En un pequeño pueblo rodeado de montañas, vivía una niña llamada Sofía. Era una niña alegre y soñadora que adoraba la Navidad. Le encantaba decorar el árbol con luces brillantes y hacer galletas de jengibre con su familia. Sin embargo, lo que más le gustaba era escuchar las historias que el abuelo Pedro contaba junto a la chimenea. Pedro, cariñosamente llamado San Pedro por su familia, era un anciano de corazón cálido que siempre sabía cómo emocionar a Sofía con relatos fantásticos que despertaban su imaginación.
Una fría mañana de diciembre, mientras la nieve cubría el suelo como un suave manto blanco, Sofía tuvo una idea maravillosa: «¿Y si este año podría ayudar a crear una Navidad mágica?». Su corazón latía con fuerza mientras pensaba en cómo podría hacer que esa Navidad fuera especial no solo para ella, sino también para otros niños del pueblo que quizás no tendrían el mismo privilegio de celebrar. Con esa idea en mente, Sofía decidió visitar a su abuelo.
—Abuelo, ¿puedes contarme más sobre el Taller de los Sueños Navideños? —preguntó Sofía con los ojos brillando de emoción.
San Pedro miró a su nieta con una sonrisa cómplice. Sabía que su historia favorita era sobre un taller mágico donde los sueños eran fabricados. Sin embargo, no se limitó a contarle la historia. Esa mañana, se atrevió a revelarle un secreto.
—Sofía —dijo su abuelo con voz suave—, quiero que sepas que el Taller de los Sueños existe de verdad. Se encuentra en lo más alto de una montaña nevada, donde las estrellas parecen rozar las copas de los árboles. Solo es accesible por aquellos que realmente creen en la magia de la Navidad.
Sofía se quedó boquiabierta. Su corazón palpitaría de emoción y curiosidad. ¿Cómo podría llegar hasta ese lugar mágico? ¿Acaso ella tendría la valentía de buscarlo?
—¿Y cómo puedo llegar allí, abuelo? —preguntó, casi en un susurro.
—Hay un camino secreto que aparece solo la noche más clara de diciembre. Debes salir después de la cena, cuando las estrellas brillen más intensamente. Lleva contigo tu corazón lleno de amor y, con un poco de suerte, el Taller de los Sueños te mostrará el camino —respondió San Pedro.
La noche de Navidad llegó y la familia de Sofía estaba reunida alrededor de la mesa, disfrutando de una deliciosa cena. Pero en el fondo de su corazón, Sofía sabía que su destino estaba más allá del calor del hogar familiar y que debía seguir su anhelo de conocer el Taller de los Sueños.
Una vez que la cena terminó y la familia se acomodó en el sofá para disfrutar de las historias de su abuelo, Sofía decidió que era momento. Esperó un rato, hasta que sus padres se distrajeron en una conversación, luego se deslizó hacia afuera, respirando el aire frío y fresco de la noche. Miró hacia el cielo y las estrellas brillaban como diamantes.
Sofía comenzó a caminar hacia el bosque, siguiendo el camino que le había descrito su abuelo. Caminó con paso decidido, sintiendo que cada paso la acercaba a algo único. De repente, un destello iluminó el camino y, ante sus ojos, apareció un dragón pequeño, de escamas doradas y suaves.
—¿Quién eres? —preguntó Sofía, asombrada pero sin miedo.
—Soy Drago, el guardián de los sueños. He estado esperando a alguien que desee conocer el Taller de los Sueños —respondió el dragón con una voz suave y melodiosa.
—¡Eso soy yo! ¡Quiero encontrar el Taller y ayudar a otros niños a tener una Navidad mágica! —exclamó Sofía con entusiasmo.
—Entonces, sígueme —dijo Drago, agitando sus alas luminosas. Empezaron a volar juntos, y Sofía sintió el viento en su rostro mientras se elevaban por encima de los árboles. El paisaje se volvió mágico, lleno de luces brillantes y colores vibrantes que nunca antes había visto.
Cuando finalmente llegaron a la cima de la montaña, Sofía se encontró ante una puerta tallada en hojas doradas. Drago respiró hondo y la puerta se abrió, revelando un interior lleno de juguetes, luces y risas. Era el Taller de los Sueños, y el sonido de la alegría llenaba el aire.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.