Había una vez, en un rincón lejano del universo, una isla misteriosa llamada la Isla Estrellada. Esta isla flotaba en medio del espacio, rodeada de estrellas brillantes y planetas lejanos. La isla era un lugar mágico donde vivían seres extraordinarios y donde las aventuras nunca terminaban.
En la Isla Estrellada vivía un niño llamado Nico. Nico era un niño curioso y valiente, con el corazón lleno de deseos de explorar y descubrir cosas nuevas. Siempre llevaba consigo su pequeño perrito, Sparky, que era tan aventurero como él. Sparky tenía un pelaje marrón y esponjoso, y siempre estaba listo para seguir a Nico en sus travesuras.
Un día, mientras Nico y Sparky paseaban por el bosque de árboles luminosos, encontraron algo muy extraño. Allí, en medio del camino, había un portal brillante que parecía hecho de estrellas y luces titilantes.
«¿Qué crees que sea esto, Sparky?» preguntó Nico, sus ojos llenos de asombro.
Sparky soltó un pequeño ladrido y movió la cola, como si también sintiera la emoción de algo nuevo y emocionante. Sin pensarlo dos veces, Nico tomó la correa de Sparky y juntos cruzaron el portal.
Al otro lado, se encontraron en un mundo completamente diferente. El cielo estaba lleno de colores que nunca habían visto, y el suelo estaba cubierto de plantas que brillaban en la oscuridad. Justo delante de ellos, había dos figuras majestuosas: un dios griego y una diosa griega.
El dios griego, llamado Zeus, llevaba una túnica blanca y una corona de laurel dorada. Su presencia era imponente y transmitía una sensación de poder y sabiduría. La diosa griega, llamada Atenea, era elegante y hermosa, con un vestido plateado y un bastón con una esfera brillante en la punta.
«Bienvenidos, Nico y Sparky,» dijo Zeus con una voz profunda y amable. «Hemos estado esperándolos.»
Nico estaba sorprendido. «¿Nos estaban esperando?»
Atenea asintió con una sonrisa. «Sí, porque solo aquellos con un corazón puro y valiente pueden ayudarnos en nuestra misión. Necesitamos su ayuda para proteger este mundo de la oscuridad.»
Nico y Sparky aceptaron la misión sin dudarlo. Zeus les explicó que había una oscuridad inexorable que intentaba apoderarse del mundo mágico. Esta oscuridad estaba robando la luz de las estrellas y los frutos luminosos de los árboles, dejando el mundo sumido en soledades y temores.
«Debemos encontrar al fantasma guardián,» dijo Atenea. «Él conoce el lenguaje de las estrellas y puede ayudarnos a devolver la luz.»
Guiados por Zeus y Atenea, Nico y Sparky comenzaron su aventura. Caminaron a través de campos de plantas resplandecientes y cruzaron ríos de agua brillante. Cada paso que daban era más emocionante que el anterior, y aunque el viaje era difícil, nunca perdieron la esperanza.
Una noche, mientras descansaban bajo un árbol de frutos luminosos, Nico escuchó un suave sollozo. Siguiendo el sonido, encontró al fantasma guardián. Era un ser amigable y transparente, con una sonrisa gentil pero triste.
«¿Por qué lloras?» preguntó Nico.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.