Cuentos de Terror

La Criatura del Bosque Oscuro

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Era una noche oscura y fría cuando Bruno, Freiherr, Yerly, Belén y Franco decidieron ir de campamento en el bosque cercano a sus casas. Todos tenían once años y, aunque eran buenos amigos, siempre estaban buscando nuevas aventuras que les dieran un poco de emoción y, por qué no, miedo.

Habían escuchado historias sobre el bosque, rumores de una criatura que lo habitaba, pero ninguno de ellos creía en esas leyendas. Así que, cargados con sus mochilas, linternas y una tienda de campaña, se aventuraron a lo profundo del bosque.

Al caer la noche, encendieron una fogata y se sentaron alrededor de ella. El fuego crepitaba y las sombras danzaban en los árboles, creando formas extrañas y fantasmagóricas. Bruno, que era el más valiente del grupo, comenzó a contar historias de terror para asustar a sus amigos.

—Dicen que en este bosque vive una criatura —empezó Bruno, mirando a sus amigos con una sonrisa traviesa—. Una bestia con ojos brillantes que persigue a los que se atreven a adentrarse en su territorio.

Freiherr, que siempre se mostraba escéptico, se rió.

—Vamos, Bruno, no trates de asustarnos. Sabes que esas historias son solo para asustar a los niños pequeños.

Pero Yerly, Belén y Franco no estaban tan seguros. Sentían un escalofrío recorrer sus espinas dorsales, y aunque trataban de reír, no podían evitar mirar nerviosamente a su alrededor.

La noche avanzaba y el grupo decidió ir a dormir. Se metieron en sus sacos de dormir dentro de la tienda de campaña, pero no podían dejar de pensar en las historias de Bruno. De repente, un ruido extraño se escuchó fuera de la tienda. Era un crujido, como si algo pesado estuviera pisando las hojas secas del suelo.

—¿Escucharon eso? —susurró Yerly, con los ojos muy abiertos.

—Debe ser un animal —respondió Belén, tratando de sonar valiente pero sin mucho éxito.

Sin embargo, el ruido no cesaba. Parecía acercarse más y más a la tienda. Los cinco amigos se miraron entre sí, el miedo empezando a apoderarse de ellos. Franco, el más curioso, decidió asomarse fuera de la tienda. Con una linterna en mano, abrió la cremallera lentamente y miró hacia el oscuro bosque.

—No veo nada —dijo, pero su voz temblaba.

De repente, dos ojos brillantes aparecieron en la oscuridad, justo en el borde del haz de luz de la linterna. Franco retrocedió y cayó dentro de la tienda, aterrorizado.

—¡Hay algo ahí fuera! —gritó.

Todos comenzaron a murmurar nerviosamente, tratando de decidir qué hacer. Bruno tomó la linterna y salió de la tienda, decidido a enfrentar lo que fuera que estuviera allí. Los demás lo siguieron, a regañadientes.

Al salir, los cinco amigos se encontraron cara a cara con la criatura. Era alta y delgada, con un cuerpo cubierto de pelaje negro y ojos que brillaban intensamente en la oscuridad. La criatura no se movió, solo los observaba, como si estuviera decidiendo qué hacer con ellos.

—¡Corran! —gritó Freiherr, y todos comenzaron a correr en diferentes direcciones, adentrándose más en el bosque.

La criatura los siguió, moviéndose con una velocidad y agilidad sorprendentes. Bruno, Yerly, Belén y Franco lograron reunirse en un claro, pero Freiherr estaba desaparecido.

—¿Dónde está Freiherr? —preguntó Yerly, preocupada.

—Debe haber tomado otro camino —dijo Bruno, jadeando por la carrera—. Tenemos que encontrarlo.

El grupo decidió buscar a su amigo, pero el bosque era un laberinto de árboles y sombras. Mientras avanzaban, podían escuchar los pasos de la criatura acercándose cada vez más.

Finalmente, encontraron a Freiherr atrapado en un pequeño barranco, tratando de escalar las paredes de tierra. Sin pensarlo dos veces, los amigos formaron una cadena y lograron sacarlo de allí justo cuando la criatura llegaba al borde del barranco.

—Tenemos que salir de aquí —dijo Belén—. Este lugar no es seguro.

Los cinco comenzaron a correr de nuevo, esta vez en dirección a donde creían que estaba el camino de regreso a casa. Pero el bosque parecía interminable y la criatura no dejaba de perseguirlos.

De repente, Franco tropezó y cayó, torciéndose el tobillo. No podía caminar y la criatura estaba cada vez más cerca. Bruno y Freiherr lo ayudaron a levantarse y, entre los cuatro, lograron llevarlo a una pequeña cueva que encontraron escondida entre los árboles.

—Aquí estaremos seguros por un momento —dijo Bruno, tratando de calmar a sus amigos y a sí mismo.

Dentro de la cueva, los amigos trataron de idear un plan para escapar. Yerly sugirió usar las linternas para deslumbrar a la criatura, mientras que Belén propuso hacer ruido para distraerla y luego correr en direcciones opuestas.

Antes de que pudieran decidir qué hacer, la criatura apareció en la entrada de la cueva. Sus ojos brillaban con una intensidad casi hipnótica y un gruñido bajo resonaba en la cueva. Los amigos se apretujaron contra la pared, sintiendo el terror invadir cada fibra de su ser.

Pero entonces, algo inesperado sucedió. La criatura se detuvo y pareció olfatear el aire. Retrocedió lentamente y desapareció en la oscuridad del bosque. Los amigos no podían creer lo que acababa de pasar. ¿Por qué los había dejado?

Decidieron no esperar para averiguarlo. Aprovechando la oportunidad, salieron de la cueva y corrieron tan rápido como pudieron en dirección a casa. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, encontraron el camino y no se detuvieron hasta llegar a sus casas.

Al día siguiente, contaron lo sucedido a sus padres, pero nadie les creyó. Decían que había sido solo su imaginación, que el bosque no estaba encantado y que no había ninguna criatura. Pero los cinco amigos sabían la verdad. Habían visto a la criatura y habían sobrevivido para contarlo.

A partir de ese día, nunca más volvieron a acampar en el bosque. Pero la experiencia los unió más que nunca y les enseñó una valiosa lección sobre el valor, la amistad y la supervivencia.

Y aunque muchos años pasaron, y cada uno siguió su propio camino, siempre recordarían aquella noche en el bosque, la noche en que se enfrentaron a la criatura del campamento del terror.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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