En un pequeño y brillante vecindario llamado Saludópolis, vivía una superheroína muy especial llamada Higienina. Ella no llevaba capa ni antifaz común, sino que su traje estaba hecho de burbujas de jabón brillantes que nunca se acababan. Higienina tenía la misión más importante de todas: cuidar a los niños y niñas para que vivieran sanos, felices y fuertes, siempre con buenos hábitos como lavarse las manos, comer frutas y verduras, y hacer ejercicio todos los días.
Un día soleado, cuando los pájaros cantaban y las flores perfumaban el aire, la tranquilidad de Saludópolis se vio amenazada por dos terribles villanos: Pereza Max y Virusin. Pereza Max era un personaje gordito, con pantalones que parecían estar siempre arrugados y una sonrisa traviesa. Él siempre trataba de convencer a los niños de ver televisión todo el día, jugar con la tablet sin moverse y de saltarse la merienda saludable para comer dulces y chatarra. Virusin, por otro lado, era un pequeño monstruo verde con antenas y manchas oscuras por todo su cuerpo. Virusin amaba cuando los niños no se lavaban las manos y les daba vómitos, resfriados y muchas veces fiebre.
Una mañana, mientras Higienina paseaba por el parque para hacer ejercicios, escuchó una serie de risas burlonas. Al mirar hacia arriba, vio a Pereza Max sentado en un banco, rodeado de niños que miraban entretenidos una pantalla brillante. Virusin estaba escondido detrás de un arbusto, esperándolos para atacar la salud de los niños.
—¡Ja, ja, ja! —rió Pereza Max—. ¿Por qué jugar afuera cuando puedes quedarte cómodamente en el sofá? ¿Y para qué lavarse las manos si no pasa nada?
Los niños miraban confundidos, algunos querían levantarse a jugar, pero la palabra “pereza” parecía tan cómoda y tentadora que les era difícil resistirse. Higienina sabía que debía actuar rápido.
—¡Alto, Pereza Max y Virusin! —gritó con voz fuerte y clara—. ¡No dejaré que ustedes hagan que los niños descuiden su salud!
Pereza Max y Virusin se miraron y, con una sonrisa malvada, comenzaron a atacar. Pereza Max extendió su varita mágica de “descanso” y lanzó un hechizo que volvió pesados los brazos y las piernas de los niños. Virusin aprovechó para tocar a un niño que no se había lavado las manos y, ¡zas!, le empezó a picar la garganta.
Pero Higienina no estaba sola. En su cinturón llevaba sus herramientas mágicas: un cepillo de dientes súper rápido, un jabonoso escudo de burbujas, una capa que olía a menta fresca y una botella con energía natural de zumo de frutas.
—¡Niños, no dejen que la pereza ni el virus ganen! —les dijo—. Vamos a mover el cuerpo, lavarnos las manos y comer frutas deliciosas para llenarnos de energía.
Higienina añadió la energía que le daba el zumo y, de repente, sus burbujas de jabón empezaron a brillar más que nunca. Se lanzó al ataque contra Virusin, chocando su escudo burbujeante. Virusin gritó y comenzó a encogerse mientras el escudo lo limpiaba con agua y jabón.
Pereza Max no se dio por vencido y trató de esconderse en un paquete gigante de dulces. Pero Higienina usó su cepillo mágico para hacer cosquillas a Pereza Max, quien comenzó a reírse tanto que casi no podía mantenerse de pie.
Uno de los niños, inspirado por Higienina, decidió levantarse. Corrió, brincó y hasta hizo una ronda alegre con sus amigos. Otros se lavaron las manos con jabón mientras cantaban la canción mágica de Higienina: “Manos limpias, manitas sanas, ¡adiós virus, hasta mañana!”.
Virusin gritaba con furia, pero no podía hacer nada más que correr y esconderse porque las burbujas de jabón eran demasiado fuertes para él. Pereza Max, agotado y sin su ejército de niños sedentarios, también comenzó a disminuir.
—¿Por qué hacen tanto esfuerzo? —preguntó Pereza Max, medio cansado y sudoroso.
—Porque queremos estar sanos y felices —respondió Higienina con una sonrisa—. Comer bien, movernos y cuidarnos es la verdadera fuerza para vencer a cualquier enemigo.
Entonces, Higienina invitó a todos los niños a una gran fiesta saludable en la plaza central. Había estaciones para preparar ensaladas de frutas, para saltar la cuerda, para pintar y para aprender a lavarse las manos correctamente. Además, había dibujos para colorear de Higienina luchando contra los villanos, con burbujas, frutas y zapatillas deportivas.
Los niños pintaron a Higienina con su traje lleno de burbujas brillantes, mientras esquivaba a Virusin y a Pereza Max, que ahora parecían unos villanos menos temibles porque ya sabían que la salud es más poderosa. Pintaron también frutas con sonrisas gigantes y zapatillas saltando.
Cuentos cortos que te pueden gustar
La Gran Batalla de los Superguerreros
Olivia y Amadeo: Los Pequeños Superhéroes
Axel y el Primer Día en el Colegio de los Superhéroes
Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.