En el Bosque Roli Poli, en la alegre Aldea Brillitos, vivían muchos amigos felices que disfrutaban de días llenos de sol, risas y magia. En una casita roja, rodeada de flores de colores, vivía Osito Roli. Roli era muy especial porque tenía una misión mágica: dar abrazos mágicos a todos los habitantes. Sus abrazos no eran como los demás; eran abrazos que hacían sentir a todos contentos, cuidados y llenos de alegría. Pero, para que esos abrazos mágicos aparecieran, era necesario decir cuatro palabras muy importantes: “Hola”, “Por favor”, “Gracias” y “Adiós”. Solo al usar estas palabras, la magia podía crecer y todos se sentían felices.
Muy cerca de la casita roja de Roli, en una casita verde, vivía su amigo Max, un conejito juguetón y lleno de energía, que quería mucho a todos en la Aldea Brillitos. A Max le encantaba correr, saltar y jugar con sus amigos, pero a veces se olvidaba de usar las palabras mágicas que hacían que la magia y la felicidad brillaran en todo el bosque.
Un día muy soleado, Max llegó corriendo a la plaza de la Aldea Brillitos. Estaba tan emocionado que no dijo “Hola” a nadie. Sin parar a mirar, tomó algunas cosas que encontró cerca sin decir “Por favor” y, cuando terminó de jugar, se fue rápido, sin decir “Gracias” ni tampoco “Adiós”. Ese día, algo extraño pasó: Osito Roli quiso darle un abrazo mágico, pero no apareció magia alguna. Roli intentó una y otra vez, pero los abrazos mágicos no aparecían. La plaza, que siempre estaba llena de risas y canciones, se quedó en silencio. La alegría parecía estar escondida en algún rincón del bosque, y todos en la Aldea Brillitos se sentían un poco tristes sin entender por qué.
Al día siguiente, Max volvió a la plaza con la misma prisa. Otra vez no saludó a nadie con un “Hola”, no pidió “Por favor” para jugar con los juguetes, y cuando terminó, no dijo “Gracias” ni “Adiós”. La tristeza creció un poquito más. Los vecinos, como la señora Ardilla, el señor Búho y la familia Zorro, dejaron de jugar con Max y hasta dejaron de hablar. El silencio y la tristeza se extendieron, y la magia que llenaba el Bosque Roli Poli empezó a desaparecer. Osito Roli no sabía qué hacer, porque los abrazos mágicos que él tanto amaba dar no salían de su corazón.
Max no entendía qué pasaba. Quería jugar con sus amigos, pero ellos no respondían ni estaban felices. Él se preguntaba en silencio: “¿Por qué mis amigos ya no quieren jugar? ¿Por qué están tristes? ¿Qué me estoy perdiendo?” Esa noche, mientras la luna brillaba en el cielo, Max se quedó pensando en qué podía hacer diferente para que la alegría regresara.
A la mañana siguiente, Roli decidió buscar a Max para hablar con él con mucho cariño. “Max,” dijo Roli con una sonrisa amable, “he notado que últimamente la magia en nuestro bosque se está yendo. Los abrazos mágicos que doy no aparecen como antes. Hay una pequeña regla mágica que todos debemos seguir para que la alegría y la magia consumen este lugar tan especial.” Max miró a Roli con curiosidad y él continuó: “Para que los abrazos mágicos vengan, necesitamos usar las palabras mágicas cada día. Cuando llegas a la plaza, saluda diciendo ‘Hola’. Si quieres jugar o tomar algo, pide ‘Por favor’. Cuando alguien te ayuda o te da algo, debes decir ‘Gracias’. Y cuando te vas, no olvides decir ‘Adiós’. Estas palabras hacen crecer la magia y nos mantienen unidos como amigos.”
Max pensó un momento y asintió, diciendo: “Creo que entendí, Roli. Lo siento mucho por no haber usado las palabras mágicas. Quiero que la alegría vuelva a la Aldea Brillitos y quiero ser un buen amigo.”
Desde ese día, Max se acordó de usar las palabras mágicas en todos sus juegos y encuentros en la plaza. Cuando llegaba a la casita roja de Roli, decía con una sonrisa: “Hola, Roli.” Cuando quería jugar con alguna cosa, pasaba a decir “Por favor” y después de jugar, agradecía diciendo “Gracias.” Al despedirse, su voz bajita decía “Adiós, amigos.” Y, entonces, ¡los abrazos mágicos de Osito Roli aparecían más fuertes que nunca! La alegría volvió a brillar en las miradas de todos y las risas regresaron a cada rincón del Bosque Roli Poli. Los vecinos comenzaron a invitarse a jugar juntos y a compartir momentos felices. La magia, la educación, el respeto, la amistad y la alegría volvieron a ser las estrellas que guiaban a toda la Aldea Brillitos.
Desde ese momento, Max aprendió que las palabras bonitas son como pequeñas llaves que abren las puertas del cariño y la magia. Así, en el Bosque Roli Poli, todos recordaron que con un “Hola”, “Por favor”, “Gracias” y “Adiós”, la amistad se fortalece y la alegría nunca se va. El bosque volvió a ser un lugar mágico y alegre, donde cada día era una nueva oportunidad para dar abrazos mágicos y compartir sonrisas. Y Osito Roli, contento de ver a su amigo Max usar las palabras mágicas, siguió dando abrazos llenos de felicidad por siempre.
Y así, niños y niñas, aprendemos que las palabras llenas de respeto y cariño hacen que el mundo sea más feliz y cada abrazo mágico es un tesoro para compartir con todos nuestros amigos.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.