Pepe era una muela muy pequeña que vivía bien acurrucadita y escondida en la boca de Jorge. Nunca se había asomado ni había sentido el placer de masticar. Todos los días, desde su lugarcito oscuro y cálido, miraba con mucha curiosidad lo que pasaba dentro de la boca de Jorge, pero, aunque quería, no podía salir porque todavía no había llegado el momento. Pepe esperaba ansiosa que llegase ese día especial en el que finalmente podría asomarse y conocer el mundo fuera de su escondite.
Pasaron los meses, y mientras Jorge crecía, Pepe soñaba con poder ver, masticar y jugar junto a los demás dientes. Los días eran largos, y la pequeña muela contaba las horas para ser parte del equipo que ayudaba a Jorge a comer frutas, galletas y sus comidas favoritas. Pero no imaginaba lo que encontraría al salir de su escondite.
¡Por fin ese día llegó! Jorge cumplió seis años, y cuando fue al dentista, la doctora le dijo que algunas muelas nuevas estaban listas para salir. Pepe sintió un cosquilleo muy fuerte y decidió asomarse poquito a poquito. Primero un poco, luego más, hasta que todo su cuerpo estuvo fuera. ¡Qué emoción tan grande! Por fin podía ver.
Pero lo que Pepe vio no era como lo había imaginado en sus sueños. Antes de ella, en la boca de Jorge, había un colmillo muy puntiagudo y algo enfadado. Parecía que siempre estaba molesto, como si no le gustara nada estar allí. Luego, a unos pasos, había dos muelas que estaban sucias y medio rotas. Pepe se sentía muy triste al verlas así, porque sabía que no era bueno para Jorge tener esos dientes en mal estado.
A su lado, justo al lado, había otra muela que parecía un volcán con un agujero enorme en la cima y, para colmo, ¡olía muy mal! Pepe frunció el ceño. “¿Qué está pasando aquí?”, pensó. Ella quería ser parte de ese lugar, pero se sentía un poco asustada.
De repente, la boca de Jorge se abrió muy grande. Pepe quiso salir para ver qué había fuera, pero en ese momento, algo inesperado entró en la boca, ¡una bola de caramelo gigante! Era rosa, pegajosa y olía muy dulce. Pepe no podía evitarlo, la bola se empezó a pegar por todas partes. Se enredó alrededor de ella y de sus vecinos. Tenía un olor muy fuerte y un color rosa tremendo que no dejaba ver nada más.
Todas las muelas y dientes comenzaron a luchar contra la gran masa pegajosa, pero era imposible. La lengua de Jorge se movía rápido y extendía la bola de caramelo por todos lados, más y más. Parecía que la dulzura y la pegajosidad no tenían fin. Mientras todo esto pasaba, Jorge estaba contentísimo, saboreando aquel caramelo sin darse cuenta del problema que estaba causando dentro de su boca.
Al poco tiempo, Pepe empezó a notar que algo extraño sucedía. En la superficie de la bola pegajosa, aparecieron unos bichitos horribles con grandes colmillos. Eran pequeñísimos, pero parecían muy peligrosos. Y aquellos bichitos ¡querían convertir la boca de Jorge en su casa! Empezaron a caminar por Pepe y las demás muelas, haciendo agujeros y daños.
Pepe se sintió muy asustada y triste. ¿Cómo podría protegerse y proteger la boca de Jorge de esos bichitos tan feos? Pensó que si no hacía algo pronto, todos sus amigos dientes podrían enfermarse y Jorge podría tener un gran problema.
Entonces, en ese momento apareció Mamá de Jorge, que siempre cuidaba mucho de él. Mamá le decía con voz suave:
—Jorge, cariño, recuerda que no es bueno comer demasiados caramelos. Y después de comer dulces, tienes que lavar bien tus dientes para que estén limpios y sanos.
Pepe escuchó esas palabras con mucha atención y se llenó de esperanza. Él quería que Jorge entendiera lo importante que era cuidar su boca para que todos estuvieran felices y sanos. Pero, ¿cómo harían para que Jorge lo comprendiera?
Poco después, también apareció Papá de Jorge, que siempre estaba pendiente de que Jorge estuviera bien. Papá le dijo con voz firme:
—Hijo, para que tus dientes estén fuertes y brillantes, tienes que lavarte después de cada comida y no abusar de los caramelos. El cepillo de dientes es tu mejor amigo.
Pepe se alegró mucho al oír a los papás de Jorge hablar de cuidar los dientes. Sabía que juntos podrían ayudar a Jorge a tener una boca feliz y sin bichitos.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.