En la pequeña y ficticia localidad de South Park, Colorado, vivían cuatro chicos que formaban un grupo muy peculiar: Stan Marsh, Kyle Broflovski, Eric Cartman y Kenny McCormick. Cada día para ellos era una nueva aventura llena de risas, problemas y situaciones inverosímiles que solo podían ocurrir en este pintoresco lugar.
Stan Marsh era el líder natural del grupo. Era un chico maduro y sensato para su edad, siempre tratando de mantener la cordura en medio del caos que solían generar sus amigos. Con su característico gorro con un pompón rojo, Stan intentaba mediar en las discusiones y buscar soluciones a los problemas que enfrentaban.
Kyle Broflovski, el ingenioso niño judío del grupo, llevaba un gorro ushanka verde y siempre estaba dispuesto a defender lo que creía justo, especialmente cuando se trataba de contradecir a Cartman. Kyle y Cartman tenían una relación complicada; aunque eran amigos, Cartman siempre encontraba la manera de hacerle la vida imposible a Kyle con sus comentarios racistas y antisemitas.
Eric Cartman, el antagonista del grupo, era conocido por ser uno de los personajes más odiosos de todos los tiempos. Era egoísta, malcriado, racista, xenófobo y antisemita, y parecía disfrutar haciendo sufrir a los demás, especialmente a Kyle. Con su sobrepeso y su gorro azul con un pompón amarillo, Cartman representaba muchos de los estereotipos negativos de un estadounidense, y sus travesuras solían ser la causa principal de los problemas en el grupo.
Por último, estaba Kenny McCormick, el chico pobre del grupo que siempre llevaba una parka naranja con la capucha tan cerrada que apenas se le entendía cuando hablaba. Kenny tenía la peculiaridad de morir en casi todos los capítulos de la historia, solo para revivir en el siguiente. Sus muertes eran siempre ridículas y exageradas, y a menudo terminaban con Stan gritando: «¡Han matado a Kenny!» y Kyle respondiendo: «¡Serán [email protected]!»
Un día, los cuatro amigos decidieron que era el momento de hacer algo diferente y emocionante. Después de todo, South Park no era un lugar común y corriente, y siempre había algo extraño y divertido que hacer. Mientras estaban en el patio de recreo de la escuela, Cartman propuso que fueran a buscar el supuesto tesoro escondido del viejo minero McGraw, una leyenda urbana que había circulado en el pueblo durante años.
—Vamos, chicos, será divertido. Además, necesito ese tesoro para comprar más pasteles de chocolate —dijo Cartman, relamiéndose los labios.
—Cartman, solo piensas en ti mismo. ¿Qué pasa si el tesoro ni siquiera existe? —respondió Kyle, cruzando los brazos.
—¡No seas aguafiestas, Kyle! —exclamó Stan—. Podría ser una buena aventura, y si no encontramos nada, al menos pasaremos el rato.
Kenny, como siempre, murmuró algo ininteligible desde dentro de su parka, pero sus amigos lo entendieron perfectamente. Estaba de acuerdo en seguir la idea.
Así que, con mochilas llenas de bocadillos y linternas, los cuatro chicos se dirigieron a las montañas cercanas a South Park, donde se decía que el viejo minero McGraw había escondido su tesoro antes de desaparecer misteriosamente. El sendero hacia las montañas era empinado y lleno de obstáculos, pero eso no desanimó a los chicos.
—¿Cuánto falta, Cartman? —preguntó Kyle después de una hora de caminar cuesta arriba.
—Solo un poco más. El mapa que conseguí en internet dice que estamos cerca —respondió Cartman, mirando un trozo de papel arrugado.
—¿En serio? ¿Te fías de un mapa que encontraste en internet? —se quejó Kyle.
—Sí, y si no encontramos nada, te lo haré pagar, judío —gruñó Cartman.
Stan, tratando de mantener la paz, sugirió que tomaran un descanso. Mientras se sentaban a comer sus bocadillos, Cartman continuó examinando el mapa con determinación.
Después de un breve descanso, los chicos siguieron adelante. Pasaron por un denso bosque, cruzaron un río utilizando un viejo tronco como puente y finalmente llegaron a la entrada de una cueva oscura y misteriosa.
—Esta debe ser la cueva del viejo McGraw —dijo Stan, encendiendo su linterna.
—Seguro que hay murciélagos y ratas ahí dentro —comentó Kyle con una mueca.
—No seas gallina, Kyle. Vamos a encontrar ese tesoro —dijo Cartman, tomando la delantera.
Kenny murmuró algo que sonó a «esto no va a terminar bien», pero lo siguieron de todos modos. La cueva era fría y húmeda, y cada paso resonaba en la oscuridad. Los chicos avanzaban con cautela, iluminando el camino con sus linternas.
De repente, Kenny tropezó con algo y cayó al suelo. Stan iluminó el área y vio que era una vieja caja de madera.
—¡Chicos, miren esto! —exclamó Stan emocionado.
Cartman corrió hacia la caja y comenzó a abrirla ansiosamente. Dentro encontraron un montón de objetos viejos y oxidados: herramientas mineras, monedas antiguas y un diario.
—¡Ja! ¿Ves, Kyle? Te dije que encontraríamos algo —dijo Cartman, triunfante.
Kyle tomó el diario y comenzó a leer en voz alta. El diario narraba la vida del viejo McGraw y cómo había encontrado una veta de oro en las montañas, pero también hablaba de una maldición que caería sobre cualquiera que intentara llevarse el tesoro.
—Esto suena peligroso —comentó Kyle—. Tal vez deberíamos dejar todo aquí y salir de la cueva.




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