Cuentos de Ciencia Ficción

Santi el Salvador de la Prehistoria: Un Héroe en la Era de los Gigantes

Lectura para 6 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Había una vez un niño llamado Santi, que vivía en una ciudad muy grande junto a su familia. Santi era un niño muy alegre, valiente y curioso. Siempre le encantaba aprender cosas nuevas sobre el universo y la ciencia. Su familia estaba formada por Paz, su mamá; César, su papá; su hermana Pia, que era un poco traviesa y muy cariñosa; y Belén, su mejor amiga, que vivía justo al lado de su casa y con quien compartía muchas aventuras.

Un día, mientras jugaban en el jardín, Santi encontró un libro muy especial en el desván de su casa. El libro estaba cubierto de polvo, pero cuando lo abrió, las páginas comenzaron a brillar con luces de colores que parecían mágicas. En el libro hablaba sobre un invento increíble: una máquina del tiempo que podía transportarte a cualquier época de la historia. Santi y sus amigos estaban fascinados. “¿Y si probamos la máquina del tiempo?”, preguntó Santi emocionado. Paz, con una sonrisa, apoyó la idea, siempre y cuando tuvieran mucho cuidado.

César, que era ingeniero, ayudó a Santi a construir una pequeña máquina del tiempo, a partir de las instrucciones que encontraron en el libro. La máquina parecía una caja con botones y una pantalla que mostraba diferentes épocas: el futuro, la prehistoria, el antiguo Egipto, y muchas más. Pia, que siempre era la más inquieta, ya había decidido que quería ver los dinosaurios, porque le encantaban esos enormes animales. Belén, con su curiosidad aventurera, también se sumó al plan.

Después de varias horas trabajando juntos en el taller de la casa, la máquina del tiempo estuvo lista. Santi miró a sus padres y amigos y dijo: “¡Vamos a la prehistoria, a conocer a los dinosaurios de verdad!”. Todos se abrocharon los cinturones y, con un poco de miedo y mucha emoción, Santi presionó el botón que decía “Cretácico”. En un instante, una luz brillante los envolvió y, cuando abrieron los ojos, estaban en un lugar muy diferente a su jardín.

El sol brillaba muy fuerte, pero el aire era fresco y olía a plantas grandes y flores extrañas. Alrededor de ellos, había árboles gigantescos y el suelo temblaba un poco bajo sus pies. De repente, un enorme ruido hizo que todos miraran hacia el bosque. Entre los árboles apareció un grupo de dinosaurios: unos altos con cuellos larguísimos que parecían árboles caminantes, otros con grandes dientes y garras, y algunos con colores brillantes que parecían sacados de un cuento.

Santi sintió nervios, pero también mucha emoción. De pronto, uno de los dinosaurios más grandes comenzó a caminar hacia ellos. Era un Tiranosaurio Rex, con ojos grandes y una mandíbula enorme. Paz agarró la mano de Santi muy fuerte, y César se puso delante de los niños para protegerlos. Pero, justo cuando parecía que el Tiranosaurio iba a acercarse demasiado, Santi tuvo una idea rápida.

Recordó que en el libro había leído que los dinosaurios grandes no atacaban si sentían que alguien era amigo y no peligro. Así que con mucha calma, Santi empezó a hablarles con voz suave y a mover los brazos despacio, como si fueran saludos. Para sorpresa de todos, el Tiranosaurio dejó de avanzar, inclinó la cabeza y rugió suavemente. Luego, apareció otro dinosaurio mucho más pequeño y amigable, que parecía un triceratops, con sus tres cuernos y una sonrisa en su rostro.

Pero la alegría duró poco. De repente, mientras exploraban el lugar, un grupo de dinosaurios más veloces y peligrosos apareció. Eran velocirraptores y parecían un poco enojados. Estos dinosaurios corrían muy rápido y gruñían fuerte, acercándose peligrosamente al grupo de Santi. Paz gritó: “¡Corre!” y todos comenzaron a buscar un lugar donde esconderse. Pero uno de los velocirraptores estaba justo delante de Santi y parecía que no lo dejaría pasar.

Santi sintió que tenía que hacer algo para salvar a su familia y a sus amigos. Recordó lo que su papá César había dicho muchas veces: “Un héroe no es el que no tiene miedo, sino el que actúa a pesar del miedo.” Así que respiró profundo, miró a los ojos al velocirraptor y decidió usar su valor y también una herramienta especial que había traído en su mochila: un dispositivo que enviaba sonidos y luces para calmar a los animales peligrosos.

Presionó un botón en su pequeño aparato, y de él salieron luces azules y sonidos suaves que parecían música. El velocirraptor se detuvo, confundido. Poco a poco, dejó de gruñir y se sentó tranquilamente. Los otros velocirraptores, al ver esto, también se calmaron y se alejaron sin hacer daño. Todos respiraron aliviados y Santi se sintió muy feliz por haber podido proteger a sus seres queridos.

De repente, Paz dijo preocupada: “Debemos volver a casa. No es seguro quedarnos más tiempo aquí.” Pero cuando intentaron usar la máquina del tiempo para regresar, vieron que la pantalla mostraba un mensaje que decía “Error: Energía baja, recarga necesaria.” Sin electricidad, no podrían volver. César, que siempre estaba tranquilo y sabía pensar bien en los momentos difíciles, dijo: “No se preocupen. Voy a usar mis herramientas para recargar la máquina. Mientras tanto, vamos a buscar un lugar seguro para pasar el día.”

Así que todos se pusieron de pie y comenzaron a caminar con cuidado por un valle cerrado entre montañas gigantescas de piedra. Por el camino, encontraron más dinosaurios, algunos pacíficos y otros que les causaban algo de miedo, pero Santi y sus amigos recordaban sus enseñanzas para actuar con respeto y valentía.

Al caer la noche, encendieron una fogata con la ayuda de César, que usó unas piedras para hacer chispas, y Paz preparó un pequeño picnic con frutas que habían traído en sus mochilas. Belén, Pia y Santi contaron historias y se rieron mientras miraban las estrellas que parecían brillar muchísimo en ese cielo tan diferente al de su ciudad.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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