Cuentos de Ciencia Ficción

El Reloj del Tiempo

Lectura para 6 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

Puntuación:

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En un rincón apartado de Princevillo, un pequeño pueblo con más secretos de los que cualquiera podría imaginar, vivían dos hermanos llamados Jhoan y Maycol. Jhoan era el mayor, un chico intrépido y decidido, con el cabello rojo como el fuego y una chaqueta de cuero roja que siempre llevaba. Maycol, por otro lado, era más tranquilo, pero igual de curioso, con su cabello azul brillante y una chaqueta azul y dorada que lo hacía destacar en cualquier lugar.

Un día, mientras exploraban el sótano de su casa, Jhoan encontró un objeto extraño y antiguo: un reloj de bolsillo. No era un reloj común y corriente; sus manecillas parecían moverse en direcciones extrañas, y en la esfera del reloj se veían símbolos que Jhoan nunca había visto antes. Intrigado, decidió mostrárselo a Maycol.

—¡Mira lo que encontré! —exclamó Jhoan, mostrándole el reloj a su hermano.

Maycol lo observó con curiosidad.

—Es un reloj raro… —dijo—. ¿Crees que funcione?

Antes de que pudieran averiguar más, su papá entró en la habitación. Al ver el reloj en manos de Jhoan, su rostro se llenó de preocupación.

—¿Dónde conseguiste eso? —preguntó, casi con miedo en la voz.

—Lo encontré aquí abajo, en una vieja caja —respondió Jhoan—. ¿Por qué?

Su papá suspiró profundamente.

—Ese reloj es muy peligroso. Es un artefacto antiguo que puede alterar el tiempo. Se lo dieron a nuestra familia hace generaciones, y siempre se ha mantenido escondido para evitar que cause problemas.

Los ojos de Jhoan brillaron con emoción al escuchar las palabras de su padre.

—¿Altera el tiempo? ¿Cómo funciona?

—No deberías jugar con él, Jhoan. Puede llevarte a lugares y tiempos donde no querrías estar —respondió su papá, mientras extendía la mano para tomar el reloj.

Pero antes de que pudiera alcanzarlo, Jhoan, con la curiosidad superando cualquier advertencia, giró la corona del reloj. En ese mismo instante, el mundo a su alrededor comenzó a girar. Maycol, quien intentó detener a su hermano, fue arrastrado también en el remolino de colores y luces que los envolvió.

Cuando el torbellino finalmente se detuvo, Jhoan y Maycol se encontraron en un lugar completamente diferente. Estaban de pie en medio de un vasto campus, rodeados de edificios antiguos con elementos futuristas. Los dos hermanos miraron a su alrededor, sin saber exactamente dónde estaban.

—¿Qué hiciste, Jhoan? —preguntó Maycol, con un tono de voz que mezclaba miedo y asombro.

—Creo… creo que viajamos en el tiempo —dijo Jhoan, mirando el reloj que todavía sostenía en su mano.

—¿Pero a dónde? ¿Y cómo vamos a regresar?

Antes de que pudieran debatir más sobre lo sucedido, un destello de luz apareció frente a ellos. De la luz surgió una pequeña hada, con alas brillantes y un aura mágica. Se presentó como Fay, la guardiana de la Academia Canterlot, la escuela más antigua que existía antes de que Princevillo se convirtiera en el pueblo que ellos conocían.

—Han viajado en el tiempo —explicó Fay—, y ahora están en la Academia Canterlot, en un tiempo muy anterior al suyo.

Jhoan, emocionado pero también preocupado, le explicó a Maycol que el reloj de bolsillo los había llevado al pasado. Pero Maycol no estaba convencido y decidió que lo mejor sería regresar a casa de inmediato. Intentó quitarle el reloj a Jhoan, pero al forcejear, el reloj comenzó a brillar de nuevo, y ambos hermanos fueron transportados una vez más.

Esta vez, se encontraron en una gran sala llena de extrañas máquinas y artefactos. Las paredes estaban cubiertas de símbolos que no entendían, y en el centro de la sala había una gran pantalla que mostraba un mapa del tiempo.

—Debemos encontrar la forma de regresar antes de que algo malo suceda —dijo Maycol, mirando a su alrededor con desconfianza.

Pero antes de que pudieran moverse, una alarma sonó, y la puerta de la sala se abrió de golpe. Un grupo de estudiantes, liderados por dos chicos que se parecían mucho a Jhoan y Maycol, entraron en la sala.

—¿Quiénes son ustedes? —preguntó uno de los chicos, que tenía el mismo cabello rojo que Jhoan.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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