Había una vez una niña llamada Leslie, que vivía en una casa colorida con su mamá y su papá. Leslie era una niña muy alegre que amaba jugar en el jardín, dibujar arcoíris y cantar canciones felices. Pero un día, Leslie se despertó sintiéndose un poco mal.
Esa mañana, Leslie no quería levantarse de su cama. Se sentía cansada y su cabeza le dolía un poco. «Mamá, me siento malita,» dijo Leslie con voz suave. Su mamá, preocupada, fue a verla enseguida. Le tocó la frente y notó que Leslie tenía fiebre.
«Mamá, ¿por qué me siento así?» preguntó Leslie, sintiéndose triste porque no podía jugar como siempre.
«Todos nos sentimos mal de vez en cuando, mi amor,» explicó su mamá mientras le acariciaba el cabello. «Pero no te preocupes, te cuidaré hasta que te sientas mejor.»
Ese día, Leslie se quedó en su cama, rodeada de sus juguetes favoritos. Su mamá le leyó cuentos y le preparó una sopa deliciosa para que se sintiera mejor. Aunque Leslie quería jugar fuera, sabía que tenía que descansar para recuperarse.
Por la tarde, Leslie se sintió un poco mejor, pero aún no estaba lista para correr y saltar como siempre. Entonces, su mamá le trajo papel y colores para dibujar en la cama. Leslie dibujó un gran sol sonriente y muchas flores coloridas. Mientras dibujaba, se olvidó un poco de que se sentía mal.
Al día siguiente, Leslie aún se sentía un poco cansada, pero ya no tenía fiebre. Su mamá le dijo que podía salir al jardín, pero que tenía que jugar tranquila. Leslie se sentó en el pasto y miró las mariposas bailar entre las flores. Se dio cuenta de que incluso cuando estaba tranquila, podía disfrutar de las pequeñas cosas hermosas a su alrededor.
Leslie aprendió que está bien sentirse mal de vez en cuando y que es importante cuidarse y descansar. También aprendió que su mamá siempre estaría allí para cuidarla y hacerla sentir mejor.
En los días siguientes, Leslie se recuperó completamente y volvió a ser la niña alegre y enérgica de siempre. Jugaba en el jardín, cantaba sus canciones favoritas y dibujaba muchos arcoíris. Pero nunca olvidó la importancia de cuidarse y escuchar a su cuerpo cuando necesitaba descansar.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.