Cuentos Clásicos

Los Conejitos Perdidos

Lectura para 2 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

Puntuación:

0
(0)
 

Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir por correo electrónico
0
(0)

Era una tarde muy soleada cuando María y sus dos hijitas, Ana y Lili, decidieron salir a lo más alto del cerro a buscar leña. María llevaba una gran canasta y las niñas, con sus mochilas, iban saltando de alegría. Lo que María no sabía era que Ana y Lili habían llevado a sus dos conejitos escondidos en sus mochilas. Querían jugar con ellos mientras su mamá recogía la leña, así no se aburrirían.

Los conejitos, Blanco y Nieve, eran muy curiosos y les encantaba saltar y explorar. Mientras María trabajaba, las niñas sacaron a los conejitos de sus mochilas y empezaron a jugar con ellos. Los conejitos corrían de un lado a otro, felices de estar al aire libre.

Cerca de ahí, un grupo de personas estaba pastando sus ovejas. El sonido de los balidos de las ovejas llenaba el aire. Los conejitos, al escuchar los gritos de las ovejas, se asustaron mucho y, sin pensarlo dos veces, echaron a correr tan rápido como pudieron. Ana y Lili intentaron alcanzarlos, pero los conejitos eran demasiado rápidos. En cuestión de segundos, se perdieron de vista.

Ana y Lili empezaron a llorar fuertemente. «¡Nuestros conejitos! ¡Nuestros conejitos se han perdido!», gritaban desesperadas. Al escuchar los sollozos de sus hijas, María se acercó rápidamente. «¿Qué ha pasado, mis amores?», preguntó preocupada. «¡Blanco y Nieve se han perdido!», sollozaron las niñas al unísono. María, aunque preocupada, intentó calmar a sus hijas. «Tranquilas, mis pequeñas. Vamos a buscar a los conejitos juntas.»

María y las niñas buscaron y buscaron por todos lados, llamando a los conejitos. «¡Blanco! ¡Nieve! ¿Dónde están?», gritaban. Pero no había ni rastro de ellos. Después de un rato, comenzaron a perder la esperanza. El sol ya comenzaba a ocultarse y sabían que debían volver a casa antes de que oscureciera.

Muy tristes, decidieron regresar a casa. Las niñas no dejaban de llorar. «Mamá, ¿qué vamos a hacer sin Blanco y Nieve?», preguntó Lili con lágrimas en los ojos. «Lo sé, cariño. También estoy triste, pero mañana los buscaremos de nuevo. Estoy segura de que los encontraremos», respondió María, intentando mantener la calma.

Esa noche, las niñas apenas pudieron dormir. Solo pensaban en sus conejitos perdidos y en cómo estarían. Al día siguiente, se levantaron temprano, decididas a encontrar a Blanco y Nieve. María preparó el desayuno y juntas salieron de nuevo hacia el cerro.

Mientras caminaban, Lili notó algo extraño. Un grupo de perros estaba correteando a un pequeño animal. «¡Mamá, mira! ¡Es Blanco!», gritó emocionada. Sin pensarlo dos veces, Lili corrió hacia el grupo de perros y, con mucho valor, logró ahuyentarlos. Blanco, asustado pero ileso, saltó a los brazos de Lili. «¡Te encontré, Blanco!», exclamó Lili, feliz. María y Ana también se alegraron mucho de ver a Blanco sano y salvo.

Pero Ana seguía triste. «Mamá, aún no hemos encontrado a Nieve. ¿Dónde estará?», preguntó con preocupación. María abrazó a Ana y le dijo: «No te preocupes, Ana. Vamos a seguir buscando. Estoy segura de que también encontraremos a Nieve.»

Siguieron caminando y llamando a Nieve, pero no había señales de él. Después de un rato, Ana se detuvo a descansar un poco. Mientras miraba hacia lo alto de la montaña, vio algo que se movía entre los arbustos. «¡Mamá, Lili! ¡Miren! ¡Allí está Nieve!», gritó Ana con alegría.

Comparte tu historia personalizada con tu familia o amigos

Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir por correo electrónico

Cuentos cortos que te pueden gustar

autor crea cuentos e1697060767625
logo creacuento negro

Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

Deja un comentario