En la región de Occitania, al sur de Francia, se extendían los vastos y densos bosques de Gévaudan. Estos bosques, envueltos en la bruma de los misterios, fueron el escenario de una de las historias más temidas y fascinantes del siglo XVIII. Esta es la leyenda de la Bestia de Gévaudan, una criatura de pesadillas que aterrorizó a los habitantes de la región entre 1764 y 1767.
La Bestia, como la describían los sobrevivientes, era un ser de proporciones aterradoras, con una mezcla de lobo y perro de guerra, dotada de una fuerza sobrenatural y una crueldad sin igual. Sus ojos ardían como brasas en la noche, y sus fauces eran capaces de desgarrar el acero. La región vivió en un estado de terror, con relatos de ataques brutales que dejaban a las víctimas desfiguradas, y en algunos casos, decapitadas.
Entre los habitantes de Gévaudan, surgió un hombre cuyo nombre se convertiría en sinónimo de valentía y determinación: Jean Chastel. Este cazador y granjero, conocido por su profunda fe y conocimiento de las artes de caza, juró enfrentarse a la Bestia y devolver la paz a su tierra.
La leyenda cuenta que en una fría noche de luna llena, Jean Chastel se adentró solo en el bosque, armado con una escopeta cargada con balas bendecidas y su inquebrantable fe. Se dice que rezó el Salmo 23, un antiguo texto de protección y guía, esperando la aparición de la Bestia.
Horas pasaron en un silencio sepulcral, roto solo por el sonido del viento entre los árboles. De repente, un crujido en la oscuridad anunció la llegada de la Bestia. Con ojos que reflejaban la luna, se materializó ante Chastel, emanando una presencia que helaba la sangre.
Jean Chastel, sin embargo, no se dejó intimidar. Con una calma sobrenatural, apuntó su escopeta y esperó el momento justo. Mientras la Bestia cargaba contra él, desató el disparo. La bala, guiada por una fuerza divina, encontró su objetivo, hiriendo mortalmente a la criatura.
La Bestia de Gévaudan cayó al suelo, y con su último aliento, se dice que la criatura se transformó. Ante los ojos de Chastel, ya no yacía una bestia de pesadillas, sino un lobo de tamaño y aspecto extraordinario, pero un lobo al fin y al cabo. La maldición había sido levantada, y la paz volvería a reinar en Gévaudan.
La victoria de Jean Chastel sobre la Bestia se convirtió en leyenda, celebrada en canciones y relatos que se han transmitido de generación en generación. Sin embargo, la verdadera naturaleza de la Bestia de Gévaudan sigue siendo un misterio que alimenta la imaginación de quienes escuchan su historia.
Mientras los años pasaron, la leyenda de la Bestia y el valor de Jean Chastel han servido de recordatorio de la lucha eterna entre la luz y la oscuridad, el coraje y el miedo. En los corazones de los habitantes de Gévaudan, la memoria de aquella oscura época perdura, un eco de tiempos en los que lo inexplicable caminaba junto a ellos.
Esta historia, querido lector, es más que un relato de terror; es una crónica de valor, fe y la inquebrantable determinación humana frente a lo desconocido. Jean Chastel y la Bestia de Gévaudan han pasado a la historia, pero su legado permanece, recordándonos que incluso en las sombras más profundas, la luz de la esperanza nunca se extingue.
En los días que siguieron a la caída de la Bestia, Gévaudan experimentó una transformación. El miedo que una vez sometió a sus habitantes dio paso a un renacer de esperanzas y sueños. Las familias que habían huido en busca de refugio comenzaron a regresar, y los campos y bosques, testigos del terror, se llenaron nuevamente de vida y alegría. Sin embargo, en el corazón de Jean Chastel, la batalla contra la Bestia había dejado una marca indeleble, una profunda reflexión sobre la naturaleza del mal y el poder de la fe.
Chastel, considerado ahora un héroe en Gévaudan y más allá, se vio inundado por visitantes que deseaban escuchar de primera mano el relato de su valiente enfrentamiento. A cada uno, Jean contaba la historia no solo de la batalla física, sino de la espiritual, insistiendo en que su victoria fue posible gracias a su inquebrantable fe.
Con el tiempo, la historia de la Bestia de Gévaudan se convirtió en leyenda, una advertencia para las generaciones futuras sobre los peligros que acechan en la oscuridad, y la importancia de enfrentarlos con valentía y convicción. Pero más allá de la leyenda, Jean Chastel buscó asegurarse de que el legado de aquellos oscuros días sirviera para iluminar el futuro.
Usando la recompensa otorgada por el Rey de Francia por la eliminación de la Bestia, Chastel fundó una escuela en el corazón de Gévaudan. No sería una escuela ordinaria, sino una dedicada al estudio de la naturaleza, la ciencia, y sí, incluso de lo sobrenatural. Quería preparar a las futuras generaciones para entender el mundo que los rodea, tanto lo visto como lo invisible, y enfrentarlo con conocimiento y valor.
La escuela de Chastel atrajo a mentes curiosas de todo el país, deseosas de aprender sobre botánica, astronomía, medicina, y también sobre criaturas y leyendas. Chastel, con su conocimiento de los bosques y sus secretos, impartía clases sobre la importancia de respetar y proteger la naturaleza, enseñando que muchos miedos nacen de la ignorancia.
Años después, cuando Jean Chastel ya era un anciano, una serie de eventos extraños comenzaron a ocurrir en los alrededores de Gévaudan. Rumores de sombras moviéndose en el bosque y de animales actuando de manera inusual llegaron a oídos de Chastel, recordándole los días de la Bestia. Sin embargo, esta vez, la comunidad no reaccionó con miedo, sino con curiosidad y un deseo de entender.
Guiados por los principios enseñados por Chastel, un grupo de jóvenes estudiantes se aventuró en el bosque, no con armas, sino con cuadernos y lápices, determinados a investigar. Lo que descubrieron fue revelador: los eventos extraños eran causados por un raro fenómeno natural, nada sobrenatural. Su investigación y solución al misterio fortalecieron la creencia de Chastel en la importancia de la educación y el conocimiento.
Jean Chastel murió pacíficamente, sabiendo que había dejado un legado duradero. Gévaudan ya no era conocida solo por la oscuridad de la Bestia, sino como un faro de luz, un lugar donde la valentía, el conocimiento y la fe caminaban de la mano. La escuela fundada por Chastel continuó creciendo, un testimonio eterno de su visión y su lucha.
Y así, la leyenda de la Bestia de Gévaudan y de Jean Chastel se convirtió en mucho más que un relato de terror; se transformó en una historia de triunfo humano, un recordatorio de que, ante la oscuridad, la luz más poderosa es la que reside en el corazón y la mente de cada uno. En Gévaudan, y en todos los lugares donde se contaba su historia, Jean Chastel y la Bestia vivirían para siempre, símbolos de la eterna batalla entre la luz y la sombra, y del poder indomable del espíritu humano.
Fin.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.