Cuentos de Valores

Alejandra y Julia: Hermanas Felices

Lectura para 2 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Había una vez, en una casa muy bonita, dos hermanas que se llamaban Alejandra y Julia. Alejandra tenía cuatro años y Julia tenía ocho. Las dos vivían con sus papás, Sandra y José, quienes las querían mucho. Alejandra era una niña muy especial; tenía autismo, y eso hacía que le gustara mucho hacer las cosas siempre de la misma manera. Julia, por su parte, tenía mucha energía y a veces le costaba concentrarse, pero siempre estaba atenta a su hermana pequeña.

A Alejandra le encantaba ponerse la ropa y los tacones de su mamá. Se sentía muy feliz cuando lo hacía. Bailaba por toda la casa, girando y riendo. Su creatividad no tenía límites, pero siempre le gustaba seguir una rutina. Le daba seguridad saber qué iba a pasar después.

Julia, aunque era mayor, entendía muy bien a su hermana. Sabía que Alejandra necesitaba su tiempo para sentirse cómoda. Julia era muy madura para su edad. Siempre cuidaba de Alejandra y se emocionaba mucho cada vez que su hermana pequeña jugaba con ella. Antes, Alejandra no hablaba ni jugaba con Julia, pero ahora las cosas eran diferentes.

Una tarde, Alejandra encontró un vestido colorido de su mamá y unos tacones rojos brillantes. Se los puso y se miró en el espejo grande de la sala. Julia, que estaba cerca, sonrió al ver a su hermanita tan feliz. «¡Qué bonita te ves, Alejandra!» le dijo con una gran sonrisa. Alejandra giró y rió, disfrutando del elogio de su hermana.

«¿Jugamos a ser actrices?» preguntó Julia con entusiasmo. A ella le encantaba actuar y siempre soñaba con ser actriz algún día. Alejandra asintió con la cabeza y las dos se pararon frente al espejo, cantando y bailando. Julia se aseguraba de seguir el ritmo que le gustaba a Alejandra, para que ella se sintiera cómoda y feliz.

A medida que pasaban los días, Alejandra y Julia pasaban más tiempo juntas. Julia encontraba maneras de incluir a su hermana en los juegos, adaptándolos a las necesidades de Alejandra. Esto hizo que su vínculo se fortaleciera aún más. A veces, cuando Alejandra se sentía abrumada, Julia la ayudaba a calmarse con una canción suave o con un abrazo.

Los papás de Alejandra y Julia estaban muy orgullosos de sus hijas. Sandra y José veían cómo sus hijas se querían y cuidaban mutuamente. Cada día era una nueva oportunidad para aprender y crecer juntas. Sandra a menudo les leía cuentos antes de dormir, y Julia siempre estaba atenta a las reacciones de Alejandra, asegurándose de que su hermana disfrutara del momento.

Un día, mientras estaban en el parque, Alejandra vio un grupo de niños jugando a la pelota. Julia, siempre tan ocurrente, tuvo una idea. «¿Quieres jugar con ellos, Alejandra?» le preguntó. Alejandra, un poco tímida, miró a su hermana y asintió lentamente.

Julia tomó la mano de Alejandra y se acercaron al grupo. «Hola, ¿podemos jugar con ustedes?» preguntó Julia. Los niños aceptaron con gusto y Julia ayudó a Alejandra a integrarse en el juego. Poco a poco, Alejandra comenzó a sentirse más cómoda y empezó a disfrutar del juego con los otros niños.

Esa tarde, cuando regresaron a casa, Sandra y José escucharon emocionados las historias de sus hijas. Julia les contó cómo Alejandra había jugado con los niños en el parque y cómo se habían divertido juntas. Alejandra, con una gran sonrisa, asintió felizmente a cada palabra de su hermana mayor.

Esa noche, antes de dormir, Sandra les leyó un cuento sobre dos hermanas que vivían aventuras mágicas juntas. Alejandra y Julia escucharon atentamente, abrazadas bajo la manta. Al finalizar el cuento, Julia besó a su hermana en la frente y susurró: «Buenas noches, Alejandra. Te quiero mucho.»

Alejandra, en su manera especial, respondió con una sonrisa y un suave abrazo. Los días pasaban y las dos hermanas seguían disfrutando de su tiempo juntas, fortaleciendo su relación con amor y comprensión. Aprendieron que, a pesar de las diferencias, siempre podían encontrar maneras de estar cerca y apoyarse mutuamente.

Con el tiempo, Alejandra y Julia siguieron creciendo y aprendiendo. Alejandra desarrolló su creatividad aún más, y Julia continuó soñando con ser actriz, siempre contando con el apoyo incondicional de su hermana. Su hogar estaba lleno de risas, amor y juegos, y cada día traía nuevas oportunidades para compartir y disfrutar.

Un día, Julia tuvo una idea brillante. «Alejandra, ¿te gustaría que hiciéramos un espectáculo de baile para mamá y papá?» preguntó emocionada. Alejandra, siempre encantada con la idea de bailar, asintió vigorosamente. Las dos hermanas pasaron la tarde practicando sus pasos de baile y eligiendo la música perfecta.

Cuando Sandra y José llegaron a casa, encontraron una nota en la puerta que decía: «¡Sorpresa! Preparados para el mejor espectáculo de baile de todos los tiempos.» Con curiosidad y emoción, entraron al salón, donde Alejandra y Julia estaban listas para comenzar.

Las luces se atenuaron y la música comenzó a sonar. Alejandra, con su vestuario colorido y tacones brillantes, bailaba con alegría, mientras Julia la seguía con movimientos llenos de gracia y energía. Sandra y José aplaudieron y vitorearon, sintiéndose increíblemente orgullosos de sus hijas.

Después del espectáculo, Sandra abrazó a Alejandra y Julia. «Estoy muy orgullosa de ustedes,» dijo con lágrimas de felicidad en los ojos. «Son unas niñas maravillosas y llenas de talento.»

José, con una sonrisa, agregó: «Y lo más importante, siempre se apoyan y se quieren mucho. Eso es lo que hace que nuestra familia sea tan especial.»

Alejandra y Julia se miraron y sonrieron, sabiendo que el amor y la comprensión que compartían eran el verdadero tesoro de su hogar. Así, continuaron creciendo juntas, disfrutando de cada día y enfrentando los desafíos con valentía y unión.

Fin.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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