Cuentos de Fantasía

La Biblioteca de los Sueños

Lectura para 10 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Sofía caminaba por el pasillo de su casa con una sensación extraña en el pecho. Tenía 11 años, y a menudo se sentía como si estuviera atrapada en un mundo donde no encajaba del todo. Sus amigos parecían saber qué querían hacer en la vida, pero Sofía no. No sabía qué la hacía feliz, ni qué la inspiraba. Sus sueños se sentían difusos, como algo borroso que se escapaba entre sus dedos cada vez que intentaba alcanzarlos. Cada noche, cuando se acostaba, pensaba en el futuro, pero los pensamientos solo la llenaban de incertidumbre.

Una noche, mientras la lluvia golpeaba suavemente las ventanas de su habitación, Sofía vio algo extraño. En su escritorio, un libro que nunca había visto antes estaba abierto. Se acercó cautelosamente y vio que el título decía: «La Biblioteca de los Sueños». Curiosa, lo tocó, y de repente, el aire a su alrededor cambió. La habitación desapareció y, en su lugar, apareció un vasto espacio lleno de estanterías gigantescas que se extendían hasta donde la vista alcanzaba. Los libros flotaban, brillando con luces doradas y plateadas. Sofía estaba en un lugar completamente diferente, un lugar que parecía salido de un sueño.

Antes de que pudiera reaccionar, una figura apareció ante ella. Era un hombre anciano, vestido con una capa oscura, y llevaba un bastón largo. Su rostro estaba cubierto por una barba gris y su mirada transmitía sabiduría y calma.

—Bienvenida, Sofía —dijo con voz profunda—. Soy el Guardián de los Sueños, y has llegado a la Biblioteca de los Sueños. Aquí, podrás encontrar respuestas a todas las preguntas que tienes en tu corazón.

Sofía lo miró, sorprendida y confundida. No sabía si debía sentirse asustada o emocionada.

—¿La Biblioteca de los Sueños? —preguntó, intentando comprender lo que estaba sucediendo.

El Guardián asintió y levantó su bastón, señalando los innumerables libros flotantes alrededor.

—Cada libro aquí contiene los sueños de todas las personas del mundo, sueños pasados, presentes y futuros. Y en cada uno de esos sueños, puedes encontrar algo que te ayudará a descubrir quién eres y lo que realmente deseas en la vida.

Sofía observó los libros brillando, cada uno con una luz única que parecía llamar su atención. Era un lugar lleno de magia y posibilidades, pero también de misterio. Algo en su interior le decía que este lugar era la clave para entender lo que había estado buscando.

—¿Cómo puedo encontrar mi propio sueño? —preguntó Sofía, mirando al Guardián.

El Guardián sonrió amablemente.

—Para encontrar tu sueño, primero debes enfrentarte a tus miedos y dudas. Debes entender que los sueños no son solo lo que deseas, sino también lo que temes. Debes aprender a conocerte a ti misma. Y para eso, te ayudaré a descubrir a los Sueños, los personajes abstractos que habitan esta Biblioteca.

Sofía sintió una mezcla de emoción y nervios. ¿Cómo podía enfrentarse a sus miedos y dudas? ¿Qué era lo que realmente debía aprender sobre sí misma?

El Guardián levantó nuevamente su bastón y, de repente, un grupo de figuras etéreas apareció a su alrededor. Eran formas brillantes, con luces que cambiaban de color. Algunas eran pequeñas y rápidas, mientras que otras eran grandes y majestuosas. Estas figuras representaban los Sueños: fragmentos de lo que alguna vez fue, lo que podría ser, y lo que podría llegar a ser.

—Estos son los Sueños —dijo el Guardián, señalando las figuras—. Cada uno tiene una lección para ti. Los sueños no son solo deseos, Sofía, son también desafíos, y cada uno te enseñará algo que necesitas entender para continuar tu viaje.

Sofía observó a los Sueños, fascinada. Uno de ellos, más grande que los demás, se acercó a ella. Su forma era ondulada, como una nube de luz dorada, y tenía una voz suave pero firme.

—Soy el Sueño del Miedo —dijo—. Vengo a mostrarte lo que te impide avanzar, lo que te detiene. Soy el miedo a no ser suficiente, a no lograr lo que deseas. Pero no soy tu enemigo, Sofía. Solo soy un desafío que debes superar.

Sofía sintió un escalofrío, pero en lugar de alejarse, dio un paso hacia el Sueño del Miedo. Al hacerlo, algo extraño sucedió. El miedo ya no parecía tan aterrador. Era solo una sombra que ella podía enfrentar.

—Tienes razón —dijo Sofía, sorprendida por su propia valentía—. El miedo solo existe cuando dejo que controle mis pensamientos.

El Sueño del Miedo desapareció en una explosión de luz suave, y otro sueño se acercó. Esta vez, era una figura que emanaba una luz azul tranquila. Tenía una sonrisa en su rostro.

—Soy el Sueño de la Esperanza —dijo—. Vengo a mostrarte lo que es posible. A veces, los sueños parecen lejanos, pero la esperanza siempre está allí para guiarnos, incluso cuando no vemos el camino.

Sofía miró al Sueño de la Esperanza, y de repente, todo a su alrededor comenzó a brillar con un resplandor cálido. Ella se sintió más fuerte, más segura de sí misma. Entendió que, aunque el camino hacia sus sueños podría ser difícil, siempre habría algo que la guiara.

—Gracias —dijo Sofía con una sonrisa.

Finalmente, el último sueño se acercó. Era una figura pequeña, casi invisible, pero su presencia era poderosa. Era el Sueño de la Autocomprensión.

—Soy el Sueño de la Autocomprensión —dijo la figura—. Te mostraré lo que realmente deseas, lo que hay en lo más profundo de tu corazón. Lo que has buscado siempre, pero que no habías podido reconocer hasta ahora.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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