Había una vez tres amigos muy especiales que iban juntos al colegio en segundo año de primaria. Ellos eran Antú, Uli y Vito, y todos tenían siete años. A estos tres amigos les encantaban las aventuras y, además, compartían un secreto muy especial: ¡eran superhéroes!
Antú tenía el pelo corto y castaño. Su traje de superhéroe era rojo brillante con una capa amarilla que ondeaba al viento cuando corría. Uli era una niña con el pelo largo y negro. Su traje era azul con una capa plateada que resplandecía bajo el sol. Vito, por su parte, tenía el pelo rubio y rizado. Su traje verde y su capa negra lo hacían ver muy valiente.
Cada mañana, Antú, Uli y Vito se encontraban en la entrada del colegio. Aunque a simple vista parecían niños normales, cuando se necesitaban sus poderes, se transformaban en los Superhéroes del Colegio. Sus días estaban llenos de emoción, no solo porque asistían a clases, sino porque también ayudaban a sus compañeros y a toda la escuela.
Una mañana, al llegar al colegio, notaron algo extraño. La directora, la señora Martina, estaba muy preocupada. Parecía que alguien había robado todos los libros de la biblioteca. Sin los libros, los niños no podrían hacer sus tareas ni leer cuentos durante el recreo. La señora Martina pidió ayuda a los estudiantes, pero nadie sabía qué hacer. Fue entonces cuando Antú, Uli y Vito decidieron actuar.
—¡Es hora de transformarnos! —dijo Antú con determinación.
—¡Sí! ¡Tenemos que salvar los libros! —respondió Uli con entusiasmo.
—¡Vamos, Superhéroes del Colegio! —exclamó Vito, levantando el puño al aire.
En un rincón del patio, lejos de las miradas curiosas de sus compañeros, los tres amigos se transformaron. Sus trajes de colores brillantes aparecieron, y se sintieron llenos de energía. Sabían que tenían que usar sus poderes para resolver este misterio.
Antú, con su supervelocidad, corrió por todo el colegio en busca de pistas. Uli, con su visión de rayos X, escaneaba cada rincón y cada sala. Vito, con su superoído, escuchaba atentamente cualquier sonido sospechoso. Después de un rato, Uli descubrió algo interesante.
—¡Aquí! —dijo señalando una pequeña huella de barro en el suelo de la biblioteca—. Esto no es normal. Alguien con zapatos sucios estuvo aquí.
Antú utilizó su supervelocidad para seguir las huellas mientras Vito escuchaba atentamente. Las huellas los llevaron hasta el jardín del colegio, donde encontraron un agujero en la cerca. Parecía que alguien había entrado al colegio por allí.
—¡Tenemos que seguir buscando! —dijo Vito, agudizando sus oídos—. Escucho algo extraño más allá de la cerca.
Los tres amigos se escabulleron por el agujero y siguieron el sonido. Después de caminar un poco, encontraron una cabaña abandonada. Se acercaron con cuidado y escucharon voces dentro. Era el momento de actuar.
Antú abrió la puerta con cuidado y, para su sorpresa, encontraron a un grupo de niños de otra escuela. Estaban leyendo los libros que habían robado.
—¡Hey! ¡Esos libros pertenecen a nuestro colegio! —dijo Antú, poniéndose en posición de superhéroe.
Los niños, asustados, explicaron que en su escuela no tenían libros y que solo querían leer. Uli y Vito comprendieron la situación. En lugar de regañarlos, decidieron ayudar.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.