Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de colinas verdes y cielos despejados, una niña llamada Sandra. Ella tenía ocho años, como tú, y una curiosidad inmensa por todo lo que había más allá de las nubes. Sandra soñaba con viajar a las estrellas, con descubrir qué misterios escondía el espacio infinito que podía ver todas las noches desde su ventana.
Una tarde, mientras recogía flores silvestres cerca del bosque, encontró un objeto muy extraño. Era una piedra brillante, pero no como cualquier piedra común. Esta resplandecía con un color azul que parecía moverse y cambiar cada vez que la miraba. Intrigada, la llevó con cuidado a su casa y la guardó en un cajón cerca de su escritorio. Esa noche, cuando salió a mirar el cielo, la piedra comenzó a brillar cada vez más fuerte, iluminando la habitación con una luz suave y mágica.
De repente, la piedra empezó a brillar tanto que Sandra sintió una brisa cálida a su alrededor y, sin darse cuenta, fue envuelta en un brillo brillante. Cuando abrió los ojos, ya no estaba en su habitación sino flotando entre estrellas y planetas luminiscentes.
Al principio, sintió miedo, pero luego apareció ante ella una figura luminosa que parecía un hada, con alas transparentes y destellos plateados. “Hola, Sandra,” dijo la figura con una voz dulce y suave. “Soy Astria, el guardián del espacio mágico. Has encontrado la piedra de los deseos, y por eso ahora puedes viajar conmigo a donde tú quieras en el universo”.
Sandra parpadeó sorprendida, su corazón latía con fuerza por la emoción. “¿De verdad puedo visitar las estrellas y conocer planetas mágicos?” preguntó con una sonrisa enorme.
“Claro que sí”, respondió Astria. “Solo tienes que dejarte llevar por la maravilla y confiar en el misterio. Ven, te mostraré lo que hay más allá de tu imaginación”.
Así comenzaron sus aventuras. Primero, llegaron a un planeta cubierto de jardines florecientes que brillaban en la oscuridad, como si cada hoja fuera una luciérnaga. Allí, Sandra conoció a Lumina, una niña con cabellos hechos de rayos de sol y ojos que reflejaban colores cambiantes. Lumina tenía el don especial de cuidar las flores eternas que daban luz y alegría al planeta.
“Ven conmigo,” dijo Lumina, tomando la mano de Sandra. Juntas se adentraron en el bosque brillante donde escucharon la música del viento, que parecía estar cantando una canción secreta. Lumina le explicó que ese lugar tenía una magia antigua que ayudaba a los seres del universo a encontrar la esperanza incluso en los días más oscuros.
Después de despedirse con un abrazo lleno de luz, Astria llevó a Sandra a otro tiempo y espacio, a un planeta cubierto completamente de agua azul y profundo. Allí conocieron a Orion, un niño valiente que vivía en una ciudad sumergida rodeada de animales marinos que podían hablar. Orion tenía una cola de pez y sonrisa amable; le enseñó a Sandra cómo podían comunicarse con las ballenas gigantes y los delfines amistosos.
“Cada criatura aquí tiene una historia que contar,” dijo Orion mientras nadaban juntos entre coral y burbujas luminosas. “El océano es un lugar lleno de misterios y magia, donde la amistad se siente tan profunda como el agua misma”.
Sandra escuchaba fascinada los relatos de Orion sobre las estrellas reflejadas en el mar y cómo cada una conectaba con un sueño de un ser vivo en el universo. Astria les sonrió y recordó que el espacio está lleno de historias que todos podemos descubrir si miramos con el corazón abierto.
Continuaron su viaje y llegaron a un lugar que parecía un gigantesco castillo flotante hecho de cristal y nubes. Allí conocieron a Zephyr, un joven con alas de viento que podía moverse con la rapidez de una brisa y cambiar la dirección del aire con un simple gesto.
Zephyr les invitó a bailar entre torres que brillaban bajo la luz dorada de un sol lejano y contarles sobre el poder de la imaginación para crear mundos nuevos. “Nunca olviden que la fantasía es la llave para abrir las puertas del misterio,” dijo con una sonrisa.
Sandra sentía que cada nuevo amigo que encontraba le mostraba algo importante sobre la vida y el universo. Aprendió que más allá de las estrellas no sólo había planetas y luces, sino también sueños, recuerdos, valentía, y sobre todo, magia.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.