Era un cálido día de verano cuando Sacha y Marco, junto a sus amigos, decidieron celebrar la graduación de la universidad con un emocionante viaje en carretera. La idea de recorrer nuevas tierras, reír juntos y crear recuerdos inolvidables los llenaba de entusiasmo. Así que empacaron sus maletas, llenaron el tanque del coche y se despidieron de la ciudad que había sido su hogar durante tanto tiempo.
El grupo estaba compuesto por cinco amigos: Sacha, la aventurera y siempre lista para la acción; Marco, el pensador del grupo que siempre tenía un plan; Clara, la bromista que nunca dejaba de hacer reír; Tomás, el fotógrafo que quería capturar cada momento; y la tranquila y observadora Lucía, que siempre tenía una idea brillante. Juntos, se lanzaron a la carretera, dispuestos a disfrutar de la vida y la libertad que les ofrecía el verano.
Mientras avanzaban por carreteras sinuosas y paisajes hermosos, la música sonaba a todo volumen, y el automóvil se llenaba de risas y conversaciones animadas. Sin embargo, a medida que se adentraban en el bosque, el ambiente se tornó más sombrío. La luz del sol apenas podía atravesar las densas ramas de los árboles, y la carretera se volvió más estrecha y desierta.
“¿No les parece un poco extraño? Este lugar se siente… diferente”, dijo Lucía, mirando por la ventana con un ligero escalofrío.
“Vamos, no seas aguafiestas. Solo es un bosque. ¡Es parte de la aventura!” respondió Clara, riendo mientras se preparaba para hacer otra broma.
Pero Marco, que siempre estaba atento a su entorno, comenzó a sentir una extraña inquietud. “Tal vez deberíamos detenernos y hacer un descanso”, sugirió. “No sabemos cuánto tiempo estaremos en este camino”.
El grupo estuvo de acuerdo y decidieron aparcar el coche a un lado de la carretera. Al salir, sintieron que el aire se enfriaba notablemente. Tomás comenzó a tomar fotos del paisaje, mientras Clara trataba de asustar a los demás con ruidos extraños.
Después de un rato, mientras caminaban y exploraban, Marco se detuvo y miró hacia el horizonte. “¿Alguien más ve esa sombra?”, preguntó, señalando hacia un claro entre los árboles.
Los demás se acercaron y vieron una oscura figura asomándose entre los arbustos. “Quizás sea un oso”, bromeó Clara, pero su voz temblaba un poco.
“No es un oso. Es… algo diferente”, dijo Sacha, sintiendo que su corazón latía más rápido.
De repente, un fuerte rugido resonó en el aire, y todos se quedaron paralizados por un momento. “¡Corran!”, gritó Marco, y comenzaron a correr hacia el coche.
Mientras corrían, la sombra se movió más rápido, acercándose cada vez más. El grupo se apresuró a entrar en el automóvil, cerrando las puertas de golpe. “¡Arranca, arranca!”, gritó Sacha, mientras Marco intentaba encender el motor.
Después de unos segundos que parecieron eternos, el coche finalmente rugió a la vida, y Marco aceleró con todas sus fuerzas. Miraron por la ventana y vieron la sombra desvanecerse entre los árboles.
“¿Qué fue eso?” preguntó Tomás, aún temblando.
“No tengo idea, pero deberíamos salir de aquí lo más rápido posible”, dijo Marco, apretando el volante con fuerza.
A medida que avanzaban por la carretera, el ambiente se sentía pesado. Nadie decía nada, hasta que finalmente Sacha rompió el silencio. “No sé ustedes, pero tengo la sensación de que algo no está bien”.
“Quizás deberíamos volver a la ciudad. Esto no es lo que esperaba”, dijo Lucía, mirando por la ventana, ahora más inquieta que antes.
Marco asintió. “Tienes razón. Necesitamos hacer algo”.
Decidieron dar la vuelta y regresar. Pero cuando llegaron a la entrada del bosque, notaron algo extraño. “La carretera… no se ve igual”, dijo Clara, frunciendo el ceño.
“No puede ser. Solo estamos dando la vuelta”, intentó tranquilizarlos Marco.
Pero pronto se dieron cuenta de que la carretera estaba completamente diferente. En lugar de la senda conocida, había un camino que se adentraba aún más en el bosque. “Esto no es normal”, dijo Sacha, su voz temblando.
“Deberíamos seguir este camino”, sugirió Tomás, apuntando al nuevo sendero. “Quizás nos lleve a una salida”.
El grupo se miró, indecisos. “No sé si sea buena idea”, dijo Lucía, preocupada. Pero la curiosidad era más fuerte, así que finalmente decidieron seguir adelante.
Mientras conducían por el nuevo camino, el ambiente se volvía cada vez más oscuro. Los árboles parecían cerrarse a su alrededor, y el aire se tornó denso. Sacha se sentía cada vez más inquieta. “Esto es muy raro. Creo que deberíamos detenernos y regresar de nuevo”.
Justo cuando estaban a punto de dar la vuelta, el coche se detuvo por sí solo. “¿Qué pasó?” preguntó Marco, confundido.
“¡El motor se apagó!” exclamó Clara, mirando la luz del tablero que se apagaba. Intentaron reiniciarlo, pero no hubo respuesta. El pánico comenzó a apoderarse del grupo.
“Vamos a salir y ver qué está pasando”, sugirió Marco, tratando de mantener la calma.
Salieron del coche, y al hacerlo, se sintieron como si estuvieran siendo observados. Miraron hacia los árboles y vieron una figura oscura más cerca de lo que habían imaginado. La sombra parecía moverse con ellos, como un cazador acechando a su presa.
“¡Volvamos al coche!” gritó Sacha, su corazón latiendo con fuerza.
Mientras corrían, la sombra se acercaba más y más. En ese momento, la oscuridad del bosque parecía cobrar vida. Las ramas se movían como si tuvieran vida propia, y un frío gélido recorrió el lugar. La figura oscura comenzó a tomar forma, y antes de que se dieran cuenta, estaban atrapados en un círculo de árboles.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.