Cuentos de Ciencia Ficción

Cumpleaños Estelar: Un Sueño que Tocó la Luna

Lectura para 10 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Oni siempre había soñado en grande. Desde pequeño, le fascinaban las estrellas, los planetas y todo lo que tuviera que ver con el espacio. Cada noche, antes de dormir, se asomaba por la ventana de su habitación para mirar la luna, esa esfera brillante y misteriosa que parecía contarle secretos a través de su luz plateada. Para su décimo cumpleaños, Oni tenía una idea que para muchos podría parecer una locura, pero para él era el proyecto más emocionante del mundo: quería celebrar su cumpleaños en la luna.

El día que cumplió diez años, reuniendo a sus mejores amigos, les contó su plan lleno de emoción y esperanza. Sus amigos eran personajes muy especiales: Aswang, con su tremenda energía y creatividad para las manualidades; Vex, que era un verdadero maestro en la cocina y siempre traía la torta perfecta para cualquier celebración; y Dullahan, el mejor amigo de Oni desde siempre, conocido por su sentido del humor irónico y su risa fuerte.

—¡Oni! —exclamó Aswang con los ojos brillantes—, eso es increíble. ¡Nunca había oído algo así! Celebrar un cumpleaños en la luna. ¿De verdad quieres hacer eso?

—Claro que sí —respondió Oni con una sonrisa—. Quiero que sea un cumpleaños diferente, uno que nunca olvidemos.

Vex asentía con entusiasmo y dijo:

—Yo puedo llevar la torta para cuando lleguemos. Haré una con sabor a chocolate y estrellas de caramelo.

Sin embargo, Dullahan se rió abiertamente y comentó con tono burlón:

—Eso es imposible. ¿Quién podría viajar a la luna para celebrar un cumpleaños? Eso solo pasa en las películas, Oni.

Oni sintió un poco de tristeza por la risa de Dullahan, pero no dejó que eso apagara su ilusión. Sabía que en su corazón, si se lo proponía, podría lograr cosas increíbles. Y, con ayuda de Aswang y Vex, comenzó a hacer planes.

Durante semanas, en el garaje de su casa, los tres trabajaron en secreto. Oni quería construir un cohete espacial, y aunque no tenían los materiales ni las habilidades de los ingenieros de la NASA, usaron su creatividad y muchas ganas para armar algo especial. Recolectaron tubos grandes de cartón duro, láminas de metal que encontraron en un viejo cobertizo, botones de diferentes tamaños y luces que parpadeaban. Pintaron el cohete con colores brillantes, lo decoraron con estrellas y planetas recortados, e hicieron hasta una pequeña cabina para que pudiera entrar alguien.

Aswang se encargó de preparar la decoración para la luna, imaginando cómo sería el lugar perfecto para la fiesta: globos plateados que parecían planetas, guirnaldas con formas de cometas y reflectores que simulaban el brillo de las estrellas. Vex, mientras tanto, se ocupó de la torta, que decoró con un espacio hecho de azúcar y crema, con pequeños cohetes de chocolate y la figura de un astronauta en la cima.

Dullahan, aunque seguía riéndose, se fue enterando poco a poco de lo que estaban haciendo y comenzó a sentir una mezcla de curiosidad y envidia. Cómo era posible que Oni y sus amigos tuvieran tanta confianza y que él, que era su mejor amigo, no estuviera siendo parte de esa aventura. Pero no lo dijo en voz alta, solo guardó silencio.

Finalmente, llegó el gran día. El cohete estaba listo para despegar. Oni, Aswang y Vex se pusieron sus cascos de astronauta que habían hecho con cartón y papel aluminio, y subieron con cuidado a la cabina. Oni parecía un verdadero piloto espacial. Aswang llevó todas las decoraciones en bolsas especiales, y Vex cargaba con la torta envuelta cuidadosamente para que no se arruinara durante el viaje.

Mientras se acomodaban en el cohete, Oni miró hacia afuera y vio a Dullahan parado frente al garaje, con los brazos cruzados y una expresión seria en el rostro.

—¿No vas a venir? —preguntó Oni, un poco triste.

Dullahan bajó la cabeza y respondió:

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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