En un rincón mágico del barrio San Luminoso, donde las casas parecen pintadas con los colores del arcoíris y los jardines siempre están en flor, vivían dos hermanos, Ana y Óscar. Ana, con su cabello castaño siempre despeinado, era el más aventurero de los dos. Óscar, un año menor que Ana, prefería los libros y los puzzles, pero nunca se resistía a una buena aventura si su hermana estaba involucrada.
Un soleado sábado de verano, mientras los pájaros cantaban alegremente y una brisa suave soplaba, Ana y Óscar decidieron que era el día perfecto para inaugurar la temporada de piscina en su casa. Óscar, que había estado leyendo sobre criaturas marinas fantásticas, bromeó con Ana sobre encontrar un monstruo en su piscina. Ana, con una risa contagiosa, prometió que si encontraban uno, lo invitarían a merendar.
Mientras preparaban todo para un día de chapoteos y juegos acuáticos, una niña nueva en el barrio, llamada Carla, pasaba por su casa. Carla, con su cabello rubio casi blanco y su curiosidad insaciable, se detuvo a mirar a través de la valla. Ana, siempre entusiasta por hacer nuevos amigos, la invitó a unirse a ellos.
«¡Hola! Soy Ana y él es mi hermano Óscar. ¿Quieres nadar con nosotros?» preguntó Ana con una sonrisa amistosa.
Carla, un poco tímida al principio, asintió con emoción. «Me encantaría, gracias. Soy Carla, acabo de mudarme aquí.»
Con la nueva amistad formándose rápidamente, los tres niños saltaron a la piscina, riendo y salpicando. Pero lo que parecía ser un día normal de verano pronto se convirtió en una aventura que nunca olvidarían. Mientras jugaban, el agua comenzó a girar lentamente en un remolino que no había estado allí antes. Los niños, sorprendidos pero emocionados, observaron cómo el remolino crecía, y de él emergió un monstruo de ojos grandes y verdes, con una sonrisa amigable.
«¡Hola! Soy Murblo, el guardián de las aguas secretas. Veo que han despertado la puerta acuática,» dijo el monstruo con una voz que sonaba como el murmullo de un río.
Ana, Óscar y Carla, aunque inicialmente asustados, pronto se dieron cuenta de que Murblo no tenía intenciones maliciosas. La curiosidad superó el miedo, y Óscar, con cautela, preguntó, «¿Una puerta acuática? ¿Qué es eso?»
«Es un portal entre su mundo y el mío. Normalmente está oculto, pero la alegría y la risa de los niños pueden despertarlo. Vengo en paz y solo deseo compartir historias y juegos,» explicó Murblo.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.