En un pequeño y alegre pueblo rodeado de montañas verdes y flores de todos los colores, vivía una niña llamada Ariane Y. Ariane era conocida por todos como la niña con el corazón de oro, porque siempre tenía una sonrisa brillante y un corazón lleno de bondad. Desde que era muy pequeña, Ariane aprendió de su abuela que lo más importante en la vida son los valores como la honestidad, la generosidad, la amistad y el respeto. Por eso, cada día se esforzaba por hacer lo correcto y ayudar a quienes la rodeaban.
Un soleado día de primavera, Ariane estaba jugando en el parque cerca de su casa cuando vio a un niño nuevo que parecía un poco triste y solo. Su nombre era Jailanis Z. Tenía la mirada tímida y parecía que no sabía cómo hacer amigos en aquel lugar tan diferente a donde él venía. Ariane, con su gran corazón, decidió acercarse con una sonrisa dulce y le dijo:
—¡Hola! Me llamo Ariane, ¿quieres jugar conmigo?
Jailanis miró a Ariane con sorpresa y un poco de timidez, pero poco a poco sus labios se curvaron en una sonrisa tímida.
—Sí, me gustaría. Gracias —respondió.
Desde ese momento, Ariane y Jailanis comenzaron a jugar juntos todos los días. Ariane le enseñó los juegos que a ella le gustaban y descubrieron que tenían muchas cosas en común. Sin embargo, un día mientras jugaban, Jailanis se tropezó y se lastimó la rodilla. Ariane con mucha rapidez lo ayudó a levantarse y con ternura dijo:
—No te preocupes, yo te ayudo. Todos nos caemos alguna vez, pero lo importante es levantarnos y seguir adelante.
Con esta actitud tan comprensiva, Jailanis se sintió muy feliz y seguro. Ariane lo llevó a su casa y juntas cuidaron la herida con un poco de agua y una curita.
Con el paso de los días, Ariane enseñaba a Jailanis no solo a jugar, sino también a ser una mejor persona. Un día, mientras estaban en la escuela, vieron que un compañero llamado Tomás había olvidado su merienda. Ariane no dudó ni un instante en compartir su almuerzo con él. Jailanis la miró asombrado y dijo:
—Ariane, eres muy generosa. ¿Por qué compartes tu comida incluso cuando a veces no sobra mucho?
Ariane sonrió y le respondió con sencillez:
—Porque compartir hace que todos seamos felices y nos ayudamos unos a otros. Eso es ser amable y tener un corazón bueno.
Jailanis empezó a entender que esos pequeños actos, como compartir o ayudar, podían hacer que el mundo se volviera un lugar más bonito. Al día siguiente, él también compartió su bolígrafo con una compañera que lo había olvidado, y se sintió muy orgulloso.
Un día, mientras caminaban hacia la escuela, vieron a una pequeña gatita atrapada en un arbusto. La gatita parecía asustada y no podía salir por sí sola. Ariane sin pensarlo dos veces, junto con Jailanis, desenredaron las ramas con mucho cuidado y liberaron a la gatita. Luego, Ariane dijo:
—Tenemos que cuidar a los animales porque también ellos sienten y necesitan nuestro amor.
Desde ese día, Ariane y Jailanis decidieron ayudar a todos los animalitos del pueblo. Recogieron restos de comida para las aves, limpiaron los parques y siempre cuidaron de los perros y gatos que encontraban.
Lo más maravilloso de Ariane no solo era su bondad, sino también su honestidad. Un día, en la escuela, la maestra entregó un examen muy importante. Al final, alguien encontró una respuesta en internet y la compartió con varios niños. Aunque eso parecía fácil, Ariane sabía que no estaba bien porque hacer trampa no ayuda a aprender. Cuando la maestra preguntó si alguien había copiado, Ariane fue la única que levantó la mano y dijo la verdad, explicando por qué era importante ser honestos aunque a veces los demás lo hagan distinto.
Jailanis admiraba mucho a Ariane y le dijo:
—Tú siempre haces lo correcto, aunque a veces sea difícil. Gracias por enseñarme a ser así también.
Cuentos cortos que te pueden gustar
La Aventura de Anderson, Oliver e Isabel
Manos que se entrelazan, corazones que se abren
El Espejo de la Alegría
Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.