En octubre de 1972, un avión uruguayo despegó con destino a Chile, llevando a bordo un grupo de jóvenes llenos de sueños y esperanzas. Entre ellos se encontraban Roberto Canessa, Fernando Parrado, Álvaro Mangino, Roy Harley y Numa Turcatti, cinco amigos inseparables que compartían la pasión por el rugby. Sus risas y charlas animadas llenaban la cabina mientras volaban sobre la majestuosa cordillera de los Andes.
Sin embargo, la alegría pronto se tornó en terror cuando el avión encontró una feroz tormenta de nieve. Los fuertes vientos y la nula visibilidad hicieron que el piloto perdiera el control de la aeronave. Con un estruendo ensordecedor, el avión se estrelló contra las imponentes montañas. La nave se partió en varios pedazos y muchos de los pasajeros murieron en el impacto. Los que sobrevivieron se encontraron atrapados en un paraje inhóspito y helado, rodeados de cumbres nevadas y sin posibilidad de ser rescatados de inmediato.
Roberto, Fernando, Álvaro, Roy y Numa, junto con los demás sobrevivientes, se enfrentaron a una situación desesperada. Sin comida ni ropa adecuada para el frío extremo, tuvieron que encontrar la manera de sobrevivir en un entorno brutal. El hambre y la hipotermia se convirtieron en sus constantes compañeras, y pronto se dieron cuenta de que su única esperanza era ayudarse mutuamente.
—Tenemos que mantenernos juntos y no perder la esperanza —dijo Roberto con determinación, mientras ayudaba a sus amigos a construir un refugio improvisado con los restos del avión.
Fernando, que había perdido a su madre y a su hermana en el accidente, se aferró a la esperanza de que podrían sobrevivir. Con su espíritu indomable, alentó a los demás a mantenerse fuertes y a no rendirse.
—No importa lo difícil que se ponga, encontraremos la manera de salir de aquí —dijo, mirando a sus amigos con determinación.
Los días pasaron lentamente y las condiciones no mejoraban. Los sobrevivientes se enfrentaban a temperaturas extremadamente bajas, y cada día que pasaba, su situación se volvía más desesperada. En un acto de desesperación y supervivencia, tomaron la difícil decisión de recurrir a medidas extremas para mantenerse con vida.
—Tenemos que seguir adelante —dijo Álvaro, tratando de mantener el ánimo de sus compañeros. —No podemos permitir que esta montaña nos derrote.
Roy, el más joven del grupo, se mostró resiliente a pesar de las circunstancias. Sus compañeros lo admiraban por su valentía y su habilidad para encontrar humor incluso en los momentos más oscuros.
—Siempre hay algo por lo que sonreír, aunque sea solo para mantener la cordura —dijo Roy, arrancando una sonrisa a sus amigos en medio de la adversidad.
Numa, con su sabiduría y calma, se convirtió en una fuente de consuelo y esperanza para todos. Siempre tenía una palabra de aliento o una historia inspiradora para compartir.
—Las montañas son duras, pero nosotros somos más duros —les recordaba, infundiendo fuerza en el grupo.
A medida que pasaban los días, los sobrevivientes se dieron cuenta de que debían tomar una acción decisiva si querían tener alguna posibilidad de ser rescatados. Fernando y Roberto se ofrecieron como voluntarios para emprender una peligrosa travesía a pie en busca de ayuda. La idea de cruzar las montañas parecía imposible, pero sabían que era su única esperanza.
—Nosotros lo haremos —dijo Fernando, mirando a Roberto a los ojos. —Podemos hacerlo juntos.
—Por nuestras familias y por todos los que quedaron atrás —añadió Roberto, con la determinación ardiendo en sus ojos.
Con poca comida y equipamiento, y con el apoyo de sus compañeros, Fernando y Roberto se despidieron del grupo y comenzaron su arduo viaje a través de la nieve y el hielo. Cada paso era una lucha contra el frío y la fatiga, pero su espíritu de lucha y su deseo de sobrevivir los impulsaban a seguir adelante.
Mientras tanto, en el campamento improvisado, Álvaro, Roy y Numa trabajaban incansablemente para mantener a los demás vivos. Construían refugios más sólidos, conservaban el poco calor que podían generar y se aseguraban de que todos permanecieran juntos y a salvo.
Cuentos cortos que te pueden gustar
La Gran Revolución Galáctica
La Aventura en la Ecuación
El Capitán Raed y el Barco Futurista Titanic
Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.