Inés, Claudia y Carla eran tres primitas inseparables. Aunque tenían gustos diferentes, había algo que las unía más que nada: su amor por los videojuegos. Aquella tarde lluviosa, mientras buscaban algo nuevo para jugar, Claudia encontró una misteriosa caja con un control antiguo en el fondo del armario de su abuelo. En la caja, había un juego que ninguna de ellas conocía, llamado “Mundo Bloqueado”. Sin pensarlo dos veces, decidieron probarlo.
Cuando prendieron la consola y empezaron a jugar, de repente, una luz brillante las envolvió y, antes de que pudieran darse cuenta, ¡estaban dentro del mundo de Minecraft! Bueno, no exactamente el Minecraft que conocían, pero sí un lugar hecho de bloques, cubos y criaturas pixeladas, donde todo parecía sacado directamente del juego. Las tres primas se miraron sorprendidas, tratando de entender cómo habían terminado atrapadas ahí.
—¿¡Dónde estamos!? —exclamó Carla, mientras daba un pequeño salto para ver si el suelo estaba firme.
—¡Esto es increíble, parece Minecraft de verdad! —dijo Inés con los ojos abiertos como platos.
Claudia empezó a reír y preguntó —¡Chicas, alguien más piensa que esto parece la peor versión de Minecraft que hemos visto? Porque estos bloques no encajan ni para atrás.
De repente, un cerdo con un sombrero ridículo y una sonrisa enorme se les acercó trotando.
—¡Hola, primas humanas! —dijo el cerdo, cuyo nombre parecía ser Don Chanchito—. Necesito su ayuda urgentemente. El Cerdo Supremo está en peligro, y ustedes son las únicas que pueden salvarlo.
Las tres se miraron confundidas.
—¿Cerdo Supremo? ¿En peligro? —preguntó Inés.
—Sí —respondió Don Chanchito—. Los zombies del mundo bloqueado están planeando capturarlo y convertirlo en tocino para siempre. Necesitamos que lo salvemos antes de que eso pase.
Carla levantó una ceja —Esto suena como la peor misión en la historia de las misiones. ¿Por qué nosotros y no tú?
Don Chanchito sacudió su cabeza con expresión seria pero cómica —Porque soy un cerdo, y no puedo pelear. Mis poderes incluyen la simpatía y hacer oink muy adorable. ¡Pero no sirven para luchar!
Claudia suspiró y dijo —Bueno, si estamos atrapadas aquí, supongo que no hay de otra…
Antes de que pudieran protestar, el cerdo las llevó trotando por un bosque hecho de bloques verdes y árboles pixelados, con un aire tan absurdo que parecía una mezcla entre una fiesta de disfraces y una construcción defectuosa. En el camino, se les unió un extraño personaje llamado Bloky, un aldeano con una cabeza cuadrada que tenía la habilidad de hacer bromas muy malas.
—¿Por qué el zombie cruzó el camino? —preguntó Bloky sin más introducción —¡Para llegar a la otra dimensión! —dijo mientras se reía de su propio chiste y ellas rodaban los ojos.
—Perfecto, tenemos al cerdo adorable y al bromista molesto —susurró Inés mientras caminaban. —¿Qué más puede salir mal?
Mientras avanzaban, el grupo tuvo que enfrentar algunos desafíos, aunque en lugar de peligro real, parecían más situaciones ridículas y cómicas. Por ejemplo, chocaron con un Creeper que insistía en contarles chistes tan malos que hasta los zombies se tapaban las orejas.
—¿Qué le dijo el bloque de piedra a la pala? —preguntó el Creeper, que parecía feliz de molestar —¡Eres un desperdigador de polvo!
—¡Ay, por favor! —gritó Carla —¡Eso ni siquiera tiene sentido!
Pero las risas los ayudaron a relajarse, y finalmente llegaron al castillo del Cerdo Supremo, una gran estructura hecha completamente de bloques rosados y luminosos, donde el cerdo más grande y majestuoso de todos estaba atrapado en una jaula de hierro.
—¡Ahí está! —exclamó Don Chanchito —¡Tenemos que sacarlo antes de que los zombies lleguen!
Mientras se acercaban, un grupo de zombies malhumorados y con caras cuadradas apareció entre las sombras. Pero en lugar de atacar, comenzaron a bailar una versión espantosa y descoordinada del “Gangnam Style”. Las primas se miraron confundidas.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.