En un pequeño pueblo rodeado de un espeso bosque vivía una niña llamada Lara. Lara era conocida por su valentía y curiosidad. Un día, mientras exploraba el bosque, encontró un huevo brillante y misterioso. Era más grande que cualquier huevo que hubiera visto antes y tenía unos extraños patrones dorados en su superficie. Fascinada, decidió llevarlo a casa.
Lara no tenía idea de qué tipo de criatura podría salir de ese huevo, pero estaba decidida a cuidarlo. Pasó semanas cuidándolo con esmero, esperando con ansias el día en que se abriera. Sin embargo, una mañana, el huevo había desaparecido. Desesperada, Lara buscó por toda su casa, pero no lo encontró. Convencida de que debía haber caído en manos equivocadas, decidió aventurarse en el bosque para recuperarlo.
Mientras caminaba por los senderos oscuros y sinuosos del bosque, Lara se encontró con un joven llamado Liandro. Él era un chico de su misma edad, con una sonrisa amistosa y una chispa de curiosidad en sus ojos. Al escuchar la historia del huevo perdido, Liandro decidió unirse a su búsqueda.
Avanzaron juntos, enfrentando extraños ruidos y sombras en el bosque. A medida que se adentraban más, el bosque se volvía más oscuro y espeluznante. De repente, escucharon un crujido y, de entre los árboles, apareció un dragón. Pero no era un dragón común. Tenía escamas brillantes y coloridas, y su expresión no era amenazante sino curiosa.
«Hola, soy Dragón», dijo el dragón con voz grave pero amigable. «He oído hablar de un huevo perdido. Puede que sepa algo al respecto».
Lara y Liandro se presentaron y contaron su historia. Dragón decidió unirse a ellos, convencido de que el huevo tenía algo especial. Continuaron su búsqueda juntos, cada vez más seguros de que estaban cerca de encontrarlo.
Mientras avanzaban, se encontraron con un lugar donde el aire estaba más frío y la luz del sol apenas penetraba las copas de los árboles. De repente, una figura etérea apareció flotando delante de ellos. Era un fantasma, pero no uno aterrador. Tenía una sonrisa tenue y una luz suave que lo rodeaba.
«Soy el Fantasma del Bosque», dijo la figura con voz suave. «Sé lo que buscan, pero el camino es peligroso. Deben tener cuidado».
El fantasma les contó que el huevo había sido tomado por los Hombres Con Alas O Sonrisas, unas misteriosas criaturas que vivían en las profundidades del bosque y que eran conocidas por su astucia y engaños. Pero también les advirtió que los Hombres Con Alas O Sonrisas no eran malvados, solo muy protectores de los objetos mágicos que encontraban.
Lara, Liandro, Dragón y el Fantasma del Bosque siguieron su camino, guiados por las indicaciones del fantasma. Finalmente, llegaron a una cueva oscura, donde se decía que vivían los Hombres Con Alas O Sonrisas. Con valentía, entraron y se encontraron con unas criaturas que, en efecto, tenían alas y sonrisas misteriosas.
«¿Qué buscan en nuestra cueva?», preguntaron las criaturas con voces melodiosas pero cautelosas.
«Buscamos un huevo que Lara perdió», explicó Liandro. «Es muy importante para ella».
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.