Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de montañas y bosques, un niño llamado Edud. Él era un niño muy especial, con cabello corto y castaño, y unos ojos que reflejaban su gran deseo de explorar y conocer el mundo. Vivía con sus padres, Gladis y Pastor. Gladis era una mujer amable con el cabello largo y siempre vestía un sencillo vestido. Pastor, su papá, era un hombre trabajador con barba, siempre vestido con ropa de trabajo.
La familia de Edud vivía en una modesta casa de madera, rodeada de un hermoso bosque que parecía mágico. Sin embargo, debido a su situación económica, Gladis y Pastor decidieron que Edud debía trabajar para ayudar en casa. Aunque lo hicieron con tristeza, pensaban que era lo mejor para la familia.
Edud trabajaba desde muy temprano en el mercado del pueblo, ayudando a los comerciantes a organizar sus productos y a vender. Pero, aunque trabajaba duro, no era feliz. Él soñaba con jugar, ir a la escuela y tener amigos como los demás niños. Quería explorar el bosque y descubrir todos sus secretos, pero siempre estaba ocupado trabajando.
Un día, mientras regresaba a casa después de un largo día en el mercado, Edud escuchó un suave susurro que venía del bosque. Se detuvo y prestó atención. El susurro parecía llamarlo por su nombre. Con curiosidad, decidió seguir el sonido. Se adentró en el bosque, caminando entre los árboles altos y frondosos.
De repente, se encontró con una pequeña criatura con ojos brillantes y una cola esponjosa. La criatura se llamaba Fito y parecía amigable y juguetona. «Hola, Edud», dijo Fito con una voz suave. «Soy Fito, y vivo en este bosque mágico. He visto lo mucho que trabajas y sé que no eres feliz. Quiero ayudarte a encontrar la felicidad y la alegría de ser un niño».
Edud se sorprendió al escuchar a Fito hablar, pero sintió una calidez en su corazón. «Hola, Fito», respondió Edud. «Me encantaría ser feliz y jugar, pero tengo que trabajar para ayudar a mis padres».
Fito sonrió y dijo: «Entiendo, pero creo que podemos encontrar una manera de que puedas jugar y ser feliz sin dejar de ayudar a tu familia. Ven, quiero mostrarte algo».
Fito llevó a Edud a una parte del bosque que nunca antes había visto. Allí había un claro con flores de todos los colores, mariposas que volaban alrededor y un río cristalino que fluía suavemente. En el centro del claro, había un gran árbol con hojas doradas que brillaban bajo el sol. «Este es el Árbol de los Deseos», explicó Fito. «Se dice que si haces un deseo con todo tu corazón, el árbol lo concederá».
Edud cerró los ojos y deseó poder ayudar a su familia y, al mismo tiempo, tener tiempo para jugar y ser feliz. El árbol comenzó a brillar y, de repente, Edud sintió una gran paz y alegría en su corazón.
Cuando abrió los ojos, vio que el bosque se había transformado. Ahora había pequeños duendes y hadas que trabajaban felices, ayudando a los animales y cuidando el bosque. Fito le explicó que estos seres mágicos podían ayudarle a realizar sus tareas más rápido, permitiéndole tener tiempo para jugar y aprender.
Edud agradeció a Fito y a los seres mágicos por su ayuda. Prometió cuidar siempre del bosque y de sus nuevos amigos. A partir de ese día, Edud pudo dividir su tiempo entre el trabajo y el juego. Ayudaba a su familia, pero también tenía tiempo para explorar el bosque, aprender de los duendes y las hadas, y hacer nuevos amigos.
Gladis y Pastor notaron el cambio en su hijo. Aunque seguía trabajando, ahora siempre tenía una sonrisa en su rostro y sus ojos brillaban de felicidad. Edud les contó sobre el bosque mágico y los seres que lo habitaban. Al principio, sus padres estaban incrédulos, pero al ver la alegría y el entusiasmo de Edud, decidieron acompañarlo un día al bosque.
Cuando llegaron al claro, vieron el Árbol de los Deseos y a los duendes y hadas trabajando. Gladis y Pastor se sorprendieron y se alegraron al ver que su hijo había encontrado un lugar donde podía ser feliz. Fito se acercó a ellos y les explicó cómo el bosque mágico ayudaba a Edud a encontrar el equilibrio entre el trabajo y el juego.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.