Cuentos Clásicos

La Aventura del Tiempo Perdido

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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En el pequeño pueblo de Vallesol, donde las casas parecían coloreadas con los tonos del arcoíris y los jardines siempre estaban en flor, vivían Naia, June e Ibai, tres hermanos unidos por un lazo inquebrantable. Naia, la mayor de 12 años, había comenzado a cambiar. Ya no era la niña juguetona que corría tras mariposas o inventaba historias fantásticas. Ahora, pasaba horas en su habitación, absorta en su mundo de adolescente.

June, de 10 años, e Ibai, de 8, extrañaban a la hermana con la que solían compartir risas y aventuras. Una noche, bajo el fulgor de una luna llena, los dos hermanos menores encontraron en el desván de su casa un antiguo reloj de arena con inscripciones misteriosas. Sin saberlo, aquel reloj tenía el poder de viajar en el tiempo.

Movidos por el deseo de recuperar a la Naia de antes, June e Ibai giraron el reloj y, en un abrir y cerrar de ojos, se encontraron en un pasado no muy lejano. El pueblo de Vallesol lucía igual, pero con un detalle crucial: la Naia de 9 años estaba allí, jugando alegremente en el parque.

Los hermanos, emocionados, se acercaron a ella. Naia, sorprendida al ver a sus hermanos más jóvenes, los recibió con una gran sonrisa. Juntos, pasaron un día maravilloso, lleno de juegos y risas, como en los viejos tiempos. Pero a medida que el sol comenzaba a ocultarse, June e Ibai se dieron cuenta de un problema: no sabían cómo regresar a su propio tiempo.

Desesperados, buscaron el reloj de arena, pero había desaparecido. Fue entonces cuando se toparon con el anciano del pueblo, Don Ernesto, conocido por sus historias sobre magia y tiempos antiguos. Al escuchar su dilema, Don Ernesto sonrió sabiamente y les dijo: «El reloj de arena no solo les permite viajar en el tiempo, también les enseña lecciones importantes. Para regresar, deben comprender qué es lo que realmente desean».

Confundidos, pero decididos, los hermanos reflexionaron sobre sus acciones. Se dieron cuenta de que, aunque extrañaban a la Naia de antes, ella estaba creciendo y cambiando, como debe ser. Su amor por ella no debía estar condicionado a cómo era antes, sino a aceptarla y apoyarla en su camino hacia la adultez.

Con esta comprensión, el reloj de arena apareció de nuevo ante ellos. Esta vez, al girarlo, regresaron a su tiempo, encontrando a una Naia preocupada por su repentina desaparición. Al verla, en lugar de tristeza, sintieron una profunda admiración y amor por su hermana, quien estaba forjando su propio camino.

Naia, conmovida por la preocupación de sus hermanos, decidió abrir su corazón y compartir con ellos sus miedos y sueños. Esa noche, bajo la luz de las estrellas, los tres hermanos se prometieron estar siempre ahí, el uno para el otro, sin importar los cambios que trajera la vida.

Desde ese día, aunque Naia continuó su camino hacia la adolescencia, siempre encontraba tiempo para compartir con June e Ibai, recordándoles que, a pesar de crecer, el lazo que los unía era eterno y que siempre tendrían aventuras que vivir juntos, en Vallesol y más allá.

Con esta lección aprendida, los tres hermanos se convirtieron en guardianes de su amor fraternal, enfrentando juntos los desafíos de la vida, siempre recordando que el tiempo compartido es el tesoro más valioso.

Y así, en el pintoresco pueblo de Vallesol, Naia, June e Ibai vivieron muchas más aventuras, cada una enseñándoles algo nuevo sobre la vida, el amor y la familia. Porque al final, lo que realmente importa no es cómo cambiamos con el tiempo, sino cómo el tiempo nos une más fuertemente con aquellos a quienes amamos.

Tras su regreso, los días en Vallesol retomaron su ritmo tranquilo, pero algo había cambiado en los hermanos. Naia, June e Ibai descubrieron que, aunque no podían detener el tiempo, podían hacer cada momento juntos inolvidable.

Una tarde, mientras paseaban por el mercado del pueblo, los hermanos escucharon rumores sobre un viejo molino abandonado en las afueras de Vallesol, donde, según cuentan, habitaba un ser mágico que podía conceder deseos. Movidos por la curiosidad y un anhelo de más aventuras, decidieron explorar el molino esa misma noche.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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