Había una vez en un pequeño pueblo llamado Felicia, un niño llamado Juanito. Juanito no era un niño común y corriente. Aunque a simple vista parecía un niño normal, con su camiseta de colores vivos y sus pantalones cortos, tenía un gran secreto: era un superhéroe. Juanito había descubierto su poder especial un día mientras jugaba en el parque. Su habilidad era única y maravillosa: podía hablar con los gatos y tenía la agilidad y la fuerza necesarias para rescatar a los gatitos en apuros.
Desde ese día, Juanito decidió que usaría su poder para ayudar a todos los gatitos que se encontraran en problemas. Así nació su alter ego: Super Juanito, el héroe de los gatitos. Se puso una capa roja que su abuela le había tejido y una máscara azul que había hecho con la ayuda de su mamá. Todos los días, después de la escuela, Juanito patrullaba el pueblo en busca de gatitos que necesitaban su ayuda.
Un día, mientras paseaba por las calles de Felicia, escuchó un suave maullido que venía de un callejón. Juanito se acercó rápidamente y encontró a un pequeño gatito atrapado dentro de una caja de cartón. El gatito estaba asustado y no podía salir. Juanito se arrodilló y habló suavemente con el gatito.
—Hola, pequeño —dijo Juanito—. No te preocupes, te sacaré de aquí.
Con mucho cuidado, Juanito levantó la tapa de la caja y dejó que el gatito saliera. El pequeño felino, agradecido, se frotó contra sus piernas y maulló felizmente.
—Gracias, Super Juanito —dijo el gatito—. Me llamo Minino. Estaba tan asustado y no sabía cómo salir.
—No hay de qué, Minino —respondió Juanito con una sonrisa—. Siempre estaré aquí para ayudar a los gatitos en apuros.
Minino se fue corriendo alegremente y Juanito continuó su patrulla. No pasó mucho tiempo antes de que volviera a escuchar otro maullido. Esta vez venía de un gran árbol en el parque central. Juanito miró hacia arriba y vio a un gatito atigrado en una rama alta, temblando de miedo.
—¡No te preocupes, pequeño! —gritó Juanito—. ¡Voy a subir y te bajaré de ahí!
Con su increíble agilidad, Juanito trepó el árbol con facilidad. Cuando llegó a la rama donde estaba el gatito, se acercó con cuidado para no asustarlo más.
—Hola, amigo —dijo suavemente Juanito—. Me llamo Super Juanito. Estoy aquí para ayudarte.
El gatito, aliviado de ver a alguien que venía a rescatarlo, dejó que Juanito lo tomara en brazos. Con el gatito seguro en su abrazo, Juanito bajó del árbol y lo puso en el suelo.
—Gracias, Super Juanito —dijo el gatito, ronroneando—. Me llamo Rayas. Me subí al árbol porque estaba persiguiendo a una mariposa y luego tuve miedo de bajar.
—No te preocupes, Rayas —dijo Juanito—. Si alguna vez vuelves a tener miedo, solo llámame y estaré aquí para ayudarte.
Rayas se fue corriendo felizmente a jugar y Juanito continuó su misión. El sol estaba comenzando a ponerse cuando escuchó el maullido más fuerte que había escuchado en todo el día. Venía de un edificio abandonado en las afueras del pueblo. Juanito corrió hacia el lugar y, al llegar, vio a un grupo de gatitos atrapados dentro de una vieja bodega. Las puertas estaban cerradas con candado y no había forma de entrar.
Juanito sabía que necesitaba ayuda para esta misión. Usó su poder especial para llamar a todos los gatos del pueblo. En pocos minutos, llegaron Minino, Rayas y muchos otros gatitos que Juanito había rescatado anteriormente.
—Necesitamos encontrar una manera de abrir esta puerta y rescatar a los gatitos —dijo Juanito.
Minino, que era muy pequeño y ágil, encontró una pequeña abertura en la parte inferior de la puerta y logró colarse dentro. Desde el interior, empujó un viejo bloque de madera que mantenía la puerta cerrada. Con la ayuda de Rayas y los otros gatos, lograron abrir la puerta lo suficiente para que Juanito pudiera entrar.
Dentro de la bodega, Juanito encontró a tres gatitos asustados y temblorosos. Se acercó a ellos y les habló con voz calmada.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.