Cuentos de Fantasía

La Fruta de la Amistad Crece en el Jardín del Colegio

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Había una vez, en un colegio muy especial rodeado de flores y árboles mágicos, cuatro frutas que eran nuevas en el lugar. Ellas no eran frutas comunes, sino frutas con vida y con sentimientos muy grandes. Fresita, una pequeña y dulce fresa con ojos brillantes y una sonrisa dulce, llegó un día con su vestido de color rojo y un lindo cabello verde. Platanito, un plátano amarillo y curvado, con un sombrero amigable y una voz muy alegre, la acompañaba. También estaba Manzanita, una manzana roja y jugosa, que tenía ganas de conocer a todos porque era muy curiosa. Por último, Mandarinita, una mandarina con una piel brillante y un carácter dulce pero tímido, caminaba despacito detrás de sus nuevos amigos.

Estos cuatro amigos recién llegados se veían muy contentos, pero en su corazón sentían que aún les faltaba algo muy importante: tener amigos con quienes jugar y compartir sus aventuras. Al principio, en el colegio, todos los niños y otros personajes parecían estar ocupados en sus juegos o en sus tareas, y nadie se acercaba a ellos. Fresita intentaba sonreír y decir “hola” a los otros, pero sus voces parecían no ser escuchadas. Platanito quería contar chistes para hacer reír a otros, pero nadie le prestaba atención. Manzanita miraba con curiosidad cómo los demás jugaban en el parque, y Mandarinita, un poco tímida, se quedaba siempre un poco atrás, escondida tras el árbol.

Un día soleado, mientras los rayos del sol iluminaban el jardín del colegio, Fresita decidió que ella y sus amigos podían hacer algo especial para hacer nuevos amigos. “¿Y si jugamos juntos? Tal vez así otros niños quieran jugar con nosotros,” dijo Fresita con esperanza en su voz. Platanito, con una gran sonrisa, dijo: “¡Sí! Podemos inventar un juego que nadie haya jugado antes.” Manzanita asintió emocionada y Mandarinita, aunque nerviosa, se animó un poquito.

Entonces, empezaron a pensar en un juego. Platanito propuso que fuera un juego de esconderse y buscar, pero con un toque mágico. “¿Y si usamos las hojas de los árboles y flores para escondernos? ¡Será divertido!”, dijo él entusiasmado. Fresita agregó que podrían hacer que las hojas brillaran un poco, porque en el jardín mágico podían pasar cosas maravillosas. Manzanita dijo que podría contar el tiempo para que los otros se escondieran, y Mandarinita, con una voz suave, sugirió que todos se turnaran para ser los que buscan.

Así, comenzó el juego en el jardín del colegio. Al principio, los demás niños miraban curiosos desde la distancia. Pero cuando vieron cómo las hojas brillaban y cómo Platanito usaba sus graciosos movimientos para esconderse, comenzaron a acercarse. Fresita, con su risa contagiosa, animaba a todos a jugar, y Manzanita, cuidando que nadie se perdiera, les ayudaba a encontrar los escondites. Mandarinita, aunque aún tímida, sonaba muy divertida cuando contaba “uno, dos, tres…” tan fuerte como podía.

Poco a poco, los niños se animaron a unirse. Uno tras otro comenzaron a buscar sus mejores escondites, y entre risas y carreras, todos se divirtieron mucho. Los colores del jardín se veían más vivos, como si la magia hubiera despertado por la alegría de compartir. Al final del juego, estaban todos cansados pero muy contentos.

Desde ese día, Fresita, Platanito, Manzanita y Mandarinita dejaron de sentirse solos, porque habían descubierto que jugando juntos y abriéndose a los demás, podían hacer muchos amigos. Los niños y otros personajes del colegio aprendieron que no importa si alguien es nuevo o diferente, lo que importa es compartir momentos felices y jugar con el corazón abierto.

Una tarde, mientras el sol se escondía detrás de las montañas y el cielo se pintaba de colores rosados y naranjas, los cuatro amigos frutas se sentaron bajo un gran árbol frondoso del jardín. Miraron cómo las estrellas comenzaban a brillaban, y comprendieron que en ese lugar había crecido algo muy especial: una amistad llena de magia y cariño. Se abrazaron y prometieron que siempre, aunque fueran frutas pequeñas o diferentes, estarían juntos para cuidar su amistad y hacer que el colegio fuera un lugar donde todos fueran bienvenidos.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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