Hace mucho, mucho tiempo, en un futuro lejano, la Tierra era un lugar diferente. Los seres humanos habían construido grandes ciudades llenas de tecnología increíble, y los cielos estaban cruzados por naves espaciales que volaban a otros planetas. Todo parecía perfecto, hasta que un día, una sombra oscura cubrió el cielo. Un poderoso dios malvado llamado Destructor había llegado a la Tierra.
Destructor era temido en todos los rincones del universo. Dondequiera que iba, dejaba un rastro de destrucción. Su objetivo era claro: llevar la Tierra a su destrucción. Los océanos comenzaron a secarse, los bosques se marchitaron, y las ciudades, una por una, cayeron bajo su poder. Nadie podía detenerlo. La gente intentó huir, pero no había lugar seguro.
Entre todo el caos, había un niño llamado Draco. Era el último humano que quedaba en pie. Su familia y amigos habían desaparecido, y su hogar ya no existía. Pero Draco no estaba solo. Tenía a su fiel compañera, Alice, una pequeña robot que su padre le había construido antes de que todo se desmoronara. Alice era muy inteligente y tenía un corazón tan grande como el de cualquier humano.
Draco y Alice vagaban por lo que quedaba de la Tierra, buscando refugio, pero sabían que no podrían escapar de Destructor para siempre. Un día, mientras descansaban en una cueva, Alice detectó una extraña señal. «Draco», dijo con su voz metálica pero dulce, «hay algo aquí. Algo poderoso.»
Siguiendo la señal, llegaron a un viejo laboratorio subterráneo. Dentro, encontraron una máquina extraña. Era un portal, una puerta a otro mundo. Alice, con sus conocimientos, explicó que este portal podría llevarlos a un lugar seguro, un mundo donde Destructor no podría alcanzarlos.
Pero antes de que pudieran activar el portal, Destructor los encontró. Su sombra oscura llenó la cueva, y su voz resonó como un trueno. «No hay escapatoria para ustedes, pequeños mortales», dijo Destructor, acercándose lentamente.
Draco, asustado pero decidido, sabía que debía hacer algo. «Alice, ¿puedes activar el portal?», preguntó con urgencia.
Alice trabajó tan rápido como pudo, conectando cables y activando la máquina. «Necesito más tiempo», respondió Alice.
Destructor estaba cada vez más cerca, y Draco podía sentir su poder aplastante. Pero no iba a rendirse. Draco recordó lo que su padre siempre le decía: «El coraje no es la ausencia de miedo, es la decisión de seguir adelante a pesar del miedo». Con eso en mente, Draco se paró frente a Destructor.
«¡No dejaré que destruyas todo lo que queda de la Tierra!», gritó Draco con todas sus fuerzas.
Destructor se rió, una risa profunda y malvada. «¿Tú? ¿Un simple niño se atreve a enfrentarse a mí?»
Pero antes de que Destructor pudiera atacar, el portal se activó. Una luz brillante llenó la cueva, y Alice gritó, «¡Ahora, Draco!»
Sin pensarlo dos veces, Draco corrió hacia el portal, con Alice flotando a su lado. Justo cuando Destructor intentó atraparlos, ellos saltaron a través de la luz y desaparecieron en un destello cegador.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.