Era un día radiante en el pequeño pueblo de Sonrisas, donde todos los niños jugaban y se divertían. Entre ellos, había un niño muy especial llamado Mateo. Mateo tenía una gran imaginación y una sonrisa que iluminaba el rostro de quienes lo rodeaban. Desde que era muy pequeño, siempre había soñado con ser un superhéroe. Le encantaba escuchar historias sobre valientes luchadores que salvaban el mundo, y su corazón latía con fuerza cada vez que veía a sus héroes favoritos en la televisión.
Un día, mientras Mateo jugaba en el patio trasero de su casa, se sentó sobre el césped y miró hacia el cielo. “¿Qué pasaría si tuviera superpoderes?”, pensó. Justo en ese momento, a su lado apareció una gran caja de cartón que de algún modo había llegado allí. Mateo, curioso como siempre, se acercó a investigar. Cuando abrió la caja, encontró una carta que decía: «Para el niño que sueña con ser un héroe. Este es tu día especial. Solo tú puedes abrir la puerta a la aventura».
Con un brillo en los ojos, Mateo se metió dentro de la caja y, para su asombro, se encontró en una maravillosa tierra llena de colores vivos y criaturas mágicas. ¡Era el mundo de los superhéroes! Allí estaban, ¡Superman, Spiderman e Ironman! Los tres héroes se fueron acercando a Mateo con sonrisas de emoción.
«¡Hola, Mateo!», dijo Superman con su voz profunda y amable. «Hemos estado esperando que llegaras. Necesitamos tu ayuda para una misión muy importante».
Mateo, sintiéndose como el niño más afortunado del mundo, preguntó, «¿Qué puedo hacer yo?»
Ironman, con su brillante traje de metal, respondió: «Este mundo ha perdido su magia porque todos los niños han olvidado lo importante que es comer sano y mantenerse activos. Si no recuperamos la energía de las frutas, verduras y la leche, ¡podríamos perder todos nuestros poderes!»
Spiderman, que estaba balanceándose en su telaraña mientras hablaba, agregó: «¡Sí! La comida saludable es como el «supercomplemento» que nos da fuerza. Sin ella, no podemos salvar el día».
Mateo sintió que su corazón brincaba de emoción. “¡Por supuesto que quiero ayudar! Pero, ¿qué tengo que hacer?”
Superman sonrió y le mostró un mapa. «Tendrás que visitar dos mágicas tierras: el Bosque de los Lácteos y el Jardín de las Frutas. En cada lugar, hay algo especial que debemos recoger para restaurar la energía de todos los niños. Pero ten cuidado, a veces en las tierras mágicas hay distracciones que pueden hacerte olvidar lo importante».
¡Mateo asintió con determinación! “¡Voy a hacerlo!” Con esa valentía, los cuatro amigos comenzaron su aventura. Lo primero que hicieron fue dirigirse al Bosque de los Lácteos, que, según el mapa, estaba al otro lado del arcoíris.
Mientras caminaban, Ironman le explicó a Mateo la importancia de beber leche. «La leche es como un escudo para nuestros huesos», dijo. «Nos hace fuertes, ¡justo como a mí!»
Al llegar al Bosque de los Lácteos, vieron vacas que bailaban alegremente bajo una luz brillante. Las vacas eran llamadas las Beatriz, y todas parecían muy contentas. «¡Bienvenidos aventureros!», dijeron al unísono. “Para recoger la leche mágica, primero deben ayudar a Beatriz a encontrar su campanita perdida”.
Mateo y los superhéroes se pusieron a buscar la campanita. Buscaron entre los árboles verdes y altos, se asomaron detrás de las flores multicolores y hasta preguntaron a los pájaros que cantaban felices. Finalmente, Mateo vio algo que brillaba por debajo de un arbusto. «¡Aquí está!» gritó, y cuando tomó la campanita, las vacas comenzaron a bailar más al ritmo de la música.
Beatriz se acercó y agradeció mucho a Mateo y sus amigos. «Gracias de corazón. Aquí tienen su leche mágica», dijo, y de repente, cada uno recibió un brillante vaso lleno de leche. Mateo dio un gran sorbo, y sintió que corría energía por sus venas, como si pudiera volar como Superman.
«¡Es delicioso!» exclamó Mateo, sintiéndose más fuerte que nunca. «Ahora, ¿qué hacemos después?»
Spiderman sonrió, «Ahora debemos ir al Jardín de las Frutas. Allí crecerán las mejores frutas del mundo, pero ten cuidado, porque a veces los niños olvidan lo sabrosas que son las frutas y prefieren cosas menos saludables».
Así que se dirigieron al Jardín de las Frutas, donde encontraron árboles frutales que estaban llenos de manzanas brillantes, plátanos amarillos y fresas rojas y jugosas. Sin embargo, no todo estaba bien, porque un pequeño niño llamado Lucas estaba sentado junto a los árboles, mirándolos con tristeza.
«¿Por qué estás triste, Lucas?» le preguntó Mateo.
«Porque nadie quiere comer frutas. Solo quieren comerse dulces y galletas. Deseo que las frutas sean tan populares como los dulces», suspiró Lucas.
Mattéo, sintiéndose inspirado por sus amigos, se acercó a Lucas y le dijo: «Podemos ayudar. ¿Por qué no les mostramos a todos cuán deliciosas y divertidas pueden ser las frutas?»
Lucas se animó de inmediato y asintió. Juntos, decidieron organizar un gran festín de frutas. Invitaron a todos los niños del pueblo a un divertido pícnic. Se pusieron a preparar bandejas llenas de frutas, y cada uno de ellos investigó juegos que se podían jugar con las frutas; por ejemplo, hicieron una competencia para ver quién podía comer plátanos sin usar las manos. También hicieron una carrera de fresas en cucharas.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.