Cuentos de Princesas

La Princesa del Destino Imperial: Un Cuento de Amor y Poder en un Reino Lejano

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Había una vez, en un reino mágico muy lejano y hermoso cuya belleza parecía salida de un sueño, una pequeña bebé recién nacida llamada Princesa Nefertima. Ella era la hija única del Rey Mandarino y la Reina Amara, quienes gobernaban el Imperio de Luminaria con justicia y bondad. Desde el mismo momento en que la princesa abrió sus ojos brillantes como estrellas, sus padres supieron que algún día sería una gran Reina imperial, capaz de guiar a su pueblo con sabiduría y amor.

El reino de Luminaria era famoso no solo por sus castillos de cristal que reflejaban siempre la luz del sol en mil colores, sino también por sus jardines infinitos donde crecían las flores más fragantes y exóticas del mundo. Entre sus árboles frutales y lagos de agua cristalina, se escuchaban las risas de los niños jugando, los pájaros cantando melodías dulces y los habitantes del reino que vivían felices y en paz. Todo parecía un cuento de hadas hecho realidad.

Desde muy pequeña, Nefertima mostró ser una niña curiosa y llena de vida. A los nueve años, sus días transcurrían entre la biblioteca real y el jardín del palacio. La biblioteca era su lugar favorito; entre sus altas estanterías repletas de libros antiguos y nuevos, ella podía viajar a mundos lejanos sin salir de su habitación. Le gustaba leer cuentos de aventuras, historias mágicas y relatos de princesas valientes como ella soñaba ser algún día. También comenzó a escribir sus propias historias, con la intención de compartirlas algún día con los habitantes del reino.

Pero Nefertima no era solo una princesa estudiosa; también disfrutaba mucho jugar. Tenía una colección de muñecas de porcelana vestidas con trajes de otros tiempos, y cada tarde, en el salón principal, armaba con ellas fantásticas representaciones de sus cuentos favoritos. Además, tenía tres amigas muy queridas: Liora, una joven de cabello dorado y ojos risueños; Samira, intrépida y alegre; y Renata, calma y sabia para su edad. Juntas, inventaban juegos, escapadas secretas al bosque encantado detrás del castillo y soñaban con el futuro que les esperaba.

Con cada cumpleaños, Nefertima crecía y también su corazón, tan grande como el cielo infinito. Sus padres, el Rey Mandarino y la Reina Amara, le enseñaron no solo las artes del gobierno, sino también a ser amable con cada persona del reino, recordándole que un buen gobernante se distingue por la humildad y la empatía. Ella los escuchaba con atención, sintiendo en su interior que algún día, cuando le tocara asumir el trono, haría todo lo posible para que Luminaria siguiera siendo un lugar de magia y felicidad.

Sin embargo, el destino a veces es incierto y caprichoso. Cuando Nefertima cumplió quince años, algo terrible sucedió. Sus padres se encontraban en un viaje diplomático en un barco que navegaba hacia una tierra vecina. El viaje era importante para establecer nuevas alianzas, pero durante la travesía, una tormenta terrible azotó el mar, y el barco naufragó. A pesar de los esfuerzos de muchos, el Rey y la Reina no sobrevivieron. La noticia cayó como un relámpago en todo el reino: la tristeza llenó el castillo y los corazones de todos los habitantes. La joven princesa, ahora casi una adolescente, tuvo que enfrentar la pérdida más grande de su vida.

Durante esos días grises, Nefertima sintió miedo y desorientación. Los consejeros del reino se reunían constantemente para asegurarse de que el orden se mantuviera, pero todos esperaban que la princesa, con todo su valor y su nobleza, estuviera lista para tomar las riendas del Imperio. Fue entonces cuando la guardiana real, la señora Elara, quien había cuidado de la princesa desde que era un bebé, le habló con dulzura y firmeza:

—Mi querida Nefertima, sé que tu corazón está triste y tu alma cansada. Pero dentro de ti hay una luz fuerte y hermosa, como el sol que nunca se apaga. Ha llegado el momento de que te conviertas en la Reina imperial y guíes a nuestro pueblo hacia un futuro brillante. No estás sola; aquí estoy contigo, junto a tus amigas y todos los que te aman.

La princesa, con lágrimas en los ojos pero con una determinación que no conocía antes, asintió. Sabía que ella debía ser valiente, no solo por ella misma, sino por todo Luminaria.

La costumbre en el reino dictaba que, para mantener la sangre imperial pura y asegurar la estabilidad del imperio, la futura Reina debía casarse con un pariente cercano al linaje real, un joven príncipe que sería su compañero en el trono. Este hecho, aunque común, llenaba a Nefertima de incertidumbre; no conocía a aquel muchacho y no sabía si el amor podría crecer entre ellos. Sin embargo, entendía que era parte de su destino.

Así, poco después del funeral de sus padres, la princesa comenzó a prepararse para asumir su nuevo rol. Se concentró en aprender más sobre política, justicia y estrategia, pero nunca perdió su esencia amable ni la alegría que la caracterizaba. También pidió a la señora Elara que invitara a su futuro prometido para que pudieran conocerse.

El joven príncipe se llamaba Dariel. Era un muchacho alto, de ojos castaños profundos y sonrisa cálida. Su familia vivía en el castillo vecino de Aurorín, y había sido criado para cumplir con su deber real. A diferencia de otros jóvenes de su posición, Dariel soñaba con gobernar escuchando a su pueblo y con muchas ganas de aprender a ser un buen compañero y amigo.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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