Cuentos de Superhéroes

El Héroe que Me Crió

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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En un reino muy lejano, donde los arcoíris parecían danzar entre las nubes y el sol brillaba más que nunca, vivía un joven llamado Princesa Sofía. A pesar de su peculiar nombre que hacía reír a todos en el pueblo, ella era una niña valiente, inteligente y llena de curiosidad. Sofía tenía una melena de rizos oscuros y ojos claros que destellaban como estrellas. Un día, mientras exploraba el bosque cercano, se encontró con una extraña creación: un pequeño robot con circuitos expuestos, que apenas giraba sus diminutos engranajes.

El robot, que se llamaba Pix, había llegado del futuro, donde la tecnología había alcanzado un nivel increíble. Sin embargo, en su época había un gran problema. Los habitantes del lugar eran felices, pero se habían olvidado de la importancia de los sentimientos y de ayudarse unos a otros. Su misión era regresar al pasado, a la época en que aún existían los héroes, para encontrar la raíz de la bondad. Al ver a Sofía, supo que ella podría ayudarle.

“Hola, Princesa Sofía. Soy Pix, un robot viajero del tiempo. He llegado a este lugar porque necesito tu ayuda para comprender lo que significa ser un verdadero héroe”, dijo el pequeño robot, su voz era suave, como el murmullo de un arroyo.

Sofía, siempre dispuesta a ayudar, aceptó con entusiasmo. “¡Por supuesto! Siempre he querido ser una heroína. ¿Cómo podemos hacerlo?”

Pix le explicó que para entender el heroísmo, debía conocer a personas que realmente lo eran. “Debemos buscar a tu héroe. Tal vez encuentres alguna inspiración en tu propio reino”, sugirió.

Ambos comenzaron su búsqueda, caminando a través de prados coloridos y frondosos bosques. Durante sus paseos, Sofía le contó a Pix sobre su vida, sobre su familia y, en particular, sobre su abuelo, el Príncipe Papá, cuya historia de valentía y amor había pasado a ser leyenda en la familia. Todos los habitantes del pueblo hablaban de él. Se decía que el Príncipe Papá había salvado el reino de un dragón aterrador utilizando únicamente su ingenio y un poco de magia.

“Yo creo que el Príncipe Papá es el héroe del que deberíamos aprender. ¿Ves esa montaña?” apuntó Sofía hacia la lejana cumbre. “Allí es donde vive. Vamos a buscarlo”.

Con determinación, empezaron a escalar la montaña. A medida que se acercaban a la cima, las nubes parecían susurrar leyendas sobre el Príncipe Papá. Cuando finalmente llegaron, encontraron a un hombre de aspecto noble, aunque un poco canoso, sentado en una roca y contemplando el horizonte. Tenía una espada que, a pesar de no estar desenvainada, emanaba un aura de poder y amor.

“¡Hola, abuelo!” exclamó Sofía, corriendo hacia él. El Príncipe Papá se volvió y sonrió al ver a su amada nieta.

“¡Sofía! ¿Qué haces aquí, pequeña? No deberías andar sola por las montañas”, le respondió el príncipe con voz cariñosa.

“Abuelo, te presento a Pix”, dijo Sofía, señalando al pequeño robot. “Viene del futuro y necesita aprender sobre héroes. Uno de los más grandes eres tú”.

El Príncipe Papá miró a Pix con curiosidad. “¿Un robot viajero del tiempo? Interesante. ¿Qué deseas saber, joven Pix?”

Pix, muy emocionado, preguntó: “¿Qué hace a alguien un héroe?”

El Príncipe Papá se rió gentilmente. “Un héroe no solo tiene poderes o habilidades mágicas. Ser un héroe significa tener un corazón lleno de amor y la disposición de ayudar a los demás, sin esperar nada a cambio. También significa ser valiente ante las dificultades”.

“Siempre he admirado tus historias, abuelo. ¿Puedes contarme una de tus aventuras?” Sofía pidió emocionada.

El Príncipe Papá asintió y comenzó a narrar: “Una vez, hace muchos años, un dragón aterrador aterrorizaba a nuestra aldea. Su furia era temida por todos, y el caos reinaba. Pero, al contrario de lo que muchos pensaban, no lo enfrenté con fuerza. En lugar de eso, decidí entender su dolor. Fui a su cueva y pude ver que estaba solo y asustado por rumores de los humanos. Con amor y comprensión, le ofrecí mi amistad y poco a poco, el dragón se transformó en un protector del pueblo”.

Los ojos de Pix brillaban al escuchar la historia. “¡Eso es increíble! Así que la bondad y la empatía son más poderosas que la fuerza”.

“Así es, querido amigo”, reafirmó el Príncipe Papá. “El amor puede vencer hasta el enemigo más temido”.

Campus había acentuado la conversación, mientras Sofía y Pix absorbían cada palabra.

Pero entonces, desde las sombras del bosque, un fuerte estruendo rompió el silencio. Un grupo de seres oscuros se acercaba volando entre los árboles, y su líder, conocido como el Sombrío, era un ser maligno que había robado lo que estaba en el corazón de la bondad en el reino. El Sombrío había escuchado la conversación y, enfurecido, decidió interrumpir.

“¿Hablan de amor y amistad, Príncipe Papá? Esas son solo palabras vacías. En el futuro que yo vengo, esos sentimientos han sido olvidados. Y os aseguraré que no volverán a renacer”, dijo, riendo como un eco aterrador.

El Príncipe Papá se levantó, listo para enfrentarse a la amenaza. “Siempre hay esperanza mientras haya quienes crean en el poder del amor. ¡Nunca dejaré que eso desaparezca!”

Pix, viendo el peligro inminente, se activó. “¡Sofía, podemos usar lo que hemos aprendido! ¡La empatía y la bondad pueden debilitar la maldad del Sombrío!”

“Sí, debemos hablar con él”, respondió Sofía, temblando un poco, pero decidida.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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