Había una vez un niño llamado Jhoan que vivía en un futuro lejano donde la tecnología había avanzado hasta un punto en el que se podían crear máquinas que viajaban a través del tiempo. Jhoan era un niño curioso y aventurero que siempre había estado fascinado por la idea de viajar a través del tiempo.
Un día, mientras exploraba el laboratorio de su padre, un científico famoso por sus inventos y descubrimientos, Jhoan encontró una máquina que parecía ser una de esas máquinas del tiempo. La máquina era enorme y tenía un panel de control con botones y palancas que parecían complicadas.
Jhoan se acercó a la máquina y la examinó con curiosidad. De repente, oyó una voz detrás de él.
—¡Jhoan! ¿Qué estás haciendo aquí? —era la voz de su padre.
—Estoy explorando tu laboratorio, papá —respondió Jhoan.
—Ah, entiendo. Bueno, esta máquina es uno de mis últimos inventos. Es una máquina del tiempo —explicó su padre.
Jhoan se emocionó al escuchar esto.
—¿Puedo probarla? —preguntó.
Su padre dudó por un momento antes de responder.
—No, Jhoan. Esta máquina es peligrosa. No está lista para ser probada todavía.
Jhoan se desanimó, pero su padre continuó.
—Pero puedo enseñarte cómo funciona. Tal vez un día puedas ayudarme a completarla.
Jhoan se emocionó al escuchar esto y se acercó a su padre para que le explicara cómo funcionaba la máquina.
Mientras su padre le explicaba los detalles de la máquina, Jhoan no podía dejar de pensar en todas las posibilidades que esta máquina ofrecía. Podría viajar a cualquier momento de la historia y conocer a personas famosas, ver eventos importantes y aprender cosas nuevas.
De repente, su padre se detuvo y miró a Jhoan con una expresión seria.
—Jhoan, hay algo que debes saber. La máquina del tiempo no es solo una herramienta para viajar a través del tiempo. También puede ser peligrosa si se usa mal.
Jhoan asintió con la cabeza, entendiendo la responsabilidad que conllevaba usar una máquina del tiempo.
En ese momento, sonó un timbre en el laboratorio. Era la secretaria de su padre.
—¿Papá? —llamó—. Hay alguien que quiere verte.
Su padre se disculpó y se dirigió hacia la puerta del laboratorio. Jhoan se quedó solo en el laboratorio, rodeado de máquinas y herramientas.
De repente, escuchó un ruido detrás de él. Se dio la vuelta y vio a una chica con el pelo azul y ojos verdes que parecía estar en su laboratorio. Llevaba una camiseta y un par de pantalones de cuero.
—¿Quién eres? —preguntó Jhoan.
—Soy Luna —respondió la chica—. ¿Y tú quién eres?
—Soy Jhoan —dijo Jhoan—. ¿Qué estás haciendo aquí?
Luna miró a su alrededor y vio la máquina del tiempo.
—¿Esa es una máquina del tiempo? —preguntó.
Jhoan asintió con la cabeza.
—Sí, la está construyendo mi padre —explicó.
Luna se acercó a la máquina y la examinó con curiosidad.
—¿Puedo probarla? —preguntó.
Jhoan dudó por un momento antes de responder.
—No sé si es una buena idea. Mi padre dijo que la máquina no está lista para ser probada todavía.
Luna sonrió.
—No te preocupes, Jhoan. Yo sé lo que estoy haciendo.
Jhoan se sintió incómodo, pero Luna parecía conocer la máquina mejor que él.
—Está bien —dijo finalmente—. Pero tienes que prometerme que serás cuidadosa.
Luna asintió con la cabeza y se acercó a la máquina. Jhoan se sintió nervioso mientras Luna ajustaba los controles y introducía una fecha y un lugar en el panel.
—¿Estás lista? —preguntó Jhoan.
Luna asintió con la cabeza y activó la máquina. La sala se llenó de un destello de luz blanca y Jhoan se sintió como si estuviera flotando en el aire.
La máquina se detuvo y Jhoan vio que se encontraban en un lugar completamente diferente. Estaban en un bosque con árboles altos y un río que corría a su lado.
Luna sonrió.
—Estamos en el año 1500 —dijo—. Un momento importante en la historia.
Jhoan se sintió emocionado al estar en un lugar tan lejano en el tiempo.
De repente, escucharon un ruido detrás de ellos. Jhoan se dio la vuelta y vio a un hombre con una armadura y un caballo blanco.
—¿Quién eres? —preguntó Jhoan.
—Soy el caballero —respondió el hombre—. ¿Qué estás haciendo aquí?
Luna sonrió.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.