Había una vez una niña llamada Titi, que iba a la escuela todos los días, pero no le gustaba mucho. A Titi no le gustaba participar en las actividades, no le gustaba comer su merienda, y siempre se quedaba parada en medio de la clase. Cuando su maestra, la Profe Susy, le pedía que se sentara y participara, Titi siempre decía que no. Ella prefería mirar a sus compañeros mientras ellos jugaban y hacían sus tareas.
Un día, mientras todos los niños estaban en clase, la Profe Susy comenzó a contar una historia. «Niños, hoy vamos a aprender algo muy especial», dijo la Profe Susy con una sonrisa cálida. Todos los niños, menos Titi, se acercaron para escuchar. Pero Titi no quería escuchar, solo se quedó de pie, mirando a la ventana.
La Profe Susy la miró con amabilidad y le dijo: «Titi, ¿quieres escuchar la historia? Es muy divertida.»
Titi miró a la Profe Susy y, aunque no le apetecía mucho, decidió escuchar. «Bueno, un poquito,» dijo Titi, sentándose lentamente en su silla.
La Profe Susy comenzó a contar la historia de una niña llamada Lila que, al igual que Titi, no quería hacer caso a las recomendaciones de su mamá. Lila no quería comer bien, no quería dormir temprano y no quería ayudar en casa. Un día, mientras caminaba por el bosque cerca de su casa, encontró un pequeño conejo que le pidió ayuda. «Por favor, ayúdame a encontrar mi madriguera», le dijo el conejo. Lila decidió ayudarlo, pero no sabía por dónde empezar. Mientras caminaban por el bosque, Lila aprendió a escuchar las instrucciones del conejo y siguió su consejo.
La historia hizo que Titi pensara un poco. ¿Y si, como Lila, comenzaba a escuchar más a los demás? ¿Y si hacía caso a su maestra y a sus amigos para aprender más y ayudar mejor?
Después de la historia, la Profe Susy les dio una actividad. «Hoy vamos a pintar todos juntos,» dijo ella, y les dio pinceles, colores y hojas blancas. «Pero para que la pintura sea bonita, necesitamos seguir el paso a paso, como Lila con el conejo.»
Titi pensó un momento. «Tal vez si sigo las instrucciones, mi dibujo será más bonito,» pensó. Entonces, por primera vez, levantó la mano. «Profe Susy, ¿puedo empezar a pintar?» preguntó con una sonrisa tímida.
La Profe Susy la miró sorprendida y sonrió. «¡Claro que sí, Titi! Me alegra mucho que quieras participar.»
Titi tomó su pincel y, siguiendo las instrucciones, comenzó a pintar un hermoso paisaje con árboles, flores y un sol brillante. Al principio, le costó un poco, pero luego empezó a disfrutar del proceso. «Mira, Titi, ¡estás haciendo un gran trabajo!» le dijo la Profe Susy mientras pasaba por su mesa. Titi sonrió feliz, y por primera vez, se sintió orgullosa de lo que estaba haciendo.
Después de la actividad, la Profe Susy les dijo: «Ahora, todos vamos a compartir nuestra merienda. Es importante comer bien para tener energía y seguir aprendiendo.»
Titi no tenía muchas ganas de comer su merienda, pero recordó lo que había aprendido de la historia de Lila y el conejo. Pensó que si quería sentirse bien, debía comer. Así que, aunque al principio no le apeteció, comenzó a comer su merienda. «Está rica,» pensó, y poco a poco, terminó todo.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.