Cuentos para Colorear de Magia

La Varita Mágica de Sofía y Tomás

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Había una vez, en un pequeño pueblo, dos hermanos muy curiosos llamados Sofía y Tomás. Sofía era una niña con una larga coleta y siempre llevaba vestidos coloridos. Tomás, su hermano menor, tenía el cabello corto y siempre usaba camisetas y pantalones cortos. Ambos adoraban pasar sus tardes jugando en el jardín de su abuela, un lugar lleno de flores, árboles frondosos y muchas sorpresas.

Un día, mientras jugaban a las escondidas, Tomás tropezó con algo enterrado en la tierra. Era una caja pequeña y antigua, con un candado dorado. Llamó a Sofía, y juntos lograron abrir la caja. Dentro, encontraron una varita mágica, brillante y llena de estrellas doradas.

—¡Mira, Sofía! ¡Una varita mágica! —exclamó Tomás, emocionado.

—¡Es increíble! —respondió Sofía, con los ojos brillando de emoción—. Vamos a probarla.

Sin saber bien cómo funcionaba, Sofía agitó la varita y pronunció unas palabras que había visto en un libro de cuentos: «¡Abra cadabra, pata de cabra!» De repente, el osito de peluche que tenían cerca comenzó a moverse.

—¡Hola, niños! —dijo el osito de peluche, moviendo sus bracitos—. ¡Gracias por despertarme!

Sofía y Tomás no podían creer lo que veían. Los juguetes cobraban vida gracias a la varita mágica. Pronto, todos sus juguetes estaban saltando y jugando en el jardín. Había un cochecito que corría alrededor de los árboles, una muñeca que cantaba y bailaba, y un trenecito que hacía “chucu chucu” sin parar.

Los dos hermanos se divertían muchísimo viendo a sus juguetes cobrar vida y hacer cosas divertidas. Pero, después de un rato, decidieron que la magia no solo debía usarse para jugar, sino también para ayudar.

Al día siguiente, cuando su amigo Pedro llegó triste porque había perdido su cometa favorita, Sofía tuvo una idea.

—Tomás, vamos a usar la varita para encontrar la cometa de Pedro —dijo Sofía.

Con un movimiento de la varita y unas palabras mágicas, la cometa apareció volando suavemente desde un árbol cercano. Pedro estaba tan feliz que no podía dejar de agradecerles.

Otro día, mientras jugaban en el parque, vieron que la fuente de agua estaba rota y no salía agua. Muchos niños estaban tristes porque no podían refrescarse. Tomás entonces dijo:

—¡Sofía, usa la varita para arreglar la fuente!

Sofía agitó la varita y dijo: «¡Repara, repara, agua clara!» En ese instante, la fuente comenzó a funcionar de nuevo, lanzando agua fresca y cristalina. Todos los niños aplaudieron y se divirtieron bajo el agua.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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