En un pequeño pueblo rodeado de montañas y ríos, vivían cuatro amigos inseparables: Juan, Nico, Alejandro y Dani. Eran conocidos en todo el pueblo por sus aventuras y por estar siempre juntos.
Un soleado sábado por la mañana, decidieron ir al parque en sus bicicletas. Juan, el más valiente, llevaba una bicicleta verde; Nico, el más alto, montaba una azul; Alejandro, con su inseparable sudadera roja, tenía una bici negra; y Dani, el más pequeño, pero no menos ágil, una amarilla.
El parque era el lugar favorito de los niños. Tenía un gran campo de fútbol, una zona de juegos con columpios y un pequeño lago rodeado de árboles. Mientras jugaban y reían, una extraña niebla comenzó a cubrir el parque. Al principio, no le dieron importancia, pero de repente, Nico desapareció sin dejar rastro.
La preocupación se apoderó de Juan, Alejandro y Dani. Buscaron a Nico por todo el parque, gritando su nombre, pero no hubo respuesta. Decidieron dividirse para buscarlo mejor. Mientras buscaban, cada uno de ellos encontró un objeto misterioso: Juan un reloj antiguo, Alejandro un mapa del parque con una zona marcada y Dani una llave dorada.
Siguiendo el mapa, llegaron a una parte del parque que nunca habían visto. Había una puerta antigua oculta entre los arbustos. La llave que Dani encontró encajaba perfectamente. Al abrir la puerta, una luz brillante los cegó momentáneamente.
Al cruzar la puerta, se encontraron en un mundo paralelo donde todo era igual, pero diferente. El parque estaba cubierto de plantas exóticas y animales fantásticos. Fue entonces cuando vieron a Nico, parado cerca del lago, mirando fijamente algo en el agua.
Nico estaba hipnotizado por un espejo mágico en el lago que mostraba sus deseos más profundos. Los amigos lograron despertarlo y explicarle todo lo sucedido. Nico, agradecido, les contó que había seguido a una mariposa misteriosa que lo llevó hasta allí.
Después de explorar el mundo paralelo y vivir pequeñas aventuras, encontraron otra puerta que los llevaría de regreso. Antes de cruzarla, un sabio anciano apareció y les dijo que habían sido elegidos para ver ese mundo por su amistad y valentía. Les pidió que guardaran el secreto y que siempre valoraran su amistad.
Al volver, todo en el parque era normal nuevamente. Decidieron no contarle a nadie su aventura, pero sabían que siempre tendrían ese vínculo especial. A partir de ese día, siempre se acordarían del increíble viaje al parque encantado.
Juan, Nico, Alejandro y Dani aprendieron que la verdadera magia estaba en su amistad y en las aventuras que compartían. Y aunque el mundo no viera lo que ellos vieron, sabían que siempre tendrían un lugar especial donde lo imposible se hacía posible: el Parque Encantado.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.