En un bosque muy verde y lleno de árboles altos, donde cantaban los pajaritos y corrían los animalitos, vivía un sapito muy especial. Su piel era de un color verde brilloso y sus músculos eran fuertes, por eso lo llamaban Sapito Hulk. A diferencia de otros sapitos, a Sapito Hulk le encantaba saltar grandes distancias y había soñado muchos días y noches con poder volar alto, tan alto que pudiera tocar las nubes.
Cada mañana, Sapito Hulk se despertaba en su charco fresco, chapoteaba un poco y miraba al cielo azul. «¡Quisiera poder volar y tocar las nubes!», decía con una sonrisa. Y no solo eso, soñaba con algo aún más grande: quería rescatar a la princesa Luna, una princesa muy especial que vivía en las nubes. Luna no era una princesa común; tenía el cabello plateado que brillaba como la luna llena y sus ojos eran tan azules como el cielo. Pero la princesa Luna estaba atrapada en una nube porque un terrible dragón la tenía prisionera.
El dragón malvado, de grandes alas negras y un fuego muy caliente, cuidaba que nadie llegara hasta la princesa. En el pueblo del bosque, todos hablaban del dragón y tenían miedo de acercarse a las nubes, porque sabían que él cuidaba que nadie rescatara a Luna.
Un día, mientras Sapito Hulk saltaba cerca del tronco de un árbol gigante, escuchó un susurro muy suave. “¡Sapito Hulk, eres el único que puede salvarme!”, decía una vocecita. Sorprendido, miró hacia arriba y vio una pequeña luciérnaga llamada Luz. Luz era muy brillante y tenía alitas transparentes que podían iluminar la noche. “Princesa Luna me llamó para pedir ayuda. Ella está atrapada en la nube de la montaña larga, y el dragón la cuida muy bien”, explicó Luz revoloteando cerca de Sapito Hulk.
Sapito Hulk se sintió valiente y fuerte. “¡No te preocupes, Luna! ¡Yo iré a rescatarte!”, dijo con determinación. Pero luego miró hacia el cielo y pensó: ¿cómo voy a volar hasta allá? Entonces Luz le dijo: “Tengo un plan mágico. Con mi luz especial, y con tu fuerza, podremos elevarnos y saltar tan alto que llegaremos a la nube donde está la princesa.”
Sapito Hulk y Luz empezaron su entrenamiento. Primero, Sapito Hulk practicaba saltos súper grandes mientras Luz volaba a su alrededor y lo iluminaba. Día tras día crecían su fuerza y su amistad. Una noche, cuando la luna estaba en lo alto y brillaba mucho, Sapito Hulk sintió que era el momento.
“Voy a saltar muy alto, Luz. ¡Tráeme la luz mágica!”, dijo el sapito. Luz desprendió un rayo muy brillante y envolvió a Sapito Hulk. De repente, Sapito Hulk sintió que se hacía más ligero y con un gran salto empezó a subir, subir y subir hacia el cielo, hasta llegar a las esponjosas nubes blanco-azules donde estaba la princesa Luna.
Pero, justo cuando llegó, el dragón malvado apareció volando con sus alas enormes y lanzó una nube de humo y fuego. Sapito Hulk no tenía miedo. Respiró profundo, se infló sus músculos y saltó más fuerte que nunca. “¡No dejaré que lastimes a la princesa Luna!”, gritó Sapito Hulk.
El dragón lanzó su fuego, pero Luz usó su luz para esconder a Sapito Hulk y a Luna en un brillo. Sapito Hulk aprovechó para saltar y alcanzar una rama de un árbol que había crecido mágicamente en la nube. Con mucha valentía entregó a la princesa la mano. “Ven conmigo, princesa, te llevaré a casa”, dijo con cariño.
La princesa Luna sonrió y dijo: “Gracias, Sapito Hulk. Siempre soñé con alguien con un corazón tan grande para salvarme.” Entonces, con la ayuda de Luz, Sapito Hulk y Luna saltaron juntos hacia abajo, de nube en nube, hasta llegar al bosque. El dragón malvado rugió y trató de seguirlos, pero al ver que no podía atraparlos, se alejó volando, dejando que la luz de la luna y la amistad brillaran en el cielo.
Cuando llegaron al charco donde vivía Sapito Hulk, todos los animalitos habían salido para ver a la princesa. “¡Bienvenida, princesa Luna!”, dijeron con alegría los conejitos, los pajaritos y hasta los pequeños insectos que formaban una ronda de aplausos.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.