Cuentos de Princesas

La Vida Soleada de Dos Ángeles Rubios en Madrid

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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En un barrio luminoso y alegre de Madrid vivían dos hermanos llamados Martín y Candela. Eran niños muy especiales, con cabellos rubios que brillaban al sol como dos rayos dorados. Martín tenía cinco años y Candela cuatro, y cada día al despertar miraban al cielo azul con entusiasmo, listos para vivir nuevas aventuras juntos. Pero antes de que el día comenzara, siempre recibían un abrazo fuerte y dulce de su mamá y su mami, quienes los querían mucho y cuidaban de ellos con todo el cariño del mundo.

Martín y Candela iban todos los días al cole, un lugar donde aprendían, reían y jugaban con sus amiguitos. Por ser dos ángeles rubios que se portaban muy bien, su maestra siempre les decía lo orgullosa que estaba de ellos. En la escuela, aprendían cuentos, colores, números y sobre todo, historias mágicas que les encantaban. Un día, en la clase de cuentos, la maestra les habló de princesas y castillos, aventuras maravillosas y momentos alegres. Martín susurró a Candela: “¡Me encantaría ser un príncipe y tú una princesa!”

Esa noche, en su cuarto lleno de dibujos y juguetes, Martín y Candela se acostaron con sus ojos brillantes de ilusión. Mamá y mami les contaron un cuento especial antes de dormir: un cuento de princesas con magia y felicidad. Así, poco a poco, la fantasía comenzó a llenar la habitación, trayendo en sus alas sueños dorados que llevarían a Martín y a Candela a vivir una aventura sin igual.

En el sueño, Martín y Candela se encontraron en un reino mágico llamado Solaria, un lugar donde el sol siempre brillaba y donde las flores cantaban canciones lindas. Martín llevaba una corona dorada y una capa suave, y Candela vestía un vestido brillante y una tiara que destellaba como estrellas. En ese reino no solo había castillos hermosos, sino también criaturas amables y amigos que ayudaban a todos los habitantes a ser felices.

Pero en Solaria, no todo era tranquilo. En una torre muy alta vivía la princesa Valeria, que necesitaba ayuda. Aunque era muy valiente y hermosa, estaba triste porque había perdido su risa. Sin su risa, el reino se sentía un poco apagado, como si el sol mismo hubiera decidido esconderse entre las nubes. Martín y Candela, con sus corazones grandes y su alegría contagiosa, decidieron ayudarla.

Caminaron por el bosque brillante, donde los árboles parecían susurrar canciones, y la brisa jugaba con sus cabellos rubios. En el camino, se encontraron con tres amigos que se unieron a ellos en la aventura. Primero apareció León, un pequeño dragón amistoso que echaba chispas de colores azul y rosa, y que tenía un corazón gigante lleno de bondad. Después llegó Nube, una hada pequeñita con alas traslúcidas que brillaban con luz de luna, y por último, apareció un conejito llamado Saltarín, que siempre tenía una sonrisa y un salto para compartir.

Juntos, los cinco amigos llegaron a la torre donde estaba la princesa Valeria. Cuando Martín tocó la puerta, ella apareció con ojos grandes y un poquito tristes. Candela le dijo con voz suave: “Ven con nosotros, te ayudaremos a encontrar tu risa”. La princesa Valeria los siguió sin dudar, porque sentía que algo especial pasaría.

El primer lugar al que fueron fue el Jardín de las Sonrisas, un lugar donde crecen flores que guardan risas de niños y niñas felices. Pero ese día el jardín estaba apagado, sin esos rayitos de alegría que suelen tener. León el dragón intentó soplar chispas de color para devolver la alegría, pero estaba claro que faltaba algo más.

Entonces, Nube la hada recordó algo importante. “Para que la risa vuelva a brillar, tenemos que encontrar el Arcoíris de la Bondad, que aparece cuando alguien hace un acto de amor puro”. Martín miró a Candela y dijo: “¡Nosotros podemos hacer algo para traer ese arcoíris!”

Todos salieron corriendo hacia el Río de la Amistad, donde muchas personas y animales se ayudaban y compartían cosas lindas. Martín y Candela ayudaron a unos patitos que habían caído cerca del agua, y Candela le regaló a Saltarín unas zanahorias dulces que había traído de la cesta mágica que llevaba en su mano. Mamá y mami, que en el sueño aparecían como las guardianas del día y la noche, les habían enseñado que la bondad es el tesoro más grande.

Mientras ayudaban, el Arcoíris de la Bondad apareció en el cielo, con colores tan vivos que parecían bailar. La princesa Valeria se sintió feliz, y en ese momento… ¡su risa salió de su corazón para iluminar todo Solaria! La corte entera festejó, y Martín y Candela recibieron coronas de flores hechas por el viento y las mariposas que danzaban a su alrededor.

La aventura no terminó ahí. La princesa Valeria quería que Martín, Candela y sus amigos siguieran visitándola, para enseñar a los niños y niñas del reino que la bondad, la amistad y la alegría son las verdaderas riquezas que todos podemos tener en el corazón. Así, cada día en Solaria se llenaba de juegos, historias y abrazos, justo como pasaba cada mañana en la casa de Martín y Candela en Madrid, donde mamá y mami siempre los llenaban de amor y cuidado.

Cuando despertaron, Martín y Candela se miraron con una sonrisa grande. Mamá les preparaba el desayuno y mami les contaba cómo el sol se asomaba por la ventana, anunciando otro día hermoso. Mientras se vestían para ir al cole, Martín dijo: “Hoy voy a ser como príncipe Martín, amable y valiente.” Candela contestó: “Y yo seré como princesa Candela, llena de alegría y bondad.”

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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