confundida y un poco preocupada, porque empezaba a sospechar que ella, a su edad, podía ser una bruja. Pero no una bruja cualquiera, sino una bruja que no hacía daño a nadie y que guardaba el secreto con mucho cuidado, especialmente en sus días laborales, para que nadie descubriera su pequeño misterio.

Un día de trabajo, mientras organizaba las estanterías, uno de sus compañeros de la biblioteca, un joven llamado Ethan, se acercó con curiosidad. Ethan siempre había estado interesado en lo desconocido y había escuchado rumores sobre aquellas historias de brujas y magia que a veces contaban los abuelos del pueblo, así que se atrevió a preguntarle a Scarlett si creía en esas cosas. Scarlett, sonriendo con un poco de nerviosismo, decidió confiar en él un poco.

—Ethan —le dijo—, hace poco encontré un libro muy antiguo, con hechizos escritos en idiomas que no entiendo del todo, pero que he empezado a leer en voz alta. No sé cómo explicarlo, pero siento que algo en mí está cambiando. No tengo miedo y no quiero lastimar a nadie, pero creo que… tal vez soy una bruja.

Ethan la miró con asombro y admiración.

—¡Eso es increíble, Scarlett! —exclamó—. Si realmente tienes magia, ¿por qué no intentas usarla para ayudar a los demás? A veces, la magia puede ser algo bueno, si se usa con sabiduría.

Scarlett pensó en las palabras de Ethan y se sintió alentada. Comenzó, poco a poco, a practicar algunos hechizos sencillos y a hacer pequeñas pócimas que mejoraban la vida de las personas a su alrededor de manera discreta. Curó las flores de la vecina que estaba enferma, ayudó a un niño con dolor de cabeza a recuperarse rápidamente y hasta organizó el desorden en la biblioteca con solo un movimiento de la mano, aunque siempre con cuidado de que nadie lo notara.

Sin embargo, la magia también traía algunas dificultades. A veces, cuando intentaba hablar en aquella lengua antigua y difícil, sus palabras se mezclaban y sentía que se distanciaba un poco de su vida normal. Era como si una parte de ella hablara otro idioma, uno que solo podía comprender con corazón abierto. Scarlett tenía miedo de que alguien descubriera su secreto, así que mantenía siempre la calma en el trabajo y era muy puntual con sus tareas, para que nadie sospechara nada extraño.

Una noche, intentando aprender mejor el idioma raro del libro, Scarlett pronunció sin darse cuenta una frase más poderosa. Fue entonces cuando sintió que una fuerza la envolvía, una energía cálida que no le producía miedo, sino seguridad y paz. En ese momento comprendió algo muy importante: su magia no venía de un lugar oscuro ni era algo para temer, sino que era parte de ella, algo especial que la hacía única, y que podía usar para hacer el bien.

Pasaron las semanas, y Scarlett ya no tenía miedo. Se mostraba más feliz y confiada, y aunque mantenía su vida diaria como cualquier persona, sabía que dentro de sí había un poder muy especial. Sabía que ser bruja no significaba hacer daño, sino entender la magia que existe en la naturaleza, en las palabras antiguas y en el corazón.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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