En un pequeño pueblo, en una escuela como cualquier otra, vivía un niño llamado José. José era un chico tranquilo y estudioso, con gafas grandes que siempre estaban un poco caídas sobre su nariz. Le gustaba leer y aprender cosas nuevas, y a menudo pasaba el recreo en la biblioteca en lugar de jugar en el patio. Pero, a pesar de sus buenas intenciones, José tenía un problema: Mauricio y Carlos.
Mauricio y Carlos eran los chicos más traviesos de la escuela. Mauricio tenía el cabello negro y corto, y siempre llevaba una expresión de suficiencia en su rostro. Carlos, con su cabello rizado y castaño, solía seguir a Mauricio en todas sus fechorías. Ambos se divertían molestando a otros niños, y José era su blanco favorito.
Cada día, José tenía que soportar las bromas y travesuras de Mauricio y Carlos. Le escondían los libros, le tiraban bolas de papel en clase y le ponían apodos ridículos. Aunque José trataba de ignorarlos, la situación se volvía cada vez más insoportable. Los profesores parecían no darse cuenta o no darle importancia a lo que sucedía, y José se sentía cada vez más solo.
Un día, mientras José caminaba hacia su casa después de la escuela, encontró un viejo libro tirado en el camino. Era un libro antiguo, con tapas de cuero desgastadas y letras doradas en la portada. Intrigado, lo recogió y lo llevó a su casa. Al abrirlo, descubrió que el libro estaba lleno de historias y consejos sobre cómo enfrentar a los abusones.
Pasó toda la noche leyendo el libro, y una idea comenzó a formarse en su mente. José decidió que era hora de hacer algo al respecto. No quería seguir siendo la víctima de las travesuras de Mauricio y Carlos, así que planeó una pequeña venganza. Pero no sería una venganza cruel, sino una lección que les enseñaría a ser mejores personas.
Al día siguiente, José llegó a la escuela con una sonrisa en su rostro. Durante el recreo, se acercó a Mauricio y Carlos, que estaban ocupados planeando su próxima broma. “Hola, chicos”, dijo con voz firme. Mauricio y Carlos lo miraron con sorpresa. “¿Qué quieres, cuatro ojos?”, preguntó Mauricio con burla.
José respiró hondo y respondió: “He decidido que no voy a dejar que me sigan molestando. Si quieren hacerme bromas, tendrán que enfrentar las consecuencias”.
Mauricio y Carlos se rieron, pero José no se inmutó. Les dio la espalda y se fue, dejando a los dos chicos intrigados y un poco preocupados. Durante las siguientes semanas, José puso en marcha su plan. Cada vez que Mauricio y Carlos intentaban hacerle una broma, algo salía mal para ellos. Una vez, cuando le escondieron los libros, descubrieron que alguien había cambiado sus mochilas por sacos llenos de arena. Otra vez, cuando trataron de pegarle un cartel en la espalda, acabaron pegados entre sí.
Mauricio y Carlos no podían entender qué estaba pasando. Parecía que cada vez que intentaban hacerle una travesura a José, ellos terminaban siendo los que sufrían las consecuencias. José, mientras tanto, observaba todo con una sonrisa satisfecha. Había aprendido a anticipar las acciones de sus molestos compañeros y a usarlas en su contra.
Finalmente, Mauricio y Carlos decidieron confrontar a José. Durante el recreo, lo acorralaron en el patio. “¿Qué está pasando, José?”, exigió Mauricio. “¿Cómo haces para que siempre terminemos nosotros en problemas?”
José los miró a los ojos y dijo con calma: “He aprendido que la mejor manera de enfrentar a los abusones es no dejarlos ganar. Ustedes pueden seguir intentando molestarme, pero siempre encontraré una forma de devolverles la jugada. Pero, si realmente quieren saber, estoy dispuesto a enseñarles algo más importante”.
Mauricio y Carlos se miraron, confundidos. “¿Qué quieres decir?”, preguntó Carlos.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.