Cuentos de Terror

El Bosque de las Sombras Eternas

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de colinas y bosques, dos amigas inseparables, Marisol y Mariluna. Eran conocidas por su valentía y curiosidad, siempre listas para una nueva aventura. Pero una tarde de otoño, mientras el cielo se tornaba naranja y el viento susurraba entre los árboles, decidieron explorar el Bosque de las Sombras Eternas, un lugar del que se contaban historias espeluznantes.

El bosque era un enigma, con árboles tan altos que parecían tocar el cielo y una niebla espesa que siempre lo cubría. Nadie en el pueblo se atrevía a entrar, excepto ellas. Con linternas en mano y mochilas llenas de provisiones, Marisol y Mariluna se adentraron en el bosque justo antes del anochecer.

A medida que se internaban, la luz del día comenzaba a desvanecerse, y los sonidos del bosque se intensificaban. Las ramas crujían, y los aullidos distantes de animales desconocidos retumbaban en el aire. Las dos amigas, aunque nerviosas, continuaban su camino, guiadas por la emoción y el misterio.

De pronto, un ruido sordo las detuvo. Miraron a su alrededor, pero solo vieron la oscuridad que las rodeaba. Decidieron encender una fogata para iluminar la noche y protegerse del frío que se hacía cada vez más intenso. Mientras el fuego crepitaba, Mariluna sacó un viejo libro que había encontrado en la biblioteca del pueblo. Era un libro antiguo, con relatos sobre el bosque y sus secretos.

Mientras Mariluna leía en voz alta, una historia captó su atención. Hablaba de una criatura mítica que habitaba el bosque, conocida como el Guardián de las Sombras. Se decía que era el protector del bosque y que cualquiera que osara perturbar su paz sería perseguido por las sombras eternas.

Marisol, escéptica pero intrigada, propuso buscar al Guardián. Mariluna, aunque asustada, aceptó. Apagaron la fogata y, con solo sus linternas como guía, se adentraron más en el bosque. La niebla se hacía más densa, y los sonidos extraños se multiplicaban. De repente, una sombra gigantesca cruzó delante de ellas. Las chicas corrieron, el corazón latiendo a mil por hora, sin saber si huían del Guardián o si era su imaginación, jugándoles una mala pasada.

Tras varios minutos de carrera frenética, llegaron a un claro iluminado por la luz de la luna. Allí, ante ellas, se erigía una antigua estatua de piedra, desgastada por el tiempo. La estatua representaba a un ser alado, con una mirada profunda y sabia. Era el Guardián de las Sombras, petrificado en piedra.

Marisol y Mariluna, asombradas, se acercaron con cautela. Al tocar la estatua, una voz profunda y serena resonó en sus mentes. Era el Guardián, hablándoles a través de la piedra. Les contó que había sido petrificado hace siglos por un hechicero malvado y que solo un acto de verdadero valor podría romper el hechizo.

Las amigas, decididas a ayudar, recordaron las palabras del libro: «Solo aquellos que enfrentan sus miedos y protegen la naturaleza pueden liberar al Guardián». Marisol y Mariluna, uniendo sus fuerzas, prometieron cuidar el bosque y respetar sus secretos. Al hacer esta promesa, la estatua comenzó a resquebrajarse, liberando al Guardián.

El Guardián, agradecido, les ofreció un regalo: un amuleto que les permitiría pedir ayuda en momentos de necesidad. Les advirtió que el bosque siempre estaría lleno de misterios y peligros, pero que, mientras respetaran sus leyes, estarían protegidas.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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