Cuentos de Valores

El Sueño del Pequeño Futbolista Dominicano: Un Encuentro con el Destino y Cristiano Ronaldo

Lectura para 6 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Había una vez, en un pequeño pueblo de la República Dominicana, un niño llamado Isaac que tenía seis años. Isaac vivía con su mamá, doña María, y sus dos hermanas, Ana y Carmen. Su casa era sencilla, pero estaba llena de amor y risas. A Isaac le encantaba jugar con sus hermanas, pero lo que más soñaba era jugar al fútbol, ese deporte que hacía latir fuerte su corazón y que veía en la televisión cuando podía.

Desde que tenía cuatro años, Isaac había descubierto que quería ser futbolista. Cada tarde, después de ayudar a su mamá con las pequeñas tareas de la casa y de hacer sus deberes, salía al patio con un balón viejo que había encontrado en el parque. Allí, imaginaba que estaba en un gran estadio, rodeado de miles de personas que lo aplaudían por cada gol que él hacía. Pero más que nada, su sueño era conocer a su ídolo: Cristiano Ronaldo. Isaac veía a Cristiano en la televisión y admiraba cómo jugaba con tanta alegría y esfuerzo. “Quiero ser como él”, se repetía cada día.

Su mamá, doña María, siempre le decía que con esfuerzo y mucho corazón, todo sueño es posible. “Isaac,” le decía con una sonrisa, “tú eres especial. Si te esfuerzas, vas a llegar muy lejos. Y no importa lo difícil que parezca, nunca debes rendirte ni perder la esperanza”. Isaac la miraba con ojos brillantes y le prometía que haría todo lo que estuviera en sus manos.

Un sábado por la mañana, Isaac salió a jugar con sus hermanas al parque cerca de su casa. El sol estaba alto y el viento movía las hojas de los árboles. Mientras caminaban hacia el campo de tierra donde jugaban, Isaac vio un letrero que anunciaba un torneo de fútbol para niños de su edad. Su corazón latió muy rápido. “¡Mamá! ¡Mirá! ¡Hay un torneo! ¿Podré jugar?” preguntó emocionado. Doña María sonrió y, aunque no tenía mucho dinero, le dijo que haría todo lo posible para que él pudiera participar. Sus hermanas Ana y Carmen abrazaron a Isaac y le dijeron que lo apoyarían siempre.

Los días que siguieron, Isaac se preparó con más ganas que nunca. Practicaba con su balón cada tarde, tratando de dominar mejor el control, el pase y el tiro. A veces, se frustraba porque la pelota no iba donde quería, o a veces se caía y sentía dolor, pero recordaba las palabras de su mamá: “Nunca te rindas”. Eso le daba fuerzas.

Cuando llegó el día del torneo, Isaac se puso su camiseta vieja, sus pantalones cortos y sus tenis que ya estaban un poco gastados. Sus hermanas y su mamá lo acompañaron al campo. Había muchos niños jugando, todos emocionados y listos para divertirse. Isaac estaba nervioso, pero también muy feliz.

Durante el torneo, Isaac jugó con todo su corazón. No siempre ganaba, pero cada partido aprendía algo nuevo: a trabajar con su equipo, a ser justo, a tener paciencia y, sobre todo, a respetar a los demás jugadores y al árbitro. En uno de los partidos, un niño del equipo contrario cayó al suelo y se lastimó la rodilla. Isaac corrió hacia él para ayudarlo y animarlo a no tener miedo. “Está bien, no pasa nada”, le dijo con una sonrisa. Su equipo y el otro aplaudieron ese bonito gesto. Isaac se sintió muy orgulloso de haber sido amable y cuidadoso, porque entendió que el fútbol no solo se trata de ganar, sino también de cuidar y ser valiente para ayudar cuando otros lo necesitan.

Al final del torneo, aunque no ganaron, Isaac recibió un premio especial por su “Gran Espíritu Deportivo”, que significaba que había demostrado respeto, amabilidad y esfuerzo. Ese día, volvió a casa con una sonrisa enorme y las manos llenas de cariño de su familia.

Pero Isaac sabía que su sueño no terminaba ahí. Él quería seguir creciendo, entrenar mucho más y algún día, viajar para conocer a Cristiano Ronaldo. En la escuela, su maestra, la señora Juana, le explicó que para lograr sus sueños necesitaba tener paciencia, disciplina y ser honesto con él mismo. “La perseverancia y la humildad son muy importantes,” le dijo la maestra con voz dulce. Isaac asintió, decidido a seguir esos consejos.

Una tarde, mientras hacía la tarea, Isaac encontró en una revista una noticia que lo emocionó mucho. Decía que Cristiano Ronaldo iba a venir a un país cercano para un partido especial. Isaac corrió a contarle a su mamá. “¡Mamá! ¡Cristiano va a estar aquí cerca! ¿Podremos verlo, por favor?” Doña María pensó un momento y le dijo que harían lo imposible para ir, aunque fuera solo una pequeña parte del camino. Isaac se llenó de esperanza.

El día llegó y la familia viajó en autobús hasta la ciudad donde sería el partido. Isaac no podía dejar de mirar por la ventana, imaginando que estaba más cerca de su gran ídolo. Cuando llegaron, había mucha gente, colores, música y sonrisas por todas partes. Isaac se sentía feliz, pero también nervioso porque no sabía qué pasaría exactamente.

En el estadio, el partido comenzó. Isaac vio a muchos jugadores, pero su corazón latía más fuerte cuando apareció Cristiano Ronaldo en el campo. Su figura grandiosa y sus movimientos rápidos llenaban de emoción a todos los niños y niñas que lo admiraban. Luego del partido, cuando el público estaba por salir, un hombre del equipo organizador se acercó a Isaac y a su familia. “Isaac, hemos escuchado que eres un niño con mucho valor y pasión. Cristiano quiere conocerte,” dijo con una sonrisa.

Isaac no podía creer lo que escuchaba. Su mamá y sus hermanas lo abrazaron fuertes mientras él marchaba hacia el vestuario acompañado del hombre del equipo. Allí, en un lugar especial, estaba Cristiano Ronaldo.

—Hola, Isaac —dijo Cristiano con una sonrisa amable—. He escuchado que eres un gran jugador y que tienes un sueño maravilloso. Quiero decirte que lo más importante es nunca dejar de creer en ti mismo, trabajar duro y ser siempre bueno con los demás.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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