Había una vez un pequeño pueblo llamado Villa Sonrisa, un lugar lleno de risas, juegos y mucha alegría. En Villa Sonrisa vivían muchos niños y niñas a quienes les encantaba jugar, correr, saltar y divertirse todo el día. El sol brillaba, los árboles cantaban con el viento y las flores sonreían cada vez que alguien pasaba.
En ese pueblo tan especial vivía un superhéroe muy especial llamado Súper Saludable. Su traje era verde, tan brillante como las hojas en primavera, y su capa estaba decorada con dibujos de frutas y verduras de todos los colores: manzanas rojas, zanahorias naranjas, brócolis verdes y uvas moradas. Siempre llevaba consigo una botella de agua simple, porque sabía que el agua es la mejor bebida para estar fuerte y feliz. Súper Saludable tenía una misión muy importante: ayudar a los niños de Villa Sonrisa a descubrir qué alimentos les daban energía para jugar, crecer y cuidar su cuerpo.
Pero en Villa Sonrisa también vivía un personaje muy peculiar llamado Don Antojo. Don Antojo era un hombre bajito que siempre llevaba un sombrero grande lleno de dulces. Le encantaban los chocolates, las paletas de muchos colores, las galletas crujientes, las papitas saladas y los refrescos burbujeantes. ¡A Don Antojo le gustaba comer todo eso a todas horas del día! Siempre soñaba con compartir esas cosas con los niños porque decía que eran las más ricas.
Una mañana, cuando el sol apenas había comenzado a calentar la plaza del pueblo, Don Antojo llegó muy contento cargando una enorme canasta llena de dulces y refrigerios. Sus ojos brillaban de emoción, y con voz alegre gritó:
—¡Vengan, vengan, niños y niñas! —exclamó—. ¡Tengo chocolates, caramelos, galletas y refrescos! ¡Comamos todo esto desde la mañana hasta la noche!
Los niños, al escuchar esas palabras, dejaron de jugar y corrieron hacia Don Antojo. Mateo, uno de los niños más curiosos, dijo:
—¡A mí me gustan los dulces! ¡Quiero una chocolatina!
Sofía, que siempre estaba lista para probar cosas nuevas, exclamó:
—¡Yo quiero un refresco con muchas burbujas!
Los demás niños también se acercaron emocionados, y pronto comenzaron a comer y beber sin parar. Al principio parecía muy divertido, pero después de un rato, algunos niños empezaron a sentirse cansados, sus sonrisas se hicieron pequeñas y no podían correr tanto como antes. Incluso algunos se quejaron de dolor de barriga y ganas de sentarse.
Justo en ese momento, apareció Súper Saludable con una gran sonrisa y dando saltos, porque siempre estaba lleno de energía. Al ver a los niños cansados y a Don Antojo con su gran canasta, dijo con voz amable pero segura:
—¡Hola, amigos! Es verdad que los dulces y las galletas pueden ser muy ricos, pero ¿sabían que nuestro cuerpo necesita otros alimentos para jugar mucho, crecer fuerte y mantenernos saludables?
Los niños lo miraron atentos, y Don Antojo frunció un poco el ceño, sin entender bien de qué hablaba Súper Saludable.
El superhéroe se sentó en el centro de la plaza y sacó de su bolso una linda cesta con frutas y verduras. En la canasta había manzanas rojas, plátanos amarillos, zanahorias, tomates jugosos, pepinos frescos, fresas brillantes y muchas otras cosas coloridas.
—Miren —dijo Súper Saludable—, estos son los alimentos que nos ayudan a tener energía, a que nuestro corazón lata fuerte y a que nuestros músculos se vuelvan muy fuertes para correr y saltar. La manzana nos da muchas vitaminas, el plátano mucha energía para la barriga y las zanahorias ayudan a que nuestros ojitos vean bien, incluso cuando está oscuro.
Don Antojo se acercó curioso y preguntó:
—¿Pero estas frutas y verduras son deliciosas como mis dulces?
Súper Saludable sonrió y contestó:
—Sí, Don Antojo. Las frutas y verduras pueden ser dulces, crujientes y sabrosas. Además, nos ayudan a poner nuestro cuerpo feliz por dentro, para que la diversión nunca acabe.
Entonces, Súper Saludable invitó a los niños a probar los alimentos saludables. Para hacerlo más divertido, pidió ayuda a dos niños muy especiales: Lucía y Pedro, quienes siempre estaban listos para aprender cosas nuevas.
Lucía tomó una manzana roja y la mordió con entusiasmo. Su carita se iluminó y dijo:
—¡Está rica y dulce!
Pedro probó unas rodajas de pepino con un poquito de limón que Súper Saludable puso en una bandeja y dijo:
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.