Cuentos de Fantasía

La Aventura de los Cinco en el Pueblo del Mencey Ico

Lectura para 2 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Había una vez cinco chicos muy alegres que se llamaban Aday, Bentor, Cathaisa, Dácil y Echedey. Un día soleado, decidieron ir juntos a pasear por un lugar mágico llamado Candelaria. Era un lugar lleno de árboles grandes, flores de muchos colores y con un aire fresco que hacía que todos quisieran respirar profundo y sonreír. Mientras caminaban, cantaban canciones fáciles y reían mucho porque estaban muy contentos de estar juntos.

De repente, al doblar una curva, los cinco vieron a un hombre que parecía muy sabio y amable. Tenía una corona hecha de hojas de laurel y una túnica con dibujos de soles y estrellas. Él sonrió y les dijo su nombre: “Soy el Mencey Ico, el cuidador de este pueblo hermoso. ¿Quieren venir conmigo y conocer mi pueblo mágico? Aquí van a aprender cosas muy bonitas y divertidas”. Los chicos, curiosos y emocionados, dijeron que sí muy rápido.

El Mencey Ico los llevó por un camino que estaba cubierto de pétalos de flores suaves y brillantes. Mientras caminaban, les fue contando pequeñas historias sobre su pueblo. “Este lugar es muy especial porque aquí viven muchos cuentos que parecen reales, con personajes que tienen magia de verdad”, explicó con voz dulce y tranquila. Aday, que era el más pequeño, miraba a su alrededor con ojos grandes y sonriendo porque todo se veía muy bonito y nuevo.

Llegaron a una plaza grande con piedras que contaban historias si las tocabas. Bentor fue el primero en tocar una y escuchó un susurro que decía: “Aquí comienzan las aventuras”. Cathaisa quiso tocar otra que brillaba en azul y entonces escuchó un cuento sobre un dragón que cuida un tesoro lleno de risas. Dácil y Echedey jugaban alrededor de las flores que también parecían bailar al ritmo del viento. El Mencey Ico les dijo: “Cada piedra y cada flor tiene algo mágico. Si abren bien los ojos y el corazón, podrán descubrir muchas cosas lindas durante este curso nuevo que empieza”.

Los cinco amigos estaban muy felices porque esa aventura era diferente a todas las que habían vivido. Caminaron un poco más y vieron una casa hecha de madera y hojas, donde vivía una abuela llamada Abuela Nivaria. Ella tenía un bolso lleno de cuentos para contar antes de dormir y les invitó a sentarse a escuchar. “Estos cuentos son para niños como ustedes, que están aprendiendo a ver la magia del mundo”, dijo con una sonrisa llena de cariño.

Abuela Nivaria empezó a contar un cuento sobre estrellas que bajaban del cielo por la noche para jugar con los niños. Aday cerró los ojos y soñó con esas estrellas que cantaban canciones suaves. Bentor y Cathaisa querían saber más, así que la abuela les dijo que podían inventar sus propios cuentos, llenos de imaginación y fantasía, y que eso era tan bonito como escuchar los cuentos de antes.

Luego, el Mencey Ico llevó a los cinco a un jardín donde crecían frutas que cambiaban de sabor. Cada chico pudo probar una fruta mágica diferente. Dácil comió una fruta que sabía a caramelo y Echedey una que sabía a naranja con miel. “Esta fruta les ayuda a tener energía para aprender y soñar”, explicó el mencey mientras ellos reían y saboreaban esos sabores especiales.

Mientras paseaban por el pueblo, vieron que había muchos niños como ellos, jugando, aprendiendo y contando historias. Cathaisa encontró una pluma que podía escribir sola, y con ella dibujó un sol que iluminó todo alrededor. Los cinco amigos entendieron que ese lugar era un sitio donde la imaginación podía crecer grande y fuerte, como un árbol que da sombra y frutos dulces.

El Mencey Ico les explicó que ese nuevo curso era especial porque iban a aprender no solo números y letras, sino también a cuidar el mundo, a ser amables con los demás y a querer la naturaleza que los rodeaba. “Cada día es una aventura si miran con ojos abiertos y corazón alegre”, les dijo. Los chicos asintieron, prometiendo que serían muy buenos amigos y compartían todo lo que aprendieran.

Antes de despedirse, el Mencey Ico les regaló unas pequeñas piedras de colores que brillaban con la luz del sol. “Estas piedras llevan un poquito de magia para que recuerden siempre que su imaginación es una llave para abrir puertas a mundos maravillosos”. Los cinco se abrazaron muy fuerte y agradecieron al mencey por ese día tan especial.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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