Cuentos de Terror

Quetzal y los Tres Sertitos

Lectura para 6 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

Puntuación:

0
(0)
 

Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir por correo electrónico
0
(0)

Había una vez un niño llamado Quetzal, que vivía en un pequeño pueblo al borde de un gran bosque. Quetzal era un niño curioso y valiente, siempre buscando nuevas aventuras. Un día, mientras exploraba el bosque, el sol comenzó a ponerse y las sombras se alargaron, creando formas extrañas y misteriosas. Aunque Quetzal no tenía miedo, sabía que debía regresar a casa antes de que oscureciera completamente.

De repente, Quetzal escuchó unos murmullos suaves y risas susurrantes. Siguiendo el sonido, encontró una linterna vieja colgada en una rama baja. Al tomarla, la linterna se encendió mágicamente, iluminando el sendero frente a él. La luz reveló a tres pequeñas criaturas traslúcidas y brillantes que flotaban a su alrededor. Eran los tres sertitos, unos seres traviesos que habitaban el bosque y a quienes nadie había visto nunca.

«Hola, soy Quetzal,» dijo el niño con una sonrisa, tratando de no mostrar su asombro. «¿Quiénes son ustedes?»

Los sertitos se presentaron uno a uno: «Yo soy Serti, el mayor,» dijo el primero, que tenía una sonrisa traviesa. «Yo soy Serta, la del medio,» dijo el segundo, con una voz suave y risueña. «Y yo soy Sertico, el menor,» dijo el tercero, que parecía el más juguetón de todos.

Quetzal estaba fascinado. Nunca había visto nada igual y su curiosidad crecía con cada momento. «¿Qué hacen aquí en el bosque?» preguntó.

«Nosotros cuidamos el bosque y nos aseguramos de que todo esté en armonía,» explicó Serti. «Pero también nos gusta jugar y hacer travesuras,» añadió Serta con una risa.

«Esta noche, estábamos jugando a las escondidas cuando te vimos y decidimos saludarte,» dijo Sertico.

Quetzal estaba encantado con sus nuevos amigos, pero notó que la noche se hacía más oscura y que debía volver a casa. «Me encantaría quedarme más tiempo, pero tengo que irme. ¿Pueden acompañarme hasta el borde del bosque?» preguntó.

Los sertitos aceptaron con gusto y flotaron a su alrededor mientras caminaban. A medida que avanzaban, Quetzal notó que el bosque parecía más oscuro y las sombras más profundas. «No te preocupes, Quetzal,» dijo Serti. «Con nuestra luz, nada malo puede pasarte.»

De repente, escucharon un ruido fuerte y aterrador que hizo eco entre los árboles. Quetzal se detuvo, con el corazón latiendo rápido. «¿Qué fue eso?» preguntó, tratando de mantener la calma.

«Es solo el viento jugando con las ramas,» dijo Serta, aunque su voz temblaba un poco. «No hay nada que temer.»

Continuaron caminando, pero el ruido se hizo más fuerte y más cercano. Quetzal sintió un escalofrío recorrer su espalda. «Tal vez deberíamos apresurarnos,» sugirió, tratando de sonar valiente.

Los sertitos asintieron y aumentaron su velocidad, pero el ruido parecía seguirlos. De repente, un gran búho apareció de la oscuridad, con sus ojos brillando intensamente en la luz de la linterna. «¿Quién osa perturbar la paz de mi bosque?» preguntó el búho con una voz profunda y resonante.

«Somos Quetzal y los sertitos,» respondió Quetzal con valentía. «Solo estamos tratando de llegar al borde del bosque para que yo pueda ir a casa.»

El búho observó a Quetzal y a los sertitos durante unos momentos que parecieron eternos. Finalmente, el búho inclinó la cabeza y dijo, «Veo que tienes un buen corazón, joven Quetzal. Te permitiré pasar, pero recuerda siempre respetar el bosque y sus habitantes.»

Quetzal asintió con gratitud y los sertitos flotaron a su alrededor, agradecidos también. Continuaron su camino y finalmente llegaron al borde del bosque. «Gracias por acompañarme,» dijo Quetzal. «Espero verlos de nuevo pronto.»

«Nosotros también, Quetzal,» dijo Serti. «Y recuerda, siempre estaremos aquí para cuidar del bosque y de nuestros amigos.»

Quetzal sonrió y regresó a casa, con la linterna mágica en la mano. Esa noche, mientras se acurrucaba en su cama, pensó en la increíble aventura que había vivido y en sus nuevos amigos, los sertitos. Sabía que el bosque estaba lleno de misterios y maravillas, y no podía esperar para descubrir más en sus futuras aventuras.

Desde entonces, Quetzal visitaba el bosque regularmente, siempre con la linterna mágica que le recordaba a los sertitos y a su promesa de cuidar el bosque. Cada vez que se sentía asustado o inseguro, recordaba la valentía que había mostrado y las palabras del búho sabio.

El tiempo pasó y Quetzal creció, pero nunca olvidó a sus pequeños amigos ni las lecciones que aprendió en esa noche mágica. Enseñó a los otros niños del pueblo a respetar y cuidar el bosque, y juntos hicieron del lugar un sitio más limpio y hermoso.

Y así, con el paso de los años, el bosque prosperó bajo la protección de Quetzal y los sertitos, recordando siempre que incluso en la oscuridad, la luz de la amistad y el valor pueden iluminar el camino más sombrío.

Fin

image_pdfDescargar Cuentoimage_printImprimir Cuento

¿Te ha gustado?

¡Haz clic para puntuarlo!

Cuentos cortos que te pueden gustar

autor crea cuentos e1697060767625
logo creacuento negro

Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

Deja un comentario